“San Martín fue grande por lo que hizo a pesar de sus falencias, no por no haberlas tenido”

José de San Martín, uno de los “padres” de la patria argentina, es una figura ya mitológica: se han escrito océanos de tinta sobre el cruce de los Andes, sobre las dificultades que superó para llevarlo a cabo, y en torno a su gran capacidad táctica para la guerra. Pero este prócer fue mucho más que el libertador de América: también tuvo un proyecto pedagógico-cultural que incluyó la creación de bibliotecas, escuelas e instituciones jurídicas.

El autor del ambicioso Plan Continental supo renunciar al proyecto de una vida en familia y de una carrera brillante a nivel individual, para poner todas sus energías en captar el clima de época independentista que se experimentaba en la zona rioplatense por los años 1800.

“San Martín, general victorioso, padre de naciones”, retrata a este personaje crucial de la historia de Argentina, Perú y Chile, centrándose en su vida personal: “Sin renunciar a la seriedad y al equilibrio propio del historiador, elegí divulgar la extraordinaria vida de uno de los padres de la independencia de América”, explica Miguel Ángel de Marco, historiador dedicado a la historia política, militar y naval de la Argentina del siglo XIX.

Aquí, De Marco cuenta por qué, habiendo tanta literatura sanmartiniana, aún quedan cosas por decir de esta figura fundacional de la historia nacional que excede fronteras.

– El libro comienza por su entorno más cercano. ¿Cómo era José de San Martín con su familia?

– Era un buen hijo y un buen hermano. Mientras estuvo en España, y a pesar de que fue militar desde la niñez, estuvo muy cerca de sus padres y de sus hermanos. Cerró los ojos de don Juan de San Martín y fue un apoyo afectuoso de su madre, pero al volver a América no pudo acompañarla en sus últimos momentos. Doña Gregoria Matorras subrayó en su testamento que el hijo que menos trabajo le había dado, y menos gastos le había producido era “don José Francisco”.

– Hay mucha bibliografía escrita sobre San Martín. ¿Qué perspectiva tiene el libro que acabás de publicar?

– Me guió, sobre todo, el propósito de poner al alcance del gran público los rasgos principales de una de las personalidades más importantes de la historia argentina y sudamericana. Aun cuando la bibliografía acerca de San Martín es vastísima, como expreso en el libro, “cada cantor tiene su cifra”, es decir su modo de enfocar los personajes y sucesos y dimensionar su importancia. En mi caso, sin renunciar a la seriedad y al equilibrio propio del historiador, elegí divulgar la extraordinaria vida de uno de los padres de la independencia de América, basándome no sólo en documentos y escritos de otros estudiosos sino en trabajos escritos por mí a lo largo de varias décadas.

– ¿Qué fue el Plan Continental?

– San Martín -tal vez influido por los enunciados de otros militares de su tiempo-, concibió una idea táctica y estratégicamente más completa, la cual se adecuó, con respecto a los medios materiales y humanos, a la realidad en que le tocaba actuar. Abogó por no seguir gastando hombres y recursos en las provincias norteñas y aconsejó que se adoptara allí una actitud defensiva mientras se formaba un ejército pequeño pero sumamente eficaz que cruzara la cordillera por columnas principales y secundarias, derrotara a las tropas de Fernando VII, diese libertad a Chile, y mediante los esfuerzos complementarios entre las Provincias Unidas y de Chile, se realizara una expedición anfibia al Perú para tomar Lima por mar. Esa acción se complementaría con los patriotas de la parte septentrional de América del Sur, lo cual permitiría acabar con el poder español. El plan tuvo dos pilares en el director supremo argentino Pueyrredon, y en el director chileno Bernardo O’Higgins.

– San Martín es conocido por sus victorias bélicas e independentistas. Pero también fundó instituciones como tribunales, escuelas y hasta bibliotecas. ¿Cuáles fueron sus aportes en este sentido?

– San Martín era un militar intelectualmente bien formado. En su concepto, la instrucción pública era la piedra basal de toda nación libre y soberana. En circular a los maestros mendocinos, dirigida en calidad de gobernador intendente de Cuyo, expresó en 1815: “La educación formó el espíritu de los hombres. La naturaleza misma, el genio, la índole, ceden a la acción fuerte de este admirable resorte de la sociedad. A ella han debido siempre las naciones la varia alternativa de su política”. A poco de asumir, años más tarde, el gobierno de la República del Perú por él fundada, ordenó que se hiciesen extensivas a la mujer las ventajas del sistema lancasteriano, pues “sin educación no hay sociedad… La educación de un pueblo sirve de apoyo a las instituciones que se le den”. Después del triunfo de Chacabuco, al renunciar a los 10.000 pesos en oro que le otorgó el Cabildo de Santiago de Chile, pidió que fueran asignados a la creación de una biblioteca nacional. “Yo deseo -dijo entonces- que todos se ilustren en los sagrados libros que forman la esencia de los hombres libres”. Tiempo después donaría su propia biblioteca para fundar la de Lima, porque “la ignorancia es el más sólido apoyo del despotismo”.

