“Si filmáramos un exorcismo tal cual es, al segundo día el cine estaría vacío”

Sudamericana | 160 páginas | 65 pesosPublicado en Yahoo Noticias

El Padre Carlos Mancuso se levanta todas las mañanas para dar misa en el Colegio Eucarístico de Jesús en La Plata, donde es capellán. Dos veces por mes va al monasterio de Carmelitas para hacer de confesor. Y dos veces por semana concurre al seminario San José de La Plata a atender a los seminaristas.

Pero Mancuso tiene en su cotidianeidad otra tarea durísima: realiza exorcismos. Una vez por semana atiende alrededor de 20 y 30 personas que sacan número para contarle sus casos. El Padre los escucha, y luego analiza el proceso espiritual de cada uno de ellos. Si el diagnóstico es positivo, el cura se prepara, Biblia en mano, para ponerse en acción: practicarles un exorcismo.

“Mano a mano con el diablo” (Editorial Sudameriacana) recopila las historias más llamativas y los casos más complicados que debió afrontar. Aquí nos cuenta un poco sobre esta práctica antiquísima, enigmática y cuestionada, que el Padre lleva realizando por más de 30 años.

—Para empezar, ¿qué es un exorcismo?

—Para entender qué es un exorcismo hay que entender qué es un espíritu maligno: el diablo posee a una persona determinada y la quiere manejar a su criterio. Supone que hay dos personas en un mismo cuerpo, una persona humana y otra demoníaca que se ha infiltrado para vengarse contra Dios. Como al creador no le puede hacer nada, se desquita con su criatura. Esto es el ABC de la teología demoníaca. El demonio aparece en la vida de un hombre por una razón puntual, no es que elige meterse en cualquier lado. En general es gente que practica magia, asiste a sesiones de ocultismo y esas cosas.

—¿Cuáles son las manifestaciones del Demonio?

—En general aparece en forma humana, pero puede aparecer como animal porque el demonio, en las sesiones de magia negra y esoterismo, busca recibir el culto del hombre. Él lo que hace es compararse con Dios, pero como no puede hacerlo porque Dios es un ser supremo, trata de remedar a alguna de sus criaturas y siempre queda mal parado: con forma de serpiente, gato negro, murciélago… animales que por lo general son repulsivos.

—¿Para qué se practica una misa negra?

—La practican los satanistas para ofender a Dios. Es una misa donde un sacerdote católico que se ha convertido al satanismo realiza una misa sacrílega sobre el cuerpo desnudo de una mujer, en medio de actos orgiásticos. Pero nosotros de eso mucho no podemos conocer porque un sacerdote, un católico, nunca va a pertenecer a ese grupo.

—¿Cuáles son los orígenes de los exorcismos? ¿Es propio del cristianismo o de otras religiones?

—En todas las religiones de la tierra siempre se ha tratado de neutralizar el espíritu del mal. Es decir que no pertenece propiamente al cristianismo como tal.  Ya los judíos en tiempos de Jesús también exorcizaban para expulsar a los demonios, en un acto por apartar el mal de sus vidas.

—¿Cómo es un exorcismo?

—Si nosotros filmáramos un exorcismo tal cual es, al segundo día el cine estaría vacío. El exorcismo es una ceremonia muchísimo más simple y tranquila que lo que se ve en las películas, porque un film es una obra de arte y tiene que tener un enganche para que la gente la vaya a ver. En primer lugar tenemos que estar seguros de que estamos ante un endemoniado, y no un esquizofrénico o una mujer histérica -son las dos vertientes psiquiátricas que a veces nos proporcionan enfermos que en realidad no necesitan exorcismos sino tratamiento-. Una vez que eso está confirmado, el exorcismo se inscribe en un ritual que incluye una lectura del evangelio, vinculada con la expulsión del demonio; oraciones a Dios padre, y conminaciones al Demonio a que se vaya de ese cuerpo humano, porque no tiene nada que hacer ahí dentro.

—¿En qué idioma le habla al poseído?

—Nosotros la usamos en latín, aunque Juan Pablo II la tradujo para cada idioma regional.

—¿Cómo autoriza la Iglesia a un cura para que realice exorcismos?

—Cuando la Iglesia ve que hay un sacerdote que tiene un mínimo de conocimiento y que tiene una conducta que el demonio no tiene nada que reprocharle, la Iglesia ve un buen candidato. El otro día hablaba con un sacerdote que estaba pensando en ser exorcista, pero no sé si uno decide serlo y listo, depende de lo que el obispo quiera y necesite. No es porque a mí me gusta que lo soy.

—¿Cómo hace usted para saber si esa persona está influenciada por un espíritu diabólico, o si necesita atención psiquiátrica?

