“El negocio de los derechos humanos”, al desnudo

Periodístico | Sudamericana | 400 páginas | 129 pesos

Publicado en Yahoo Noticias

“Esta es la historia de un negocio millonario basado en la cultura de la culpa, la reescritura del pasado y el engaño de los humildes”. La introducción del libro es contundente y anticipa de qué se tratará: la polémica relación que mantienen el kircherismo con los derechos humanos.

“El negocio de los derechos humanos” es el resultado de un trabajo que duró dos años, donde el periodista Luis Gasulla investiga la relación de Hebe de Bonafini, titular de Madres de Plaza de Mayo, con Sergio Schoklender, y cómo a partir de ese vínculo se gestó una política de reivindicación de derechos humanos que no tenía precedente en la gestión santacruceña de Néstor Kirchner.

Fondos públicos usados de manera privada, influencias que van y vienen, aprietes, licitaciones incumplidas y el estallido mediático de 2011. Y en el medio, la memoria de los desaparecidos.

Gasulla revela en una de las investigaciones más rigurosas del año cómo operaban los negociados que, bajo la consigna “Con las Madres, no” ante cualquier tipo de cuestionamiento por la corrupción, la fundación “Sueños compartidos” llevaba a cabo impunemente. Aquí, el autor cuenta algunos puntos nodales de su trabajo: cómo operaban, qué hacían, y cuánta plata se llevaban.

 

– Schoklender y Hebe son, en gran parte, el hilo conductor del libro. ¿Podrías sintetizar por qué este vínculo fue fundamental en la política derechos humanos que construyó el kirchnerismo?

– Hebe de Bonafini es la figura más polémica y combativa de lo que conocemos como Madres de Plaza de Mayo. Su aporte fue fundamental para acabar con la dictadura más sangrienta de la historia argentina. Sin embargo, eso no quita su responsabilidad política y su complicidad con los desaguisados de su hijo putativo, Schoklender. Kirchner la necesitaba y fue muy astuto en ello. La convirtió, junto con la figura de Estela de Carlotto, en su escudo ético. El progresismo y gran parte de la sociedad argentino compró ese buzón. Allí es donde nace el negocio de los derechos humanos.

– ¿Cómo operó el rédito político de la esta comunión?

– El kirchnerismo fue muy hábil en cooptar, silenciar y dividir a los movimientos más nobles de nuestro país desde los nacientes grupos piqueteros hasta los organismos de derechos humanos pasando por los sindicatos y periodistas. Schoklender fue quien convirtió, para bien o para mal, a la Asociación Madres de Plaza de Mayo en una empresa todo terreno, en un modelo a seguir en el mundo entero, en la constructora contratista del Estado más importante de Argentina y de América Latina. Un genio necesario y, tras el escándalo, en el chivo expiatorio ideal para lavar culpas afuera.

 

– Nadie entendió, del todo bien, por qué se dio esa relación de adopción. Ni Vicente Zito Lema, como contás en el libro. ¿Por qué Hebe de Bonafini adoptó como un hijo a Sergio Schoklender? ¿Qué vio en esta figura?

 

Sergio Schoklender, llegando a Comodoro Py por la causa que lo investiga (DyN)

– La génesis de la relación y el interés de comenzarla fue de Bonafini. Ella vio a los ideales y, merced a un parecido físico envidiable, a su hijo mayor desaparecido. Recordemos que Schoklender era el símbolo de los presos, el hombre capaz de convencer a prestigiosos intelectuales y luchadoras de los DD.HH. que la reinserción en la sociedad, por medio de la educación, no era un mito. En el momento en que se conocieron la Asociación de las Madres estaba muy débil y Sergio Schoklender le devolvió la vida con una destreza envidiable, a través del centro de cómputos, la imprenta, y demás facilidades.

 

– El escándalo que terminó con la ruptura de la relación entre ambos fue popular por los negociados de “Sueños compartidos”. Pero en tu libro se ve que también hubo ribetes de narcotráfico. ¿Podrías contarme un poco sobre eso?

– Los vínculos con el lavado de dinero y con el narcotráfico trascienden a la figura del ex apoderado, Schoklender. Es el tema tabú que se menciona en silencio en el norte argentino, en donde se mezcla el creciente poder de los cárteles mexicanos con la narcopolítica. El cruce de nombres, vuelos y fechas no deja de sorprender.

 

– El libro da cuenta cómo se incumplió con las licitaciones para realizar obras públicas. ¿Podrías explicarme cómo eran los negociados paralelos a las construcciones de viviendas que realizaba la fundación? ¿Qué sucedía con las tasas de retorno?

