“Estoy verde”, o cómo explicar la locura por los dólares

 Publicado en Yahoo Noticias

La locura por los dólares no es nueva: si bien es cierto que la prohibición lo tornó un objeto aún más deseado, desde los inicios del siglo XX la Argentina ejerció controles cambiarios. ¿Cuál es, entonces, la razón por la cual los argentinos no quieren saber nada con el peso nacional?

Pero “la dolarización del ahorro de la clase media y de las operaciones inmobiliarias no apareció hasta el Rodrigazo”, según explica Alejandro Rebossio, licenciado en comunicación, que lanzó junto al economista Alejandro Bercovich “Estoy verde”, un libro clave para entender la obsesión patológica por la “lechuga”, como se le dice en la jerga.

La dupla, prosaica por Rebossio y didáctica por Bercovich, va desde los distintos tipos de dólares (no sólo está el “blue”: Aníbal, Moreno, soja, tarjeta, cable, merca, casino… y la lista sigue) hasta las anécdotas más insólitas que involucran a políticos, empresarios y hasta narcos.

Aunque sea un libro de coyuntura, las peripecias contadas lo tornan un interesante “thriller”. Aquí, Rebossio desarrolla algunos conceptos para entender más esta fiebre por el dólar.

– La historia por la locura de los dólares comienza mucho antes del llamado mediáticamente “cepo” a esta divisa, como ustedes cuentan, con el comienzo de la dictadura de 1976. ¿Cómo se gestó el deseo por este fetiche?

– Desde los años ’30 comenzaron los controles de cambio para que la elite exportadora no se quedara con las divisas de sus exportaciones. Desde entonces poco a poco fue creciendo la dolarización del ahorro en la clase alta argentina, sobre todo a partir de la inflación en el Gobierno de Perón. Pero la dolarización del ahorro de la clase media y de las operaciones inmobiliarias no apareció hasta el Rodrigazo, en 1975, en el Gobierno de Isabel Perón. A partir de entonces y de la liberalización y bicicleta financiera de la dictadura, entre 1975 y 1990 la inflación dio un salto y nunca bajó en ese periodo del 100% anual, salvo un año. Y llegó a haber hiperinflación en 1989 y 1990.

Eso dolarizó aún más la sociedad. Y fue difícil después cambiar. Se inventó la convertibilidad, pero eso reforzó la dolarización, el pensar que el peso era igual al dólar. También ayudó la devaluación de 2002 y el corralito y el corralón, que no fue la primera vez en que se congelaron depósitos bancarios en la historia argentina. Toda esa historia de inflación (que desde 2010 siempre supera el 20%, algo anormal para Latinoamérica, salvo Venezuela), devaluaciones y corralitos ayudaron a crear el fetiche, es decir, hay motivos racionales, más allá de que muchos ahorristas actúan de manera compulsiva con el dólar. 

– En el capítulo 3, “TOC o racionalidad”, indagan por la relación entre el argentino y el dólar. ¿Qué encontraron de interesante allí, a partir de esta obsesión de mirar constantemente a cuánto cotiza incluso cuando no hay intenciones de comprar?

– El dólar le importa a las clases medias y altas. Los de clase alta tienen otras alternativas de ahorro o inversión. La media, cuando puede ahorrar, solo piensa en plazo fijo o dólar, si el plazo fijo no rinde más que la inflación, va al dólar, aunque tampoco le gane a la suba de precios. Pero el argentino vincula el dólar con la experiencia de las crisis y piensa que, aunque en el corto plazo no le dé mucha ganancia, en el momento en que se repita una crisis, será lo mejor tenerlo en el bolsillo. Hay cuestiones culturales, no económicas, pero no por eso hay que despreciarlas. También hay motivos económicos.

– ¿Por qué en la Argentina el mercado inmobiliario está dolarizado, mientras que en otros países esto no sucede?

– Es cierto, ni el mercado inmobiliario ni el ahorro de la clase media está dolarizado en los países vecinos, por ejemplo. Y Argentina es una excepción por esa historia que tiene, porque en los últimos años ha tenido una inflación que superó el rendimiento del plazo fijo, a diferencia de lo que sucede en Brasil, donde además se venía apreciando el real. La mayor estabilidad de precios lleva a que los inmuebles puedan tener un precio en reales o pesos chilenos y que no cambien todo el tiempo, como en un país con inflación del 23%, como ahora en Argentina. Pero no es solo cuestión de lo que ocurre en el presente sino que en otros países no ha habido una historia reciente de inflación e hiperinflación o si la hubo, no fue tan dramática y ha dejado de ocurrir en los últimos 20 años, como en Brasil.

