La majestuosidad que habita en la Patagonia

Ballena de la Patagonia (iStockphoto)

Publicado en Yahoo Noticias

Imponentes, enormes, indomables. Reales, pero también mitológicas y literarias. Las ballenas han captado la atención de los seres humanos desde los comienzos de la humanidad, llenas de misterios fogoneados por su imponente tamaño. Y en la Argentina, contamos con un lugar especial para admirarlas: la Patagonia.

Alejandro Winograd es biólogo, especialista en estos animales y en delfines. Su trabajo consiste no sólo en comprenderlas, sino también en aportar proyectos de investigación para la preservación y el manejo de estas especies altamente vulnerables: las hembras pueden quedar preñadas una vez cada cinco años, y tienen sólo una cría.

El conocimiento, la experiencia en el campo y una encendida pasión lo llevaron a escribir “Ballenas y balleneros de la Patagonia” (Edhasa), una hermosa publicación que reconstruye la tradición ballenera del sur de nuestro país junto a increíbles imágenes que retratan la particular vida de estos animales. Para los biólogos, un libro que obligatoriamente debe estar en la repisa. Para los amantes de la naturaleza, un deleite página a página. Aquí, Winograd comparte algunos conceptos de su trabajo.

– A nivel taxonómico, ¿de dónde vienen las ballenas?

– Existen algunas dudas acerca del origen y la posición taxonómica de las ballenas. Hasta hace algún tiempo, la mayor parte de los científicos consideraba que las ballenas eran descendientes de los mesoniquios: un grupo de carnívoros ungulados (con pezuñas). Durante los últimos años, y a partir de nuevos estudios realizados a partir del ADN, esta teoría empieza a ser remplazada con otra, que sitúa a los cetáceos en el mismo grupo que a los artiodáctilos (ungulados con número par de dedos). Se supone que, durante el Paleoceno, ese grupo (los cetartiodáctilos) se dividió en dos: los artiodáctilos terrestres (chanchos, jirafas, pecaríes, ciervos, camellos, dromedarios, vacas, ovejas, y otros) y los artiodáctilos anfibios (hipopótamos y cetáceos arcaicos). El primer cetáceo propiamente dicho que se ha identificado hasta ahora es el Pakicetus, un animal de cuatro patas y cola larga, vagamente parecido a un perro pero con un esbozo de aleta en la mitad del lomo.

– ¿Qué lugar ocupan estos animales en el plano mitológico?

– Las ballenas siempre han llamado la atención de los seres humanos. Existen ejemplos clásicos: el Ceto de los griegos, el pez de Jonás, las orcas gigantescas de Plinio y de Olao Magno,  la ballena isla sobre la cual San Brandano celebró la misa de Pascua y, por supuesto, los leviatanes de Hobbes y de Herman Melville, tomados del monstruo bíblico. Pero hay muchos otros; las ballenas forman parte de los mitos de pueblos de regiones tan alejadas entre sí como los inuit, los vikingos, los kodiak de las Aleutianas, los chuckchis de Rusia oriental y distintos grupos aborígenes del sur de Chile y de los litorales patagónico y fueguino.

– En el libro decís que son animales grandes, pero a la vez vulnerables. ¿Por qué?

– Si uno las considera individualmente, seguramente las ballenas no estarán entre los animales más frágiles. Quiero decir; no es fácil lastimar a un animal de varias decenas de toneladas que, en algunos casos, es capaz de nadar a cuarenta kilómetros por hora o sumergirse hasta una profundidad de mil metros. Lo que sí es sumamente frágil, en cambio, son sus poblaciones.

– ¿Cómo sería eso?

– Los ecólogos poblacionales reconocen dos estrategias básicas para los mamíferos. La primera, la estrategia del “r”, se basa en la producción de una gran cantidad de crías en cuya gestación, desarrollo y cuidado se invierte relativamente poco: ratones, comadrejas, conejos, topos, musarañas y animales que tienen cría varias veces al año y en camadas numerosas cuyos integrantes se independizan rápidamente. La segunda estrategia, la del “K”, se basa en características completamente opuestas: la población no se sostiene a través de la producción de un gran número de crías sino a través del cuidado que pone en cada una de ellas. Los nacimientos se producen cada dos, tres o más años y en cada parto nace una o, a lo sumo, dos crías que los padres cuidan durante un largo tiempo. Los ejemplos más paradigmáticos de esta estrategia son los grandes primates, los seres humanos y las ballenas.

– ¿Y cómo es la población de las ballenas?

Ballena azul: imponente tamaño (iStockphoto)

– Alcanzan la madurez reproductiva a edades que oscilan entre los diez y treinta años. Casi nunca tienen más de una cría y las hembras quedan preñadas cada tres, cuatro o cinco años. Esto hace que las poblaciones sean relativamente pequeñas y que la pérdida de cada individuo tenga un efecto importante en las perspectivas de éxito o fracaso del grupo. Durante algunas décadas, la amenaza principal para las ballenas fue la caza indiscriminada. Hoy esto ha cambiado. Pero, en virtud de las características señaladas, las poblaciones de ballenas se recuperan lentamente.

– En este sentido, ¿cómo es la regulación actual con la protección de las ballenas?