– Las tasas de retorno existen en toda obra pública, como confesó Schoklender, incluso en las que él encaró (aunque le moleste). Los negocios privados, a costa del Estado, son una práctica habitual de los años actuales. El retorno implica una sobrefacturación, dibujar números y que el dinero regrese para financiar campañas, candidaturas, la política partidaria. La gran contradicción que nadie responde es ¿cómo se realizaron, supuestamente, las obras de Sueños Compartidos, pero Schoklender estafó a Bonafini? Y encima, cada proveedor de la Fundación, como del Estado en general, tiene una relación con un funcionario. No es casual que el hombre fuerte hoy de la Fundación sea un supuesto testaferro de Amado Boudou, el “gordo” Roberto Aybar Domínguez.

 

La titular de Madres, Hebe de Bonafini (DyN)

– Hebe y Sergio eran las caras visibles de esto. ¿Qué otras figuras había detrás?

– Detrás está la corrupción en grandes escalas, los pequeños negocios de los arribistas de siempre (hablo del robo de material en pequeños obradores del interior del país, o de un puntero que les sacaba unos pesos a los empleados en el clásico “diezmo” por contratarlos). Pero también, a pesar de todo, el sistema marchaba y miles de empleados capaces trabajaban a destajo. Hoy el proyecto se ha vuelto más clientelar, nadie controla la adjudicación de las viviendas que, en obradores como Castañares, se han instalado talleres clandestinos de ropa y se han vendido departamentos a través de punteros y “capangas” del barrio.

– ¿Y el poder político? ¿Y el periodismo?

– Entre los responsables políticos están los poderes legislativos y ejecutivos que hicieron la vista gorda, en el mejor de los casos, o que fueron parte de la estafa. El periodismo, en parte, también es responsable. El caso significó el regreso del periodismo de investigación a las primeras planas de los diarios pero, también, se negoció el silencio para “no meterse con las Madres”. El que quería saber, sabía, como reconocieron desde Estela de Carlotto hasta periodistas estrellas del país.

 

– Schoklender declaró, en 2011, que ganaba 6 mil pesos mensuales. ¿Cuánto calculás que sacó con los negociados de Sueños Compartidos?

– Sergio no ganaba ese dinero sino 15 mil a 30 mil pesos por mes. La masajista personal de Bonafini, por un trabajo de 4 horas por semana, ganaba hasta hace unos meses 7 mil pesos. El error de Schoklender fue hablar y decir datos tan burdos como su supuesto sueldo. Uno de los abogados de Hebe, Eduardo Barcesat, cuenta en el libro que gana 15 mil al mes. Son varios ejemplos que orientarán al lector a entender que nadie hace las cosas gratis o, mejor dicho, que colaborar con las Madres es un buen negocio.

 

– Estuviste dos años investigando para escribir el libro. ¿Qué cambió en tu forma de ver a la fundación de las Madres?

– El cambio fue inmenso. Fue un golpe muy duro. El periodista debe evitar los sentimientos que no lo conducen a nada. Pero realmente me entristecí conocer historias que contrastan con lo que dice ser como referente Hebe de Bonafini, por ejemplo. El camino comenzó a comienzos del 2011, cuando nadie quería hablar y el escándalo no había estallado, y conocí a Teresa, una mujer despedida de un obrador por quedar embarazada. El clientelismo, la utilización de los pobres y de su desesperación, fue y es el hilo conductor entre las prácticas políticas que se repudian en los discursos públicos y los hechos.

 

– Desde ciertos sectores del kirchnerismo, cuando se cuestionaban los negociados, acusaba a quienes lo hacían de “atacar a las Madres” (“con las madres, no”). ¿Qué pensás de esto? ¿Qué aporta tu libro, en esta dirección?

– Son corporativistas. Como la mafia, y esa es su definición, creen que los fondos públicos – de todos- son de ellos y que pueden hacer lo que se les cante con ese dinero. La “cosa nostra” implica atacar al que investiga, al que disiente, al que desnuda las contradicciones del sistema. A pesar de tratarse de un organismo de derechos humanos, el temor y el autoritarismo que existe dentro de la Fundación, es llamativo. Cuando asumió Alejandra Bonafini, la hija de Hebe, se les requisaba a los empleados sus pertenencias y si en sus celulares personales se les hallaba algún mensaje de texto con los flamantes “parricidas” se los despedía inmediatamente.

Pero no son todos lo mismo. Hay organismos que han quedado lejos del poder y del dinero pero han demostrado coherencia y dignidad. Son los que están del lado de los estafados, de los olvidados y no de los servicios de inteligencia (recordá a Fernando Pocino controlando un corte de protesta en la General Paz de trabajadores de Sueños Compartidos) y de los gobiernos de turno… Nora Cortiñas y Adolfo Perez Esquivel son solo dos grandes ejemplos que la ciudadanía debería tener en cuenta para no caer en la trampa de las generalizaciones. También hay héroes sin prensa ni cámaras que pelean a diario por las injusticias y el cinismo imperante.

 

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