“Amalita Fortabat fue mucho más que los ‘90”

Biografías | Sudamericana | 129 pesos | 352 páginas

Publicado en Yahoo Noticias

Si se piensa en los íconos del menemismo, muy probablemente aparezcan el 1 a 1, las privatizaciones, los viajes a Miami y algún que otro personaje público. Y seguro, dentro de esta última categoría, aparezca Amalia Lacroze de Fortabat.

“Amalita”, como fue conocida por la sociedad argentina, forjó una fortuna inmensa heredada de su marido, Alfredo Fortabat. Esta “dama del cemento” se convirtió en empresaria tras el fallecimiento de su esposo, y de allí en adelante erigió una figura emplazada en la aristocracia argentina que la tuvo siempre en el centro de la escena.

Pero fue durante el menemismo cuando ocupó cargos públicos que le valieron su mayor momento de exposición. Sin embargo, Amalita Fortabat excedió los límites de la década del ’90, en tanto venía tejiendo lazos con el poder político desde hace mucho antes. Así lo cuentan Marina Abiuso y Soledad Vallejos en “Amalita, la biografía”, dos periodistas que decidieron contar todo aquello que quedó fuera de foco, pero que aporta elementos fundamentales para comprender a uno de los personajes más influyentes en la historia argentina del siglo XX.

 

– ¿Qué representó para los ’90 este personaje?

– Marina Abiuso: Amalita quedó muy asociada a esa década. Quedó en el imaginario popular como una figura menemista. Y Amalita fue mucho más que los ’90. Lo que la deja tan anclada a esa época es que el Gobierno de Menem fue el primero que le ofreció no sólo uno, sino dos cargos públicos. Primero como embajadora plenipotenciaria, y después al frente del Fondo Nacional de las Artes. Ella había tenido relaciones con todos los gobiernos anteriores, con la dictadura, y siempre tuvo diálogo con el poder. Hasta con Alfonsín: no tenía estrecha relación con él, pero sí con su vice Víctor Martínez. Pero lo que la hace a ella quedar tan pegada al menemismo es que Menem tuvo un modo distinto de relacionarse con el empresariado.

– ¿Y cómo era esa relación?

– M.A: Amalita generó con Menem una mutua seducción. Ella tenía un modo muy poco tradicional de ejercer el poder, y el ex presidente también. Menem tenía un desparpajo que a ella le gustaba mucho. La escena con la que abre el libro retrata esto muy bien: los cumpleaños de Amalita eran eventos multitudinarios y a toda pompa. Menem, en uno de sus primeros cumpleaños, le regala una joya muy especial. Era como un globo terráqueo de cristal con incrustaciones de lapislázuli y rubíes con la inscripción “el mundo está a tus pies”. Y al año siguiente la sorprende otra vez con un regalo. Pero esta vez, con un oso de peluche gigante. Una cosa completamente cachirula… Esos detalles absolutamente excéntricos a Amalita la divertían mucho.

 

En 1989, en Buenos Aires. Fortabat fue, además, una gran coleccionista de arte (AP)

 

– Marcelo Zlotogwiazda menciona, en el prólogo, ciertos “actos de humanidad, que Amalita realizaba en forma reservada”. ¿A qué refiere? ¿Cuáles eran estos actos de humanidad?

– M.A: Te cuento, a nosotras, al momento de hacer la biografía, nos hacían todo el tiempo la pregunta de si era “a favor o en contra”. Y nosotras nos reíamos, porque una biografía no es ni a favor ni en contra, es una biografía. Tampoco existió una decisión deliberada de salir a matarla y hacer el libro negro de Amalita y ocultar las cosas luminosas que pudiese tener. Y ella tuvo momentos de mucha generosidad, le guste a quien le guste. En todos los actos de caridad de Amalita, con malicia se puede encontrar una dosis de conveniencia.

– ¿Por ejemplo?

– M.A: Por ejemplo, en que le convenía que los obreros fueran felices. Que su fundación donara mucho dinero le implicaba una exención impositiva. Todas esas cosas son ciertas. Pero también es cierto que Amalita se involucró muy profundamente con algunas causas, y con algunas personas. Cuando era “la esposa de”, y el dueño de la empresa era Alfredo Fortabat, Amalita iba en persona a visitar a algún obrero que viajara a Buenos Aires para hacerse atender. La fundación donó muchísimo dinero, hay un lapso de 5 años en el 1 a 1 que son como 20 millones de pesos / dólares. Pero es un personaje muy controversial, claro: la Amalita que se sienta en la cama de los ex combatientes de Malvinas y lloraba con esos chicos destrozados es la misma Amalita que, antes de uno de los conflictos con Chile en el ´78, ofrece un asado en su casa de Olavarría y le dice a los chicos “Ayer hablé con Harguindeguy y me pidió que les transmita…”.

– ¿Cómo fue la infancia de Amalita? ¿Qué costumbres tenía?

– Soledad Vallejos (S.V.): Amalita era muy mentirosa. Y construyó su pasado, es decir, inventó una infancia. Como ella venía de una familia de mucho nombre y poco dinero, cuando empieza a convertirse en un personaje mediático y dar entrevistas, se inventa un mundo a medida de lo que se esperaba de la gente de su clase. Esto es en principios de siglo XX, así, como las Ocampo. Ella dice, por eso, que se crió en París. Que cuando era muy chiquita sus padres llevaron a ella y a la hermana, y que su primer idioma es el francés. Sin embargo, los documentos contrarían todo eso: existía algo que se llamaba “guía social”. Un librito en el cual las familias conocidas actualizaban sus datos: apellido, nombre, quiénes vivían en esa casa. Y la familia de ella figura siempre. Si se hubiese ido a vivir afuera, debería haber aparecido ahí. Ellos vivían acá, en una casa en Marcelo T. de Alvear y Rodríguez Peña. Y ella no viene de una familia de estadías largas en Mar del Plata y estancias. Su padre era médico y trabajaba, es decir, tenía que trabajar.

