Guerras mediáticas: la historia de una batalla de tinta en la Argentina

Publicado en Yahoo Noticias

La pelea entre el kirchnerismo y Grupo Clarín, hoy un poco más atenuada, se presenta ante la sociedad como una batalla sin precedentes. A todo o nada. Sin embargo, desde los inicios de la de la república, ya en la Revolución de Mayo hubo enfrentamientos considerables: Manuel Belgrano y el virrey Cisneros protagonizaron la que podría identificarse como la primera guerra mediática del país.

“Por guerra mediática entiendo la dimensión periodística de los conflictos políticos más estruendosos de la historia argentina. Momentos en que los bloques en pugna se polarizan y cada uno dispone de un ejército de medios de comunicación”. Así explica Fernando Ruiz, experto en historia de medios, algo que siempre ocurrió en la historia argentina: las batallas libradas entre Gobierno y medios de comunicación.

Si bien el concepto de prensa era totalmente distinto en el siglo XIX, las batallas políticas y culturales tenían como principales arenas a los medios de comunicación. Pero cuando las diferencias se tornan insalvables, son los mismos principios de cada lado los que se ponen en cuestión.

Ruiz cuenta cuáles fueron estas “guerras mediáticas” desde Belgrano y Rivadavia, pasando por Hipólito Yrigoyen hasta llegar a las conocidas disputas de la actualidad. Lejos de intensificar las diferencias de la batalla actual, ayudan a comprender cómo se desarrolló un conflicto recurrente en la historia argentina: “La historia de una polarización puede ser muy variada, pero los ingredientes son los mismos. Aquí, un repaso por estos conflictos y su particular funcionamiento.

– La prensa era muy distinta en Argentina en el siglo XIX. Por ejemplo, la historiadora Paula Alonso en “La primavera de la historia” describe el discurso político del roquismo a través de los medios partidarios. ¿Podrías establecer algunas diferencias entre esa prensa y la actual?

– Durante el siglo XIX la inmensa mayoría de la prensa era militante. Fue recién cuando empezó a existir un mercado de anunciantes y de lectores, a fines de ese siglo, cuando pudo ser posible que los diarios tuvieran más autonomía frente al poder político.  Ya se podían financiar por fuera de los partidos. Pero esa mayor autonomía de la prensa comercial, no la hacía menos sino más política, porque ahora eran actores políticos independientes. Ahora los diarios intervenían en política con mucha fuerza. El gran ejemplo de comienzos del siglo XX fue el diario Crítica, de Natalio Botana. Durante el siglo XX los diarios se hicieron más fuertes desde el punto de vista empresario, y con una gran influencia política.

– En ese contexto, ¿cuál fue la primera guerra mediática del país?

– La primera publicación periodística surgió en 1801 y la primera guerra mediática fue la propia revolución de Mayo, donde el grupo revolucionario estaba compuesto por muchos que practicaban el periodismo. En primer lugar, el gran iniciador del periodismo argentino, que fue Manuel Belgrano. En la vereda de enfrente, el virrey Cisneros escribía él mismo su propio diario, Gaceta de Gobierno, para tratar de frenar la ola de opinión que se le venía encima.

– ¿A qué te referís con que “gobernar es editar”?

– Alberdi quería cambiar la agenda de la discusión pública. Quería dejar de hablar sobre la dictadura rosista, dejarla en el pasado y construir una agenda que tuviese que ver con el progreso material del país, la inmigración, la producción agropecuaria, y la promoción de las libertades de trabajo y de industria. En su caliente debate con Sarmiento, Alberdi dice que los editores pueden perjudicar al país si no adoptan esa agenda. El lema de Alberdi “gobernar es poblar”, se complementa con el “gobernar es editar”.

– ¿Qué batallas mediáticas dio Perón?