—Un test que se hace es poner dos vasos de agua: uno con agua común y otro con agua bendita. Apenas prueban el agua bendita dicen: “Qué feo gusto, ¿qué es esta porquería?”, y la devuelven. Es la misma agua, sólo que ha recibido la bendición del sacerdote.

—¿Cuáles son los signos de una persona endemoniada?

—Tienen una profunda repulsión a todo lo que sea sagrado: no resisten el agua bendita, no pueden llevar una cadenita con una cruz, menos un rosario. Tienen ataques de furor: golpean, se autoagreden. Hay que tener cuidado de que permanezca en esa condición porque se puede hacer mucho mal. También intentan sacarme la Biblia y romperla.

—¿Cómo le afecta a usted hacer un exorcismo?

—Generalmente ni el sacerdote ni el ayudante sufren consecuencias. Lo que puede pasar es que uno queda cansado porque hay que repetir el ritual dos o tres veces. El último que tuvimos nos llevó varios encuentros porque el demonio no se quería ir. Pero más que cansancio no me ocasiona… hace 30 años que llevo adelante esta práctica y siempre digo que el diablo me recuerda a la electricidad: su voluntad es invisible, pero es tangible y tiene la capacidad de mover al mundo.

Artículo original, en Yahoo Noticias

“Waters sentía que el resto de Pink Floyd no aportaba lo mismo que él”

Editorial Planeta | 264 Páginas | 79 pesosPublicado en Yahoo Noticias

Marzo es, sin dudas, el mes de Roger Waters. En lo musical, en lo político y en lo cultural. Desde fanáticos de Pink Floyd hasta gente que nunca había oído más que “Another brick in the wall”, quizás el sencillo más conocido de la banda. Mucho se habla de su figura: su paradójica postura política contra el capitalismo, la gigante pared de 246 ladrillos, la controversia con la banda al momento de la separación… Más allá del frenetismo de los 9 recitales en River, el periodista especializado en rock Sergio Marchi lanzó “Paredes y puentes: el cerebro de Pink Floyd”, una obra ineludible para fanáticos de la banda, curiosos, o amantes de las biografías. Aquí, algunos de los temas tratados en el libro, de la mano del autor.

—Cuando vino Roger Waters la última vez, en 2007, la gira era en torno a “The Dark side of the Moon” (1973) y llenó dos estadios. Esta vez con “The Wall Live” se generó un revuelo de 9 fechas. ¿Qué tiene “The Wall” (1979)?

—Tiene mística: es una obra que se mantiene firme a lo largo del tiempo, que cambia de significados, de acuerdo a la perspectiva. Y el show que ha  montado Waters en torno a “The Wall” es muy moderno y alucinante, creo que eso explica el fenómeno. El “surround” sonoro de “The Wall” hace que sientas que estás en el centro de un campo de batalla: eso no se experimenta con ningún otro grupo. Respecto de los otros shows, creo que la gente percibió que en aquellos dos River (que no es poco) hubo una magia particular. En lo personal, te diría incluso que me conmovió más que “The Wall Live”, tal vez porque era todo Floyd.

—¿En qué plano queda lo musical en “The Wall Live”? ¿Qué papel juega lo visual?

—Es un espectáculo integral: todo encaja, a tono con el show, como ladrillos en una pared. Lo visual es importantísimo y retroalimenta lo musical. Cuando eso sucede, como cantó Vox Dei, “la ceremonia es total”…

—¿Qué sabías de Roger Waters antes de escribir el libro? ¿Qué fue lo que te llamó la atención de su historia como para dedicarle una biografía?

—Escucho a Pink Floyd desde mis doce años, alrededor de 1975. Y siempre tendí a absorber toda la información disponible sobre lo que me gustaba, que no era tanto en esa era pre Internet. Pero digamos que sí pude disfrutar su música en tiempo y forma y me fui comprando los discos a medida que iban saliendo. Antes de escribir el libro sabía mucho sobre Pink Floyd y su música. Eso revelaba aspectos claves de Roger Waters como persona, y el libro me permitió profundizar más en él, y también en Pink Floyd. Discutimos con la editorial cual debía ser el eje. Me sugirieron que debía ser Roger Waters y no Pink Floyd. Eso fue decisivo para el libro, porque se trataba entonces de Pink Floyd necesariamente por ser Waters, pero también se trataba de una persona y no de “una marca”. Eso me ayudó a focalizar en Roger y tratar de entender a este hombre tremendamente complejo, en todos los sentidos de la palabra.

—Ya que mencionás que es complejo, suelen calificar a Waters como una persona con la cual es muy difícil trabajar. ¿Es así? ¿Por qué?

