Felipe Pigna: “Es absolutamente necesario incorporar a la mujer en la historia de la que fue marginada”

"Mujeres tenían que ser", editado por Planeta ($97)Publicado en Yahoo Noticias

Felipe Pigna sigue pasándole el cepillo a contrapelo a la historia. Esta vez, su propuesta es un repaso de aquellas mujeres que fueron dejadas de lado o minimizadas por los relatos ya conocidos. Algunas son de todas formas famosas e inevitables, pero otras serán tenidas en cuenta, quizás, recién después de esta compilación de historias que intenta hacerle honor a la figura femenina.

“Creo que ya no hablamos de pequeñas historias sino de la gran historia olvidada, de los que no han tenido historia porque se los ningunea alevosamente, como las mujeres, negadas hasta el cansancio”, explica el profesor de historia.

El libro no sólo recorre a las “desobedientes, incorrectas, rebeldes y luchadoras”, sino también los contextos históricos y los climas de época que, desde los inicios, han rotulado a las mujeres de diversos modos. En este sentido, Pigna cuenta por qué decidió dedicarles casi 600 páginas a ellas, qué fue lo que más le llamó la atención, y ayudaa comprender un poco por qué habría que comenzar a sacarse ciertas estigmatizaciones de encima.

—¿Por qué es necesaria una historia de las mujeres?

—Es un debate que se sigue dando a nivel mundial. Personalmente creo que es absolutamente necesario incorporar a la mujer a la historia de la que ha sido marginada durante siglos, lo que se perpetúa en cierto discurso periodístico y mediático cuando se sigue destacando como excepcional que “una mujer” haya logrado una distinción científica, acceda a un cargo electivo, etcétera.

—¿Por qué Occidente ve a la mujer de un modo degradado o inferior respecto del hombre?

—Dos de los mitos fundantes de nuestra cultura occidental, el mito griego y el mito bíblico condenen a la mujer. Pandora y Eva (lo contrario a Ave, lo sagrado) son condenadas por traer la curiosidad, la inquietud, la vitalidad. Estos mitos tienen a su vez antecedentes orientales. Su creación a partir del barro remite a la creación del hombre en el Génesis y al poema de Gilgamesh.  También hay antecedentes en el Antiguo Egipto en el mito de Anubis y Bata.

—¿Cómo ve la cultura oriental a la mujer? ¿Cuál es el contraste con Occidente?

—Una cosa es como la ve hoy Islam mediante y otra como la veía hace milenios. La visión de la mujer en el mundo islámico nos resulta muy difícil de asimilar a los occidentales. Creo que no podemos dejar de lamentarnos por prácticas como la ablación del clítoris, el apedreamiento y esas cuestiones que no se condicen con el lugar privilegiado y casi mágico que adquieren las mujeres en relatos como los de Las mil y una noches.

—¿Has encontrado diferencias en el trato a la mujer respecto de las culturas precolombinas a las culturas conformadas post descubrimiento de América?

—Sí, en la medida en que aclaremos que el concepto “precolombino” es muy amplio y suela generar una idea falsa con respecto a nuestras culturas originarias aplicándoles un patrón único a sociedades muy diversas. En la zona del primer contacto, lo que hoy conocemos como las Bahamas, había una relación mucho más igualitaria entre hombres y mujeres. La sexualidad se vivía en plenitud y la virginidad no tenía ningún valor en sí misma, por el contrario se veía con buenos ojos que las jóvenes tuvieran una vida sexual activa antes de elegir a su pareja estable. Las llamadas grandes culturas, aztecas, mayas e incas practicaban una moral mucho más rígida. La conquista trajo consigo toda la carga misógina e intolerante de la España de los Reyes católicos que acababan de expulsar a moros y judíos y de impulsar la Inquisición. Esto trajo aparejado una actitud que evidenciaba una doble moral evidente. Por un lado la prédica de la monogamia y por el otro, en la práctica, el “disfrute” de una poligamia escandalosa, según sus propias imposiciones morales, con las cautivas indias.

—¿Podrías hacer una breve caracterización de cómo se ha visto la figura de la mujer a lo largo de la historia de la humanidad?

—Creo que hay claramente una etapa que podemos situar en la prehistoria en la que la mujer era vista por el hombre como un ser superior, capaz de traer vida al mundo, etapa en la que el hombre desconocía la causalidad entre el acto sexual y la maternidad, es decir su necesaria participación en ese hecho “mágico”. La cosa cambia al difundir esa relación de causa-efecto y el extenderse las sociedades guerreras que adoptan emblemas de poder basados en símbolos fálicos: obeliscos, bastones de mando, etc. Ante la especialización de la casta guerrera y la consecuente formación de un poder político militar, la mujer va siendo excluida de las decisiones y condenada al rincón de las hornallas y su rol de madre. En Grecia y Roma se da una situación muy particular donde si nos atenemos, por ejemplo, en el caso griego a la literatura de la época clásica, hay una misoginia bastante generalizada en los textos que no refleja necesariamente el rol crecientemente importante que ocupaban las mujeres en la sociedad, aunque seguían excluidas de la política.

—¿Y en la Edad Media?

—En la Edad Media la mujer sufre la estigmatización de la Iglesia que la acusa a través de autores como Pablo o Agustín, de ser la portadora del pecado, la que lleva al hombre por el mal camino. Es la víctima propiciatoria de la Inquisición, es la bruja que debe morir en la hoguera, tradición que se prolongará en el tiempo hasta los tiempos modernos (hay hogueras hasta el siglo XVIII), con el intervalo del Renacimiento (cuya zona de influencia es pequeña y relativa) en la que se revaloriza a la mujer y su cuerpo. La Edad Contemporánea iniciada con la Revolución Francesa de 1789, no logra superar esa misoginia histórica y mueren en la guillotina mujeres rebeldes, como Olympia de Gouges, que reclamaba en 17 puntos la aprobación por la Asamblea de los “Derechos de las mujeres y las ciudadanas”.

—¿Algo que te haya sorprendido mucho a la hora de investigar para escribir el libro?

—Al principio del cine, el papel de las mujeres lo interpretaban hombres. Es sorprendente y eso arranca en lo que es hoy nuestro país en tiempos de la colonia cuando en los primeros teatros los hombres representaban papeles de mujeres porque para las chicas era vergonzante el trabajo de actriz históricamente asociado injustamente a la prostitución. Esto será perdurable y hasta Evita cargará con ese estigma.

Artículo original, en Yahoo Noticias