La evolución humana, en clave detectivesca

Siglo XXI Editores | Divulgación | 128 páginas

Publicado en Yahoo Noticias

Los libros de divulgación científica tratan, generalmente, de explicar con sencillos conceptos las complejas cuestiones que el mundo de la ciencia estudia. Si a eso se le suma suspenso, el resultado es un libro que se devora en días o incluso horas.

Así está escrito “Modelo para armar” (Siglo XXI Editores), de la colección que dirige Diego Golombek (Ciencia que Ladra). La idea es simple. No sólo el ser humano tal y como lo conocemos hoy tiene una historia: también la tiene cada parte de nuestro cuerpo. “Las manos provienen de las aletas de un pez muy antiguo, los ojos eran muy distintos antes de ser dos binoculares y perdimos prácticamente todo el pelo, al lado de todos los primates”, explica Martín Cagliani, autor del libro.

Como un inmenso rompecabezas, la evolución que la ciencia reconstruyó está contada por Cagliani. Aquí, un repaso por esta historia evolutiva, contada de la mano del autor.

–  ¿De qué se trata este “modelo para armar”?

– Es un libro en el que el lector podrá encontrar la respuesta última a la pregunta ¿de dónde venimos? Pero claro, hablando de evolución, y de cómo cada parte de nuestro cuerpo llegó a ser como es. Nuestro cuerpo es una especie de Tetris que se fue encajando a lo largo de millones de años, gracias a cambios y adaptaciones que fueron apareciendo favorecidos por la selección natural. El libro justamente es un modelo para armar, ya que permite al lector rastrear, cual detective evolutivo, el pasado de cada parte de nuestro cuerpo.

– ¿Cuáles son las diferencias específicas del hombre respecto de otros animales?

– El ser humano es un primate, del mismo modo que los chimpancés, los gorilas o los orangutanes. Pero si ampliamos, son más de 400 las especies que existen de primates. Pero, supongamos que somos científicos extraterrestres a los que se les muestran fotos de esas 400 especies de primates, una les llamaría poderosamente la atención cuando apareciese, primero porque está desnuda, no tiene pelo, segundo porque tiene los brazos cortos, las piernas largas, los pies raros, está parada de forma muy recta, es muy cabezona, tiene la boca metida para adentro, y la nariz salida. Si le preguntasen a ese ET cual es el primate más feo, diría “ese, el pelado”. Y ese pelado somos nosotros, los Homo sapiens. Sin embargo, la principal diferencia es que tenemos cultura, es algo que sólo nosotros hemos creado. La cultura es la forma en que traspasamos de una generación a otra todos los adelantos tecnológicos y sociales que vamos logrando, a diferencia de la mayoría de los animales, que dependen de las conductas instintivas.

–  ¿Cuáles son los grandes momentos de la evolución humana? ¿Podrías explicarme un poco de qué se tratan los más importantes?

Un cráneo de un Neandertal (AP)

– El primero fue con la aparición de los vertebrados, es decir los primeros peces que tenían un hueso importante que le daba rigidez al cuerpo, la columna vertebral, eso fue hace unos 1.100 millones de años. El siguiente momento es cuando otros huesos se articularon en esa columna, y sirvieron a los peces para propulsarse por el agua: las aletas, hace unos 570 millones de años. La mandíbula articulada, sí, que se pueda mover como la nuestra es el siguiente momento estelar, hace unos 450 millones de años. Poco tiempo después, hablando en tiempos geológicos, las aletas que mencionábamos antes sirvieron a algunos peces para moverse por aguas bajas tocando el fondo, e incluso por el barro cuando se secaba el agua costera, es cuando aparecieron los llamados tetrápodos, primeros animales anfibios, hace unos 400-380 millones de años. Los primeros mamíferos, el grupo mayor del que formamos parte, aparecieron en plena era de los dinosaurios, hace 240 millones de años. Pero el momento clave es mucho después, hace 55 millones de años, cuando aparecen los primeros primates. Y el momento más clave es cuando de entre los primates uno evolucionó para andar en dos patas, hace unos 7-6 millones de años, ahí se catapultó el camino evolutivo que llegaría a nosotros.

– En el libro mencionás la altísima capacidad de adaptación que tiene el hombre a diversos ambientes. ¿Es esto una forma de contrarrestar las debilidades físicas que tenemos al lado de ciertos animales? ¿Cómo se llegó a esta altísima adaptación? ¿Cómo eran algunos de nuestros predecesores?

– Esta capacidad de flexibilidad de los humanos aparece justamente con la aparición de nuestro género Homo, y con la proliferación del uso de tecnología y de la cultura, que transmitiría la técnica. Cuando hablamos de tecnología, no nos referimos al último celular, o a una tablet, sino al conjunto acumulado de conocimientos sobre cómo diseñar y fabricar objetos útiles. En este caso eran simples herramientas de piedra, de hace unos 2 millones de años. Los primeros humanos en salir de África fueron los Homo erectus, que también habitaron en regiones como Europa y Asia. Ahí vemos cómo el ser humano pudo ir conquistando otras regiones, gracias a la tecnología. A la vez nos volvimos muy flexibles evolutivamente, podíamos comer casi cualquier cosa, algo importantísimo a la hora de adaptarse a una nueva región, o a un cambio drástico en el clima local. A partir del Homo erectus surgieron muchas especies en las diversas regiones del mundo, Homo heidelbergensis en Europa, que luego daría lugar a los Neandertales, y al moverse a África daría lugar a nuestra propia especie, Homo sapiens. En otros sitios aparecerían otras especies que luego fueron fundiéndose con la nuestra, que al parecer fue la única que se fue expandiendo por el mundo, hasta llegar a colonizar incluso zonas árticas (esquimales).

