El padre Pepe, el cura de la villa que lucha contra el narcotráfico

Publicado en Yahoo Noticias

José María di Paola es conocido por todos como el padre Pepe. Se ganó el mote de “cura villero”, por su trabajo social en las villas de emergencia con chicos en situaciones altamente vulnerables. Drogas, alcohol y violencia cotidiana afectan a quienes más sufren la marginalidad, teniendo como denominador común a la complicidad entre el narcotráfico, el poder político, el policial y el judicial. Una trama que parece inquebrantable.

Sin embargo, Pepe nunca bajó los brazos. Su trabajo para ayudar a estos sectores es enorme. Sus intentos por destrabar la compleja cadena de complicidades son gigantes. Y su esfuerzo por des-estereotipar la criminalización de la pobreza es monumental. Quizás por eso sufrió las amenazas más temibles de quienes están en los círculos más altos del poder del narcotráfico.

Hasta Jorge Bergoglio, entonces cardenal y hoy Papa Francisco, advirtió las amenazas del narco en una villa por su lucha contra el negocio, no contra los consumidores.

Silvina Premat retrató la vida de Pepe, enmarcada en su incansable lucha social. Seguramente habrá muchos “padres Pepe” en el país. Quizás en honor a ellos, la historia de José María di Paola valga la pena ser contada: para entender que la Iglesia, atravesada por una crisis secular que le vale fundamentadas críticas desde diversos flancos, también puede transformar la realidad de quienes más lo necesitan.

– Previo a este lanzamiento, trabajaste con “Curas Villeros”. ¿Qué aprendiste escribiendo ese libro?

-En cuanto al conocimiento de la realidad histórica haciendo “Curas villeros”, que se publicó en 2010, aprendí que desde los últimos años de la década del ’60 la Iglesia nunca abandonó las villas de la ciudad de Buenos Aires. En lo que respecta  a la vida  misma aprendí que es verdad algo que había escuchado decir: que nada puede callar la exigencia de felicidad que anida en cada corazón humano; ni el hambre, la tragedia, el abandono, la desprotección, el alcohol o el consumo abusivo de drogas.

– ¿Cómo trabajan estos curas? ¿Pudiste divisar los resultados del esfuerzo que realizan?

-Cada uno, o cada grupo en cada villa puede tener un ritmo o una dinámica de trabajo distinta. Lo que tienen en común es la entrega total a atender a los vecinos de las villas en cualquier horario. Son muy pocos, entre ellos, los que tienen responsabilidades fuera de las capillas de las villas. El “resultado” de lo que hacen se ve en la relación que tienen con la gente con la que viven y en las historias de vida que describo.

– ¿Por qué contar la historia de Pepe?

-Decidí contar la historia particular del padre Di Paola cuando recibió nuevas amenazas, a fines de 2010, y decidió irse de la Villa 21-24, de Barracas, donde había vivido durante 13 años. Después de haber contado el devenir de los curas durante cuatro décadas en ocho villas porteñas quise profundizar en la trayectoria de un sacerdote. Busqué dar a conocer las experiencias que tuvo que afrontar y a raíz de las cuales surgieron las obras (los hogares, los programas de acompañamiento a los adictos, y los distintos grupos e iniciativas para niños, jóvenes y adultos). También abordo otras circunstancias que fueron moldeando su corazón sacerdotal como por ejemplo las crisis por las que tuvo que atravesar.

– ¿Cómo definirías al padre Pepe?

-Sin dudas, como un hombre de Dios.

– ¿Cómo decidió ser cura?

-La primera vez que pensó ser sacerdote tenía 15 años y estaba en un campamento en la montaña, en Bariloche. Pero tomó la decisión al terminar el secundario, a los 17 cuando estaba de novio y había empezado a prepararse para ingresar a la facultad de Derecho, en la UBA. En el libro recreo los diálogos que mantuvo en ese entonces con sus padres y sus compañeros del secundario que espero ayuden a entender un poco más lo que se vive en este tipo de situaciones.

– El libro arranca con una despedida del padre Pepe, donde se ven las muestras de afecto de innumerables personas ayudadas por él. Cartas, reconocimientos, gestos. ¿Por qué dejó el trabajo en las villas 21 y 24? ¿Qué camino emprendió? ¿Por qué regresó?

– Se fue de la Villa por las amenazas que volvió a recibir debido a su trabajo con los adictos al paco. Fue a un pueblo del norte argentino, Campo gallo, en Santiago del Estero. Allí trabajó también de forma incansable y vivió un cierto exilio en su propio país. Decidió entonces regresar a Buenos Aires para continuar las obras que había comenzado y porque percibió que lo suyo era estar junto a los más pobres y desprotegidos, como son los vecinos que viven en las villas.

– ¿Cómo cambió su vida cuando fue amenazado?

– Perdió la libertad de moverse en su bicicleta por la villa como hacía antes y al mismo tiempo empezó a ser consultado por temas vinculados con los jóvenes, con las adicciones y con las villas, no sólo por mis colegas sino también por legisladores, políticos, funcionarios y emprendedores y profesionales de distintas organizaciones no gubernamentales. De hecho, el gobierno de los Estados Unidos, por ejemplo, lo seleccionó para un programa de líderes en los que participaron muchos presidentes, jueces y otros profesionales destacados de todo el mundo.

– ¿Puede una persona como él revertir los dramas sociales de los habitantes de las villas de emergencia? ¿Qué estructura logró consolidar? ¿Qué le falta, dentro de esa estructura?

– No creo que, como “soldado de la Iglesia” -como él mismo se describe-, busque lo que afirmás: revertir los dramas sociales de los habitantes de las villas. El padre Pepe dice que hace todo lo que hace con la intención de acercar a la gente a Dios. Me animo a decir que él está convencido de que con Dios cualquier persona puede ser más dueña de sí misma y entonces esforzarse por intentar vivir bien y hacer el bien a los demás. Más que las estructuras que logró consolidar -en el libro detallo las obras que puso en pié- estimo que su mayor aporte está en la alegría y esperanza que trasmite. Y puede hacerlo porque, como me dijo el papa Francisco cuando todavía era arzobispo de Buenos Aires, “Pepe irradia la alegría de Cristo que primero recibió él” y porque “tiene un ímpetu inextinguible para evangelizar”.

Artículo original, en Yahoo Noticias

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