Roger Waters en Buenos Aires.Todos los artistas de raza —y Roger lo es— son difíciles para trabajar: tienen una visión muy propia y es muy complicado que acepten otra. No obstante, es Roger quien permite que Pink Floyd sortee, en un modo grupal y casi democrático, la partida de Syd Barrett (primer cantante y guitarrista). Después, al momento de hacer “The Wall”, Roger profundiza en su aut-conocimiento y lo plasma artísticamente. Su trabajo se había vuelto personal. Esto, sumado a la visión artística, inevitablemente lleva a un artista a convertirse casi en un dictador. Para colmo, Roger tiene una personalidad fabulosamente fuerte. Pero este es un proceso que he visto en casi todos los artistas que conocí en 29 años de trabajo. En algún punto, es su visión, y tienen que plasmarla como la sienten. Se les va la vida en eso.

—¿Qué tipo de aporte musical hace Waters a Floyd? ¿Qué aporte hacen Gilmour y el resto de los miembros?

—Roger Waters es más un hombre de ideas, mientras que David Gilmour es un hombre de música. Puestos a trabajar en equipo, formaron un tándem fabuloso, como la historia lo prueba. Roger, además de las ideas centrales aportaba fuertes líneas melódicas, arreglos, ritmos. Claro que en una atmósfera grupal eso se diluye. David Gilmour es, por otro lado, un guitarrista y cantante fantástico. Para terminar de entender el rompecabezas Floyd, no podemos dejar de mencionar a Rick Wright, cuyo aporte ha sido más cuantioso que lo que el común del público suele creer, y yo traté que eso también figurara en “Paredes y puentes”.

—Es un rompecabezas complejo… ¿Por qué tanta gente equipara Pink Floyd a Waters, dejando de lado la dupla creativa Gilmour-Wright?

—Roger Waters ha compuesto casi todo “The Wall” (1979) y todo “The Final Cut” (1983), y en todos los otros discos su aporte es muy fuerte. Creo que mucha gente hace esa equiparación desde el desconocimiento, y la idea del libro no es glorificar a Waters sino contar su historia y la de Floyd desde el punto de vista más honesto (y también personal) que sea posible. En el libro hay mucho reconocimiento hacia Gilmour, el tecladista Wright y el baterista Mason, que no debe ser olvidado en este racconto.

Roger Waters  interpreta su espectáculo The Wall durante el primero de los nueve recitales que llevará a cabo en el  estadio de River Plate en Buenos Aries (Foto: EFE/ Cézaro De Luca)

—Hablando de Wright, ¿qué sucedió entre él y Waters?

—Roger sentía que Rick era un peso muerto para el grupo. En perspectiva, creo que Rick era un individuo pasivo y propenso a ser bocado de la fortaleza de Roger desde el vamos. En algún punto, Roger estaba lo suficientemente loco y fuerte como para devorarse a Rick, y lo hizo pese a la defensa de David Gilmour. Me da la impresión que Roger vio a Rick en un momento de debilidad y no pudo tolerarlo… Tal vez, y esto es una impresión personal, porque en esa debilidad él veía su propia debilidad. Hay una cantidad de declaraciones de Waters en el libro sobre el tema que hacen a que pueda sostener esta interpretación.

—En la primera gira de “The Wall Live” de hace 30 años, Waters contó que los cuatro integrantes ni se hablaban durante el tour (más precisamente en el documental “Behind the wall”). ¿Cuáles eran las disputas? ¿Por qué peleaban?

—Creo que la comunicación entre ellos fallaba por una serie de malos entendidos que se profundizan y pudren las relaciones. Pink Floyd era un grupo maravilloso, pero ya llevaban mucho tiempo. Roger Waters sentía que los demás, creativamente, no estaban aportando todo lo que él aportaba. Probablemente tuviera razón, pero el resto lo percibió como un afán de dominación. Cuando hay una asimetría en los aportes, o en lo que uno percibe que aporta y el otro no, hay problemas.

—Hay muchas interpretaciones de “The Wall”. Desde la pared construida para separar a los fans de la banda, el aspecto “fascista” del recital, la historia personal de Waters, el mensaje anti-bélico… Más allá de las diversas atribuciones interpretativas que se han dado a lo largo de la historia, ¿Qué creés que representa “The Wall” para Waters”?

—Creo que “The Wall” representa para él un momento clave de su vida, de eso no hay dudas. Un momento donde decidió luchar contra la alienación que experimentaba y no se detuvo hasta vencerla. “The Wall” es un monumental primer intento de dar batalla a esos miedos interiores que, siendo un artista como es, no pudo evitar desarrollar hasta que representase otra cosa completamente diferente. “El miedo levanta muros”, es el slogan de Waters: creo que funciona como una especie de nota a sí mismo.

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