Junto a Alfredo Fortabat en 1965, de quien heredó su fortuna (AP)

– ¿Con qué familias se relacionaba Amalita de pequeña? ¿Qué tipo de influencias tuvo?

– S.V: Hasta el peronismo era muy fuerte lo que se llamaban “familias conocidas”. Con mucho peso en lo político, terratenientes, con mucho poder agropecuario: gente de la Sociedad Rural, el modelo agroexportador, gente que toma decisiones en ese sentido. Todo este mundo protagonizaba un mundo equivalente al “jet-set”. Aparecían en revistas, publicaban sus actividades, si tomaban el té por alguna circunstancia en particular. Y es un mundo más de mujeres que de hombres, porque la parte masculina estaba en política o economía. En La Nación y La Prensa tenías todos los día los encuentros, quién estaba enferma, por qué, y demás. En ese círculo se movía Amalita.

– ¿Cómo forjaron su fortuna los Fortabat?

– M.A: Ella se transformó en la mujer más rica de Argentina por herencia, pero no de familia, sino por su marido. Hereda todo de Alfredo Fortabat, que era bastante mayor que ella, y no habían tenido hijos. Y él era un hombre muy astuto para los negocios. Descubrió que tenía piedra caliza en sus campos y con la cementera Loma Negra tuvo un crecimiento exponencial. En 1927 arranca con el negocio y en 1929 hay documentos que la registran como la principal contratista del Estado. Apenas dos años. Y esto tuvo que ver con algo que Amalita aprendió muy bien: los lazos con el poder político. Invitaba a los presidentes a su estancia, los llevaba a sus inauguraciones. Todo el tiempo buscaba esa participación en el poder: Frondizi, Onganía y con los gobiernos anteriores.

– ¿Y cómo hizo propio Amalita eso?

– M.A: Lo aprendió muy bien, le imprimió su propio sello, y ganó muchísimo dinero en los primeros años de su gestión, que coinciden con los primeros años de la dictadura. ¿Por qué? Y, pensá en todo el cemento que necesitó la dictadura: los estadios que se remodelaron o construyeron para el mundial, las autopistas de Cacciatore, obras públicas… Todo eso es cemento de Loma Negra. Y aprovecha un plan de promoción industrial que lanza la dictadura, para expandirse y crear una fábrica nueva en Catamarca. Amalita decía que en 4 años, ella había hecho lo que su marido había hecho en 40. Y es cierto, los picos de producción de Loma Negra se dan en 1980 y 1999.

 

Con el ex ministro de Economía de la dictadura José Alfredo Martínez de Hoz mantuvo una cercana amistad (Télam)

 

– ¿Cómo fueron los lazos de Loma Negra con la dictadura?

– M.A: Amalita tuvo lazos con la dictadura como los hubiese tenido con un gobierno democrático. Los tenía porque el principal negocio de la cementera era estar vinculada al poder. Se daba, además, la coincidencia de que tenía afinidad con algunos de ellos, como con el ex ministro de Economía Martínez de Hoz, porque era amigo. Eran relaciones que ella cultivaba hace años. No se privó de tener su foto con todos: Massera, Cacciatore, Harguindeguy. Pero era parte de todo eso como lo siguió siendo con el retorno democrático. Y también era una cuestión de status social. Para que te des una idea de la cercanía de Amalita con el poder, organizó un asado en Olavarría entre la coordinadora radical y Rockefeller, que era su amigo.

– ¿Cómo era ella como patrona?

– S.V: Cuando vivía Alfredo iban muy seguido a Olavarría y ella lo acompañaba. Después de su muerte, ella sigue yendo a Olavarría a ver las fábricas y después deja de hacerlo. Con lo cual ahí hay una diferencia en la relación con los obreros: Loma Negra fue siempre una empresa paternalista, así la pensó Alfredo Fortabat.

-¿Por qué “paternalista”? ¿Qué significa eso?

– S.V: Bueno, era otro modelo de capitalismo, ahora no sería posible. Pero en ese momento, se daba una situación particular. Las fábricas de cemento requieren un horno que funcione 24 horas, que no pare nunca. No es que empieza a las 8 am y cierra a la noche. Con lo cual, necesitaba que los obreros vivieran cerca. Y también tener una vida comunitaria, ordenada, estipulada. Esa era la lógica Fortabat: la fiesta de no sé qué, la iglesia, reuniones sociales, etc. Las casas son propiedad de la empresa, los servicios los paga la empresa. Cuando Amalita se hace cargo, les vende a los obreros las casas muy baratas y les da los títulos de propiedad. Pero ahí, más allá de que los trabajadores estuviesen chochos, cambia este modelo paternalista. Pasan a pagar los servicios y ser más “individualistas” y centrarse en sus familias.

– ¿Por qué escribir la historia de Amalia Lacroze de Fortabat?

– S.V: Nos dimos cuenta de que habían muchas más cosas de las que creíamos. Que Amalita era una figura mucho más multifacética que la que había quedado más fresca. Lo anterior a lo último que tuvimos, que fue un personaje recluido en su casa, con menos exposición, enferma, había sido el menemismo. Con Marina empezamos a intercambiar información, y fuimos viendo que había mucho más, que no era sólo eso. Y nos pareció que ahí había un libro.

Artículo original, en Yahoo Noticias

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