– El peronismo surge cuando se demuestra que el general Perón no es solo un habilidoso peatón de los pasillos del poder, sino que se revela que ese poder tenía un correlato en la calle, que había una identificación popular. Eso ocurrió a partir del 16 de junio de 1945, cuando el peronismo realizó el primer acto de masas, luego de haber fracasado otras veces. Y ese acto de masas exitoso se hizo en respuesta a algo que pasó en los medios, cuando hubo una oleada de solicitadas y declaraciones en los diarios contra Perón difundidas por muchas asociaciones empresarias. Para defenderse de ese ataque, Perón recurrió a la calle y esta respondió, por primera vez, gracias a la organización sindical que él había contribuido a consolidar y fortalecer. Desde entonces hasta su muerte, en julio de 1974, Perón tuvo incontables guerras mediáticas, donde pasó de la expropiación a la seducción. Aplicó todas las formas de lucha.

–  ¿Cómo fue la relación de la dictadura del 76 con la prensa? ¿Cuáles fueron los medios más comprometidos con el régimen militar?

– La gran prensa formó parte de la coalición social y política del gobierno, así que tampoco hubo necesidad de establecer un régimen de censura demasiado estricto, como sí ocurrió en Brasil. Y hubo otro sector, formado por La Opinión, The Buenos Aires Herald, o el diario Río Negro, que luego de apoyar la realización del golpe de estado, fueron muy críticos con la máquina de matar que construyó el poder militar de entonces. La televisión estaba controlada en forma directa por las fuerzas armadas, los licenciatarios de radio también, y la prensa escrita podía haber tenido un margen mayor de maniobra, pero la gran prensa escrita (La Nación, Clarín, La Prensa o La Razón) participaba del “consenso del Proceso”, como parte de la dimensión civil de la dictadura.

– La Presidenta habla actualmente de “golpe mediático”. Vos describís el que le hicieron a Irigoyen, ¿qué características tienen o cómo son se dan este tipo de golpes?

– Los golpes en la historia argentina no han sido solo mediáticos, pero éstos han constituido un factor importante. Las guerras mediáticas son etapas de construcción de mitos, y esos mitos muchas veces contribuyen a derrocar gobiernos. Perón, que participó del golpe contra Yrigoyen, después se mostraba arrepentido. Decía que de Irigoyen y sus funcionarios se decían muchas cosas, que luego se demostraron como falsas. Casi que se los retrataba como una banda de ladrones. Y eso fue funcional para lograr apoyo para derrocarlo. Ahora también se demoniza a muchos funcionarios. Pero hay que distinguir entre la demonización y el periodismo de investigación. Si un periodista describe con toda rigurosidad un hecho de corrupción, eso no es guerra mediática, sino periodismo. Y si el gobierno no dice nada sobre una acusación, eso no es una estrategia de comunicación, sino encubrimiento.

–  Relacionado con lo anterior, ¿creés que hay o puede haber un golpe mediático en la actualidad? ¿Por qué? ¿Cómo suele darse un golpe mediático? ¿Lo de Illia fue exactamente eso?

– No, en absoluto. La democracia está fuerte. Y los medios más críticos no están buscando ninguna interrupción institucional. Por supuesto que les gustaría que Cristina Kirchner pierda el poder en el 2015. Los golpes no son mediáticos, tienen una dimensión mediática que no es lo mismo. Lo medios no son nunca el poder principal en una sociedad. En el golpe de Illia fueron importantes, pero la clave fue que la continuidad democrática en 1966 tenía pocos defensores. Ni el peronismo, ni otros sectores del radicalismo u otros partidos, fueron activos en la defensa de Illia. Ni hablar de la ciudadanía.

– Actualmente, hay una idea instalada de que el kirchnerismo tiene a la prensa como enemiga. ¿Dirías que es algo que se dio en otros gobiernos del mismo modo, o tiene esta coyuntura actual algún tipo diferencia?

– La tensión entre medios y gobiernos es natural, pero los gobiernos de los Kirchner eligieron designar a los medios como su principal enemigo. Rosas, Urquiza, Roca, Yrigoyen, Perón, Illia, también han señalado a los medios de sus respectivas épocas como enemigos importantes, y les han dedicado mucho tiempo. Lo nuevo en este caso es que, a 30 años de la recuperación democrática, no esperábamos que nos enredáramos en una guerra mediática, que huele a naftalina. La discusión sobre la legitimidad del periodismo, o del derecho de los gobiernos a cuestionar a los medios, ya estaban plenamente aceptadas.

Artículo original, en Yahoo Noticias

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