– ¿Cómo fueron las etapas evolutivas de la capacidad de razonar? Los primeros hombres, ¿”razonaban menos” o  de modos más limitados?

– Claro. La razón, la capacidad de relacionar causa y efecto, fue cambiando y potenciándose a lo largo de nuestra evolución. Esa capacidad radica en la parte del cerebro llamada corteza cerebral, que fue creciendo, al mismo tiempo que fue creciendo nuestro cerebro, y fue cambiando. Todo esto podemos saberlo porque hay cráneos fósiles de las especies que han quedado en el camino evolutivo humano. Estudiando la forma del interior del cráneo se puede saber cómo era la forma del cerebro, ya que deja su marca en el hueso. Por eso un Homo erectus no podría haber inventado una PC, por más que le diésemos las herramientas, su capacidad era mucho menor que la nuestra, pero era mucho mayor que la de sus ancestros.

– ¿Qué es el “eslabón perdido”?

Matías Cagliani, autor del libro

 

El eslabón perdido es un mito. Nada más que eso, que se mantiene vivo gracias a que resulta atractivo el que exista algo misterioso ahí perdido. Pero lo cierto es que hay cientos y cientos de misterios reales en la evolución humana, como para que sigamos manteniendo este. Se originó en la frase de Charles Darwin en la que decía que los simios actuales, chimpancés, gorilas, etc., y nosotros, habríamos tenido un ancestro común simiesco en el pasado, y lo único que faltaba para probar eso, sería el eslabón intermedio. Darwin tenía razón en el siglo XIX, pero han pasado 150 años, y se han descubierto infinidad de fósiles desconocidos en tiempos de Darwin. La evolución no es lineal, como para decir que es una cadena, y que cada especie un eslabón. El árbol genealógico evolutivo humano es más parecido a un arbusto muy, muy ramificado. Tenemos un ancestro común con los chimpancés, que debe haber vivido hace unos 7 millones de años. En medio, es decir luego de la separación de la línea evolutiva que llevó al chimpancé y a nosotros, han aparecido y se han extinguido decenas de especies. Por lo que no hay un único eslabón entre ese ancestro común y nosotros, y no está perdido tampoco, ya que conocemos el camino evolutivo.

– Uno de los grandes aportes de Darwin es que la evolución no tiene un punto de llegada predeterminado y que el azar interviene en ella. ¿Cómo se ve reflejado esto en el camino evolutivo de la especie humana?

– Así es, la evolución no implica progreso. La selección natural actúa sobre las mutaciones que aparecen todo el tiempo en las especies, si una mutación dada es favorable para adaptarse mejor al medio ambiente en que vive esa especie, entonces tiene altas chances de dejar más descendientes, por lo que esa adaptación se irá propagando por la población entera, y será favorecida por la selección natural a largo plazo. Pero no es lineal, a veces se puede volver para atrás, si las condiciones en el medio en que vive una especie han cambiado, o alguna especie puede no cambiar casi nada, ya que su medio tampoco cambia, como sucede con algunos peces que suelen ser llamados fósiles vivientes, ya que no han cambiado en millones de años. En nuestra especie es igual, si la evolución estuviese dirigida por algún ente superior, realmente deberíamos dudar de la inteligencia de ese ser superior, ya que no todo tiene un propósito en nuestro cuerpo, todavía seguimos evolucionando, como podemos ver en nuestras bocas, que se han ido achicando más rápido que los dientes, razón por la que tengamos que ir al dentista a hacernos ortodoncia, o que tengamos piel de gallina cuando ya no tenemos pelo que levantar para que nos haga de aislante cuando hace frío, son resabios. La evolución no es inteligente, es azarosa.

– ¿Existe alguna idea sobre hacia dónde está yendo el ser humano? ¿Qué cambios podrá experimentar el Homo sapiens tal y como lo conocemos hoy?

El libro narra la evolución, paso a paso (iStockphoto)

– No se puede saber, realmente. Porque no sabemos a dónde nos llevará esta forma de tratar al mundo como si no fuésemos parte de él. El pelo seguirá igual, ya que tiene un propósito: el poco que tenemos, el de la cabeza para protegernos de la insolación, el de las partes púdicas y de las axilas puede ser que desaparezca, ya que ha perdido su función, que es la de esparcir mejor los olores corporales, que en una época eran una forma de comunicación biológica (era como decir “estoy disponible para el sexo”). Nuestras espaldas van a sufrir más, seguramente, ya que nos estamos volviendo cada vez más sedentarios. Pero como estamos destruyendo el planeta, y estamos forzando un cambio en el clima y en los ecosistemas, no sabemos si no volveremos atrás en algún momento, perdiendo los logros que la cultura ha acumulado.

Lleven a un indígena del amazonas al ártico, y no podrá sobrevivir, ya que su cultura no lo ha preparado para ello. Ubiquen a un citadino en el mismo lugar, y puede ser que pueda sobrevivir un poco más, ya que ha visto muchas películas, pero igualmente no podrá llegar ni de cerca a la cultura que han acumulado los esquimales. Del mismo modo, un esquimal en medio del Amazonas o de una ciudad, no sabría mucho que hacer. Esto nos dice que somos flexibles, pero ante los cambios lentos de la naturaleza, los cambios bruscos extinguen a cualquier especie por más flexibles que sean.

 Artículo original, en Yahoo Noticias

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