Tragedia de los Andes: “En la montaña, llegamos al minuto cero del hombre”

No ficción | Ediciones B | 208 páginas | 79 pesos

Publicado en Yahoo Noticias

La tragedia de Los Andes, popularizada por la película “Viven”, está “grabada en el disco rígido de la humanidad”. Así lo explica Daniel Fernández Strauch, uno de los sobrevivientes, que acaba de publicar “Regreso a la montaña”, un libro que cuenta la historia de su vida y, principalmente, qué sucedió después de la tragedia.

A 40 años del accidente que dejó a todo un equipo de rugby uruguayo en la cordillera de los Andes de Mendoza, las historias, los recuerdos y algunos dolores siguen saliendo a la luz. Si bien el canibalismo popularizó en los medios al relato (debido a que, para sobrevivir, los integrantes del grupo debieron comer la carne de sus compañeros), la historia trasciende por algo muchísimo más significativo: “Hoy, en las conferencias, no nos preguntan por eso: surgen preguntas más interesantes sobre cómo nos manejamos como grupo en la montaña”, cuenta Fernández Strauch.

Y “Regreso a la montaña” plasma, exactamente, eso: cómo esa experiencia terriblemente traumática, el accidente, le dejó a Strauch una serie de enseñanzas que necesita compartir con todos. Las estrategias que pensaron para vivir, los potenciales errores que debían evitar, los estados mentales atravesados y la relación entre líderes y liderados.

“Esta historia ya no me pertenece, es de todos”, se sincera. Y refuerza una idea: si bien el accidente fue devastador en su momento, hoy le hace pensar que allí, en la montaña, se encontraron con valores y experiencias que en la civilización ya están esfumados.

– ¿De qué dirías que se trata “Regreso a la montaña”?

– En definitiva, cuenta mi vida. Arranca con el accidente, como marca a fuego que llevo encima, y después, todas las cosas que me pasaron. Normalmente cuando me hacen notas, o a todos los sobrevivientes, nos preguntan las mismas cosas. La gente piensa que tuvimos el accidente de los andes y la vida, después, fue una Jauja. Y nosotros tuvimos problemas, y algunos problemas muy grandes. El libro cuenta cómo resolví esos problemas personales, las enseñanzas que me dejó la montaña y, después, hago bastante hincapié en la situación actual que atraviesa el mundo: un individualismo marcado, un consumismo desenfrenado.

– En el libro aclarás que no te gustaría que sea usado para fines empresariales, de liderazgo, etc. ¿Con qué fines te gustaría que fuese usado?

Carabineros ayudan a Fernando Parrado, uno de los sobrevivientes (AP)

– Ojo, no criticó los líderes en el libro. Pero sí critico la apología del líder: esto es, pensarlo como lo piensan todos los libros de liderazgo. Como si hubiera que crear un líder que fuera imprescindible, y nadie hace hincapié en los liderados. Yo digo que son tan importantes como el líder, porque uno sin liderados, sin un grupo como el que teníamos en la montaña, no sirve de nada. No me gustaría para nada que el libro se usara como un manual, que se aplique a la manera de ganar más dinero.

– El libro comienza con tu testimonio bajo la nieve. Contás que en ese momento pensabas más en lo que habías tenido hasta ese momento, que lo que te faltaría por morir joven: tu existencia. ¿Recordás todavía ese momento?

 

– Sí, siempre pensé que el momento en el que me iba a morir iba a ser horrible. Y allá, en la montaña, no lo fue. Cuando se te termina, empleás todas tus fuerzas para zafar, y hasta el cuerpo te lo marca. Más que esa película de toda tu vida que te pasa por adelante, es más bien una sola imagen con toda tu vida ahí, delante tuyo. Y después vino esa mano que me sacó, que, como estábamos apilados, ya comenzaba a entrar aire. Ahí apareció un gran dilema: si comenzar a escarbar o seguir en ese plano, llegando más a la muerte que a la vida. Ahí me di cuenta que, a pesar de estar en esas condiciones y que era más fácil dejarse ir, tenía que escarbar.

-¿Cómo surgió el líder en una situación tan extrema?

– En un primer momento, fue el capitán de rugby, Marcelo Pérez. Asumió un liderazgo casi natural. Pero después él se empieza a sentir responsable de habernos metido en eso. Luego tuvimos la suerte de encontrar esa radio y recibir la noticia para saber que nos habían dado por muertos. Porque ahí nos dimos cuenta de que dependíamos de nosotros, y comienza a crearse esa sociedad de la nieve. Entonces, nuestro líder se desmorona. Era muy amigo de mi primo, Eduardo Strauch. Cuando Marcelo muere en el alud, quedamos los tres primos, que éramos muy unidos, y en el libro “Viven” se habla de un “triunvirato de los tres primos”. Pero nosotros considerábamos más bien que todas las decisiones que había que tomar, se tomaron en conjunto, con el grupo, incluso antes de que se resolviera. Te diría que más bien éramos organizadores.

– Entre 1972 y 2002 tuviste un “silencio reflexivo”. Y recién ahora sacaste el libro. ¿Qué pasó ahí?