– También describís en el libro sus aportes a la Justicia. ¿En qué consistieron?

– La recta administración de justicia fue siempre una de sus mayores preocupaciones. Concretada la expedición libertadora al Perú y a escasos días de asumir como Protector, dictó un Estatuto Provisional en el que dejó bien claro que si bien se haría cargo transitoriamente de las funciones ejecutivas y legislativas, se abstendría de “mezclarse jamás en el solemne ejercicio de las judiciales porque su independencia es la única y verdadera salvaguardia de la libertad del pueblo”. Posteriormente, en el Reglamento de los Tribunales, quedó expresada una vez más su categórica convicción: “La imparcial administración de justicia es el cumplimiento de los principales pactos que los hombres forman al entrar en sociedad”.

– Cuando contás la forja del Ejército de los Andes, describís los problemas de salud de San Martín. ¿De qué se trataban? ¿Cómo las enfrentó?

– Padecía serios problemas gástricos, que en su tiempo resultaban difíciles de curar. Muchas veces sufrió vómitos de sangre. Además, lo aquejaban el asma y la debilidad de sus pulmones. Cuando organizaba el Ejército de los Andes su médico le daba poca vida. Se llegó a pedir un segundo jefe por si lo sorprendía la muerte. Sin embargo, aun en medio de grandes dolores y postraciones, los superó y logró cumplir con su gigantesca empresa. En la vejez, a esos antiguos padecimientos se agregó una paulatina pérdida de la visión, que no llegó a ser total.

– ¿Cómo se forjó dicho ejército?

– El Ejército fue fruto de la visión de San Martín, pero también de sus dotes de organizador y conductor de firmeza inquebrantable. Podía decirse que constituyó con sus jefes, oficiales y soldados, “un equipo invencible”. Pero tal vez no habría podido lograr sus objetivos, como dije sin el apoyo del director Juan Martín de Pueyrredon, y sobre todo de la abnegación del pueblo cuyano, especialmente de los mendocinos, que brindaron  sus bienes y sus vidas para dar vida y sostén a una casi perfecta maquinaria guerrera.

– La “Patria” es un término muy usado y más que repetido, también en la actualidad. ¿Qué concepción de “Patria” tenía San Martín?

– En San Martín, como en casi todos los hombres de su tiempo, coexistían la idea de una patria chica -en su corazón, Mendoza-; de una patria grande, que eran las Provincias Unidas del Río de la Plata, su tierra natal, de la que formaba parte Yapeyú donde había visto la luz, y de una patria común de todos los hombres del Continente: “la patria americana”. La patria merecía, en su concepto, el sacrificio de la tranquilidad, los bienes y la propia vida. Requería, también, la honestidad y el desinterés puesta a su servicio.

– En torno al cruce de Los Andes hay mucho de mito y mucho de realidad: cómo lo hizo y en qué condiciones. ¿Qué investigaciones realizaste en este sentido?

– La realidad es que el cruce fue una empresa militar extraordinaria, más allá de cualquier mito. Nada quedó librado al acaso. El campamento de Plumerillo fue el taller donde se construyó esa máquina guerrera: los hombres fueron disciplinados para las difíciles condiciones del cruce y para enfrentarse durante la marcha o al llegar a Chile con tropas aguerridas; fueron acostumbrados a un tipo especial de sustento y a soportar las enfermedades de las alturas. Lo que hoy llamaríamos “logística” tuvo un papel especial, y sólo así pudieron sortear las montañas más altas del Globo, como las mencionó San Martín en su parte de la batalla de Chacabuco, hombres, cabalgaduras y cañones para ser puestas de inmediatas en condiciones de combatir.

– En el libro hablás de sus “virtudes” y también de sus “falencias”. ¿Podrías resumirme un poco de eso acá?

– Entre las virtudes sanmartinianas están la honestidad, el desinterés, la renuncia a su bienestar y aun al calor de sus afectos más cercanos, esposa e hija, para concretar la independencia de la parte austral de América del Sur. En cuanto a las falencias, me refiero a  defectos que pudo tener como ser humano. Muchas veces se lo presenta como una especie de semidiós. Como digo en el libro: “San Martín está en el bronce por lo que hizo sobreponiéndose a sus humanas falencias y debilidades; no por haber carecido de ellas. Ese es su ejemplo, tan vigente como necesario en nuestros días”.

Artículo original, en Yahoo Noticias

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s