– Imaginemos un escenario en el que se levantaran las restricciones impuestas en 2011. Aunque sea un contrafáctico, ¿qué consecuencias podría tener esto en la economía argentina? ¿Y en el bolsillo de los argentinos?

– Aunque prefiero no hacer pronósticos, los economistas dicen que el precio de un dólar libre no sería tan bajo como el oficial actual ni tan alto como el “blue”. Una devaluación mayor a la que ya está haciendo el Gobierno (en los últimos 12 meses el dólar subió 30% frente al peso) elevaría inicialmente los precios y hundiría la actividad económica, como ocurrió a principios de año en Venezuela, cuando dejó devaluar 30% el bolívar en el mercado oficial y la inflación subió al 42% y la economía se estancó. Pero ahora Venezuela está creciendo un poco más. Es que la mano de obra se abarataría y algunos empresarios aprovecharían para producir alguna cosa en Argentina, como ocurrió en 2002. Estos cambios abruptos son muy duros en términos sociales y por eso ahora el Gobierno, no en 2011 sino en 2013, ha decidido dejar depreciar el peso oficial, a la par de lo que le ocurre a casi todas las economías emergentes.

– ¿Cuáles son los riesgos que se corren al apostar, por todos los medios, al ahorro en dólares?

– Un riesgo sería que un inspector de la AFIP lo detecte, pero no conozco casos de clientes atrapados, sino sólo algunos casos de cueveros y arbolitos sancionados o en proceso de sanción. La ley penal cambiaria pena con hasta ocho años de prisión, pero muchos la vulneran igual. Otro riesgo es el de comprar demasiado caro en el mercado blue y que después baje el precio. Eso le ocurrió a los que compraron dólares a más de 10 pesos en mayo, pero claro que no se sabe cuándo volverá a ese precio o si volverá alguna vez. Pero si el que compró a diez quería hacer una ganancia de corto plazo porque pensaba que iba a subir a 12, quizá se lamentó cuando bajó a menos de ocho y ahora disfruta viéndolo subir otra vez a más de nueve. Además, el que compra en el blue y después gana pesos así, después tendrá que tomar precaución para ver cómo blanquea ese dinero generado en negro.

– En el libro se habla de distintos tipos de dólares… ¿Me hacés un breve resumen de ellos?

– Hay muchísimos. Algunos de ellos ya estaban contados en la nota que sirvió de puntapié al libro y que fue transformada para ser el capítulo uno de Estoy Verde. Pero básicamente ahora hay un dólar oficial, un dólar exportador (oficial menos retenciones), uno importador (oficial menos la comisión que deben pagar los importadores para conseguir un exportador que le venda su producción y así poder equilibrar su propia balanza comercial, como le exige Guillermo Moreno), el tarjeta (oficial más impuesto del 20%, que se puede recuperar con un trámite en AFIP), el blue o ilegal o paralelo, el contado con liqui (que es legal y es para fugar dólares al exterior con operaciones con bonos y acciones), el dólar bolsa (que es parecido al contado con liqui, pero es para hacerse de las divisas en Argentina mismo), el dólar cable (que es para fugar dólares al exterior de manera ilegal, que es usado por millonarios con dinero negro o por contrabandistas), entre otros.

– ¿Qué era “El club de los Diez”?

Era un grupo de amigos que se turnaban cada mes para viajar a Santiago de Chile con pasaje, hotel cinco estrellas y alguna comida incluida y que se financiaba con la plata que el elegido sacaba de los cajeros automáticos de allá. El tipo se llevaba varias tarjetas propias y de sus amigos, como 30 por lo menos. Y sacando dólares a tipo de cambio oficial afuera y vendiéndolos después acá en el blue hacía una diferencia tal que costeaba los gastos de su viaje y llevaba ganancias para él y sus nueve amigos. El club se abortó desde que el Gobierno impuso restricciones a la retirada de divisas en los países limítrofes. El club de los diez funcionaba en Chile, pero muchos argentinos hicieron viajes similares a Uruguay, el llamado dólar Colonia, sin la organización tan elaborada del tour como aquellos diez.

Artículo original, en Yahoo Noticias

 

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