Timerman, el periodista que quiso ser parte del poder

Periodismo y actualidad | Planeta | 512 páginas | 139 pesos

Publicado en Yahoo Noticias

“He sido el más grande hijo de puta que hubo en la profesión”. Así se describió Jacobo Timerman, padre del actual canciller Héctor, cuando le preguntaron por su trabajo. Lo cierto es que al fundador de Primera Plana y La opinión (en los sesenta y setenta) nadie le regaló nada: él supo hacerse un espacio entre lo más alto del poder político de la República Argentina.

El periodista siempre tuvo afición por la pluma: comenzó escribiendo poesía y necesitaba buscar una profesión que tuviera que ver con la escritura. Su gran inteligencia, su habilidad para moverse en círculos muy cerrados y su sentido de la estrategia lo catapultaron a un lugar de privilegio. Almorzaba con funcionarios, que incluso acudían a él para pedirle consejos.

Absolutamente contradictorio, Timerman tuvo una directa participación en el derrocamiento de Arturo Illia. Años más tarde, fue secuestrado y torturado por la dictadura militar de 1976. Lo cierto es que Graciela Mochkofsky contó su historia hace diez años y nunca pensó que iba a cobrar más relevancia en 2013: el libro es, en gran parte, un gran caso para analizar la relación entre el periodismo y el poder político (cuestión central en la disputa Gobierno – Clarín)

“Fue un hombre brillante”, asegura Mochkofsky. Y su persona excede lo que es una biografía personal: “Su historia iluminaba aspectos centrales de la historia argentina de la segunda mitad del siglo XX”, agrega. Aquí, algunas de sus historias, sus logros, sus peores manchas, las torturas y el coraje de uno de los más grandes periodistas que tuvo el país.

 

– Olvidándote por un momento de hoy. ¿Por qué decidiste contar la historia de Timerman hace 10 años?

– Por varias razones. La principal es que era un personaje controversial, polémico, fascinante, y estaba segura de que su biografía sería interesante y valiosa. Había sido el gran renovador de la prensa argentina en los años 60 y 70, un editor legendario de la generación previa a la mía, y una mezcla de odio, envidia y admiración por él era aún perceptible en quienes habían trabajado con él en sus redacciones. Además, con el tiempo me di cuenta de que su historia iluminaba aspectos centrales de la historia argentina de la segunda mitad del siglo XX, y también la historia contemporánea de la relación entre prensa y poder en el país.

– Y diez años después, ¿por qué cobra relevancia este libro?

– Porque ese último tema, que terminó siendo uno de los hilos centrales de la biografía, el de la relación entre prensa y poder, es desde hace cinco años uno de los temas principales del debate público en la Argentina. Y la historia de Timerman arroja luz sobre el funcionamiento de la prensa, sobre su lógica y relaciones con la sociedad, todavía hoy.

Jacobo Timerman, en 1984. Murió en 1999. (AP)

– ¿Qué agrega esta edición definitiva?

– Un largo y sustancioso prólogo que, sobre todo, conecta la historia de Timerman con la Argentina actual.

 

– Robert Cox habló del libro como una “bildungsroman”, es decir, una novela de aprendizaje. ¿Con qué se va encuentra el lector en Timerman, en este sentido?

– Bildungsroman quiere decir novela de formación, esas novelas del siglo XIX que contaban la vida de un personaje desde su juventud hasta la adultez y su formación moral, psicológica, personal. Y es cierto que “Timerman” puede leerse así: como la vida de un hombre, de comienzo a fin, pero que habla de todo un clima de época.

– Una crítica que te hicieron, contás en el nuevo prólogo, es que “el periodismo es siempre parte del poder”, en referencia al subtítulo. ¿A qué poder te referías con dicho subtítulo? ¿Poder político? ¿Económico?

– Eso lo escribió Julio Ramos en la reseña que hizo del libro en Ámbito Financiero, a poco de aparecer la primera edición. Es una referencia al poder en general, podría decir también al establishment. Timerman quería tener influencia sobre las decisiones centrales del país, que en aquellos años estaban en buena parte en manos de los militares, que dominaban la escena política y los sectores cercanos y afines que dominaban la escena económica.

– Respecto de lo anterior, ¿cómo estaba vinculado Timerman con estos poderes?

– Estaba vinculado como puede estarlo un dueño de diario y editor influyente, o sea, mucho. Pero siempre fue visto como un outsider.

– Aparentemente por algunas cosas que contás, es imposible encasillar a Timerman de un lado u otro: izquierda, derecha. ¿Qué aspectos de dichas categorías encontraste en este personaje?

– No me interesa definirlo o encasillarlo en categorías, y siempre me he cuidado de no hacerlo. Lo fascinante es, justamente, su complejidad.

Héctor, uno de los hijos de Jacobo y actual canciller argentino (Getty Images)

– Tomás Eloy dijo que “no es la biografía que Timerman hubiera querido”. Pero contaste en una entrevista radial que sus hijos después te dijeron que si hubieran sabido que iba a ser un trabajo tan serio, hubiesen colaborado. ¿Cómo explicás esta “contraposición” -digámosle- de opiniones?

– No hay una contraposición, realmente. Sin importar lo que hayan dicho en circunstancias específicas, creo que Timerman, y así lo digo en el libro, no aceptó colaborar con la biografía porque no estaba dispuesto a hablar con honestidad sobre muchos asuntos y aspectos de su vida, y creo que los hijos, del mismo modo, no querían que se contaran algunas verdades sobre su padre.

– ¿En qué sentidos “cambió” la forma de hacer periodismo?

– ¿Entre la época de Timerman y esta? En muchas cosas cambió, profundamente. Estamos en un momento revolucionario, en buena parte del mundo, para el periodismo, a partir de los cambios que trajo Internet. Y en otros no cambió tanto, todavía aquí. Aunque el modelo de Timerman, el del medio influyente que vende esa influencia al poder a cambio de avisos o beneficios de todo tipo -el mismo modelo que, por ejemplo, también fue el de Clarín, y de muchos diarios en el mundo- está en crisis ahora y yo creo que va a morir.

– Contame algún “momento de coraje” del personaje.

– Hay varios a lo largo del libro. Creo que el más extraordinario ocurrió durante los interrogatorios post-tortura a que lo sometió Ramón Camps en 1977. Timerman desafiaba a sus interrogadores, se definía como sionista y de izquierda, que era algo que podía costarle la vida. Reconstruyo en mi libro buena parte de esos interrogatorios porque encontré en ellos momentos de gran coraje personal.

Artículo original, en Yahoo Noticias

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