Dos meses a pura supervivencia (AP)

– La meta mía era salir de la montaña: reencontrarme con mi familia y mis seres queridos. Cuando volví a mí casa, todo estaba igual que cuando me fui. El que había cambiado era yo: me casé, me recibí de agrónomo y me puse a trabajar. Pero continuamente nos están preguntando el tema, o sea que no pudimos dar vuelta la página, por más que quisimos. Siempre estaba en boca de mucha gente. Era un cuento: iba a un asado y me preguntaban cualquier cosa, o alguna que otra nota periodística. Pero a los 30 años volví a Chile por primera vez, porque iba a haber un homenaje. Cuando fui me encontré con las grandes cadenas de televisión y ahí pensé: “¿Esta historia le sigue interesando al mundo?”. Y me di cuenta de que, evidentemente, la historia había quedado grabada en el disco rígido de la humanidad. En ese momento pensé que esa historia no me pertenecía, y que debía empezar a transmitirla.

– ¿Te molestaba que te preguntaran constantemente por el accidente?

– Me aburría. Yo, por mi profesión de ingeniero agrónomo, siempre andaba recorriendo el país, y la gente me paraba, me para todavía, y me identifica. Y siempre les decía: “No, no, ese es mi hermano”. Trataba de zafar. Y esa gente siempre venía con una pregunta. Viste que la historia nuestra trasciende por el hecho del canibalismo, que fue lo que la hizo explotar. Pero después nos dimos cuenta, cuanto das una conferencia, que a la gente que escucha la historia no le interesa esa cuestión. Ahí fue donde me puse a pensar que la gente busca algo, que no sé qué es, pero intuyo que hay algo detrás de esta historia. En ese momento me puse a estudiar y tratar de ver qué era eso.

– ¿Atravesaste distintas etapas en ese período, desde que pasó hasta que escribiste el libro?

 

– Sí, claro. En un primer momento contaba hechos, y nada más que hechos. Pero después empezás a sacar los sentimientos y ver una cantidad de valores que estaban ahí adentro, que fueron en definitiva los que hicieron posible que nos podamos salvar. Después, comencé a pensar, a través de distintas crisis, diversas cosas que las apliqué en mi vida. Por eso ahora trato de contar mi experiencia: para evitar que la gente tenga que pasar por hechos dramáticos para poder replantearse su vida.

– “El mayor obstáculo no era la montaña, éramos nosotros mismos”, decís en el libro. ¿A qué te referís con esto?

 

Roy Harley, sobrevivente del alud, junto a su madre (AP)

– La montaña era el gran obstáculo, pero después nos dimos cuenta que habían cosas más importantes que había que solucionar antes, porque si no hubiera sido la montaña el gran problema: armar el grupo, el equipo, y convencernos entre todos de que la meta era salir.

 

– El libro atraviesa un binomio, montaña-civilización. Que a su vez, por lo que leí, también puede leerse de modo análogo a “animal-hombre”. Allí reflexionás en torno a lo que sería la esencia del hombre… ¿podrías decirme cuál es, según tu experiencia en la montaña, la esencia del hombre?

 

– Nosotros, en la montaña, nos tuvimos que reprogramar. Si hubiéramos seguido con nuestra cultura de la civilización, con todo lo que nos enseñaron nuestros padres y maestros durante años, no sobrevivíamos. Si no nos desprogramábamos y creábamos otro tipo de sociedad, eso hubiera equivalido a un suicidio colectivo. Pienso que llegamos al minuto cero del hombre.

– ¿Y cómo era ese minuto cero?

– Un ser gregario, que está hecho para dar y recibir. En muchas partes del libro lo digo: si todos fuéramos como en la montaña, dando todo todos los días, al final del día, todos recibiríamos más. Acá, en la civilización, la mayoría piensa que es a través del individualismo que hay que vivir. Pero así no se piensa en el hombre, sino que el hombre se piensa como un insumo.

– Tras haber vivido la experiencia en la montaña, ¿cómo pensás a la civilización?

 

– En la civilización no somos auténticos. No nos presentamos ante los demás como somos, usamos máscaras para tratar de subsistir. No somos lo que realmente somos: en la montaña, uno se metía realmente dentro del otro. Allí no había máscaras, no había nada.

 

– Dedicas una parte del libro a hablar de las empresas, con una visión crítica. Por ejemplo, la de “recursos humanos”. ¿Podrías sintetizarme un poco los conceptos que exponés en el libro respecto de esta cuestión?

 

Tras la odisea, el rescate (AP)

– Sí, lo puse como un ejemplo. Tiene que haber un departamento que contrate a la gente. Pero llegamos a la crudeza de llamarlo “recursos humanos”, como si el hombre fuera una cosa, un recurso, tanto como un cartucho de una impresora. Y no es así. Creo que son útiles esos departamentos, donde se contrata personal. Pero es muy llamativo que justo quien selecciona y contrata a ese personal, se llama “responsable de recursos humanos”.

 

– “Un cambio de conciencia a nivel global”, es el último capítulo. ¿Qué querés resumir con esta idea?

 

– Creo que se puede hacer ese cambio de conciencia, si no lo pensara no lo intentaría con un libro y con una forma de ver la vida. Evidentemente yo solo no voy a poder, pero si logro juntar más gente se van a notar los cambios para que algún día seamos mayoría y poder erigir un mundo para hombres, y no para animales. Pero creo que vamos al revés: en la montaña nosotros éramos animales que vivíamos como hombres, acá somos animales que tratamos de parecer hombres.

– Todos estos recuerdos, ¿te angustian o te saca adelante?

– Me dan fuerza. Muchísima fuerza.

Artículo original, en Yahoo Noticias

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s