– La caza de ballenas se inició hace miles de años. Pero lo cierto es que, durante la mayor parte de ese período, estuvo en manos de grupos aborígenes o de organizaciones relativamente pequeñas y de pocos recursos. Recién en la segunda mitad del siglo XIX y, sobre todo, en las primeras décadas del XX, alcanzó una escala que puso en peligro de supervivencia a un gran número de especies. En 1946, y con el fin de regular una actividad que iba en camino de extinguir el recurso de que se alimentaba, se creó la Comisión Ballenera Internacional. Al principio, se trataba de un organismo creado por y para las naciones balleneras pero, poco a poco, el número de sus miembros creció y sus objetivos se hicieron más amplios. Durante las décadas del ’60 y el ’70, la Comisión Ballenera comenzó a establecer una serie de normas cada vez más rigurosas orientadas a proteger a las especies más amenazadas. Y en 1982 aprobó una resolución que prohibía definitivamente la caza de cualquier ballena a partir de la temporada de 1985 y 1986.

– Pero se siguen cazando ballenas…

– Sí, existen algunas normas especiales que permiten, por ejemplo, la caza aborigen o la caza con fines científicos. Y algunos países con una larga tradición ballenera se han retirado de la Comisión o, aún si permanecen en ella, reclaman el restablecimiento del viejo sistema de cuotas de caza, al menos para algunas especies. Se trata de un debate complejo que incluye no sólo elementos científicos sino, también, una serie de factores asociados a las tradiciones y culturas de cada región y a los límites que la comunidad internacional puede poner a las decisiones soberanas de cada país.

– ¿Qué es el círculo de fuego?

El típico salto que permite avistarlas (iStockphoto)

– El círculo de fuego es un sector del Atlántico Sur, situado entre las Malvinas y las rocas Aurora o, en su versión más extensa, entre la isla de los Estados y las Sandwich. En ambos casos, el núcleo de la zona considerada es el que está por encima de la dorsal de Scotia, la prolongación submarina de la cordillera de los Andes. Esto implica que la profundidad del mar, que en las zonas adyacentes al círculo es de varios miles de metros, disminuya abruptamente y allí (en el círculo) no supere los trescientos o cuatrocientos metros. Esta disminución de la profundidad sumada al hecho de que el círculo abarca parte de la convergencia antártica, convierte al sector en una especie de oasis. Y, como en todos los oasis, en el círculo de fuego la vida florece: es una de las pesquerías más ricas del mundo. Su nombre deriva de la presencia de grandes bancos de krill, que no sólo le dan al agua una tonalidad rojiza sino que, además, se mueven como verdaderas llamas. El krill (una especie de camarones de unos pocos centímetros de longitud) es el alimento principal de varias de las especies de grandes ballenas y, alguna vez, el círculo de fuego fue una de las zonas de caza predilectas de los balleneros.

– ¿Qué significado tuvo la cultura ballenera para los pueblos patagónicos?

– Los habitantes prehistóricos de la Patagonia no se especializaron en la caza de ballenas. Seguramente, eso se debe a una combinación de factores que podría resumirse en que en las áreas de la Patagonia en que las ballenas son más abundantes, también hay otros recursos aprovechables (lobos marinos, focas, aves costeras, moluscos y mamíferos terrestres). Sin embargo, existen muchos registros y testimonios que dan cuenta de que los aborígenes de los litorales patagónico y fueguino aprovechaban las ballenas que varaban en la costa. Los cronistas cuentan que, cuando varaba una ballena, se establecía una especie de tregua.

– O sea que influía en el modo de sociabilidad de los pueblos originarios

– Claro, porque grupos habitualmente enfrentados de repente se encontraban colaborando en una tarea común. Se reunían para procesar el cuerpo. Esto permitía, por un lado, un aprovechamiento integral de los recursos (carne, grasa, huesos, tendones, etc.) que pueden obtenerse de una ballena. Pero, además, ofrecía una oportunidad para el establecimiento de toda una serie de vínculos (alianzas, matrimonios, intercambios de materia prima o información, etc.) que sólo podían iniciarse en circunstancias particulares.

– ¿Qué tiene de especial la Patagonia con estos cetáceos?

Un lugar privilegiado para verlas: la Patagonia (iStockphoto)

– Es una de las regiones del mundo en las que se puede ver la mayor abundancia y diversidad de ballenas. Y esto se debe a una combinación de motivos. Por un lado, las costas de la Patagonia forman parte (y una parte destacada) de las regiones litorales del hemisferio sur que es, a la vez, el hemisferio eminentemente acuático del mundo.  En segundo lugar, el litoral patagónico es el único que se extiende hasta la Convergencia Antártica; esto es, una franja caracterizada por la convergencia de las corrientes frías provenientes de la Antártida y las aguas, relativamente templadas, de los mares subantárticos y por la presencia de una enorme cantidad de nutrientes.

– ¿Por qué se suele elegir la península Valdés en el turismo ballenero?

– Las costas de la Patagonia y, en particular, la península Valdés, ofrecen una serie de características sumamente singulares: un cuerpo de agua relativamente extenso, de aguas tranquilas, de poca profundidad y bien diferenciado del paisaje que lo rodea. Allí, las ballenas encuentran un ambiente particularmente propicio para cumplir con una serie de procesos vinculados con la cría (apareamiento, parto, primeros pasos de la crianza) y, seguramente, con toda una serie de actividades sociales que, hasta ahora, sólo conocemos superficialmente. Durante las últimas décadas, la Patagonia se ha convertido en uno de los destinos predilectos de los amantes de la naturaleza en general y, en particular, de los viajeros interesados en las ballenas y en los delfines.

– Ahora que se vienen las vacaciones, ¿cuáles son los mejores lugares para verlas?

– En Puerto Madryn y en Puerto Pirámides pero, también, en Las Grutas, Puerto Deseado, la ría de San Julián, Puerto Santa Cruz y buena parte del litoral de Tierra del Fuego, existen condiciones sumamente propicias para observar, no sólo las célebres ballenas francas sino, también, una verdadera “selección” de más de una docena de especies de ballenas y delfines que no tienen desperdicio…

Artículo original, en Yahoo Noticias

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