La “verdadera” cara del kirchnerismo: “En provincias como Chaco hay una segregación de características coloniales”

Publicado en Yahoo Noticias

Néstor y Cristina Kirchner han llevado a cabo una serie de políticas que fueron calificadas por el mismo kirchnerismo como progresistas. La asignación universal por hijo como una ayuda para los sectores más desprotegidos es, seguramente, la medida en la que se ha apoyado el oficialismo para sostener esta posición. Sin embargo, en las provincias, los gobernadores kirchneristas, con el apoyo de la Presidenta, muestran la cara más retrógrada: eternizados en el poder, aplican prácticas represivas contra trabajadores, campesinos y comunidades originarias.

Empleo en negro, clientelismo y narcotráfico son moneda corriente en algunas provincias a lo largo y ancho del territorio nacional. Formosa tiene a un gobernador, Gildo Insfrán, hace dos décadas. La Tucumán de José Alperovich presenció crímenes como el asesinato de Paulina Lebbos, encubierto por fiscales corruptos porque están involucrados hijos del poder. Juan Manuel Urtubey dicta la materia de religión católica en las escuelas públicas de Salta y no promueve la educación sexual, en una provincia seriamente afectada por embarazos adolescentes. Y la lista sigue.

¿Qué explica el desacople entre las medidas progresistas impulsadas por el ejecutivo nacional y las prácticas cuasi feudales de los “caciques” provinciales? ¿Cómo no hay un límite a la reelección indefinida de ciertas provincias? ¿Hay un hiato entre relato kirchnerista y realidad? ¿O el kirchnerismo manifiesta su esencia a nivel provincial?

El periodista Diego Rojas (autor de “Argentuits” y “Quién mató a mariano Ferreyra”) acaba de lanzar “El kirchnerismo feudal”, un trabajo que cuenta detalladamente cómo operan los gobernadores kirchneristas en las provincias más golpeadas por la pobreza, la mortalidad infantil y el clientelismo que los hunde en un pozo sin fondo. Aquí, algunos conceptos sobre las prácticas de los gobernadores y sus duras consecuencias en los sectores populares.


– El título del libro es “El kirchnerismo feudal”: ¿en qué sentido usás la palabra?

– El título no se refiere al sentido historiográfico más generalizado que refiere a un modo de producción previo al capitalismo, medieval, donde hay siervos que rinden tributo. Me refiero al uso más popularizado del término “feudal” y que tiene una relación directa con lo que sucede en el interior argentino, donde hay gobiernos encarnados en el poder desde hace décadas, que hacen negocios que responden a sus intereses particulares, represivos, y con prácticas conservadoras -a veces hasta fascistas-. Eso es lo que hoy se puede plantear como un kirchnerismo feudal, son expresiones concretas del kirchnerismo en distintas partes del país.

[RELACIONADO: “Los patrones de la Argentina K”, el libro que cuenta la plata que hicieron los empresarios durante el kirchnerismo]

– ¿Hay una cultura política más “atrasada” en el interior del país, o a qué responde que por ejemplo en ciertas provincias las constituciones locales permitan la reelección indefinida?

– No me parece que responda a un atraso o no atraso. En todo caso lo que plantea el libro y que responde a una tesis más bien política es la posibilidad de un desarrollo desigual: existe la posibilidad de planteos muy modernos en ciertos aspectos de la sociedad, la cultura y la política que conviven en las sociedades capitalistas con cierto estancamiento, que corresponde a estadios anteriores. Están estas convivencias, se puede decir de “atraso” entre comillas.

El tema de las constituciones me parece interesante. Por ejemplo, uno puede pensar que en Santa Cruz, donde se realizaron experiencias constitucionales interesantes, como la eliminación de la ley de lemas. Pero luego, en Santa Cruz mismo, se planteó la reelección indefinida (Néstor Kirchner fue uno de los primeros gobernadores en extender su mandato por tercera vez). Creo que responde a las necesidades políticas de ciertos sectores, y eso hace que convivan planteos modernos con otros de culturas políticas anteriores.

– Hay algunos episodios como el del narcoconcejal K que podrían pasar en la Provincia de Buenos Aires, o en la Capital. ¿Qué particularidad tienen estos casos en el interior del país?

– Es que el caso puntual de Formosa, además de estar atravesado por la corrupción y el fascismo como tantas otras, está muy afectada por el narcotráfico. Puntualmente, hay un concejal kirchnerista al que se le encuentran 700 kilos de cocaína en el despacho, hay una concejala a la que se le hallan tres kilos de marihuana en su auto, otra con una cocina de cocaína en su departamento. Además, Formosa es un lugar de paso de cocaína de Bolivia y marihuana de Paraguay -más allá de la posición que uno pueda tener respecto de la despenalización de los estupefacientes- y se convierte en una zona de tránsito muy frecuentada. Ahí yo cuento algo que cuenta Félix Díaz, líder de la comunidad Qom La Primavera, que es cómo la misma policía cortaba la ruta que está a la vera de donde están ellos, aterrizaba una avioneta, descargaba algo, la avioneta se iba y la policía volvía a su puesto. Es algo que no podría ser realizado sin la complicidad del poder político con el policial, claramente.

[RELACIONADO: “Estoy verde”, o cómo explicar la locura por los dólares]

– A los qom los han descrito como una “anomalía” desde el gobierno provincial. ¿Cómo es la relación entre el Estado y los Qom?

– En Chaco y Formosa, donde se concentra la población Qom del país, tienen una relación de distancia, segregación. En el Chaco ha habido un montón de muertos qom, crímenes de odio, amparados bajo el poder del Estado, venganzas políticas, ha habido dirigentes políticos qom muertos como el caso de Mártires López en el Chaco en situaciones muy dudosas. En Formosa, la policía misma ha matado gente y le ha causado graves heridas a la comunidad. Hay una situación de segregación que responde quizás a una cuestión muy anterior, quizás instalada por la colonia, pero lo cierto es que se mantiene hasta el día de hoy. Y además, hay que tener que estas comunidades aborígenes y estas dos provincias es donde se concentran los mayores índices de analfabetismo, de pobreza y mortalidad infantil a nivel nacional.

– Cuando contás los casos de represión, pareciera haber distintos responsables. En Formosa, por ejemplo, los cortes de la ruta 86 van de la mano de Insfrán. Pero cuando pensamos en la represión de Neuquén por Chevrón, se cuelan los intereses sectoriales de los empresarios. ¿Cómo son los vínculos entre los estados provinciales, el empresariado y las policías locales?

– Hay lugares donde las corporaciones son como estados paralelos al Estado mismo. Hay algo que no conté en el libro, pero porque hay muchísimas cosas para contar, y es que hay una mina que funciona dentro del municipio El Aguilar. Y el intendente, cada vez que sale de la mina, tiene que registrarse ante los guardias de seguridad del yacimiento. Es un caso increíble porque el poder real lo ejerce la minera que le da a los trabajadores de la mina vivienda, trabajo y demás. Es decir, el poder político está en manos de un municipio que está soslayado a ese poder empresarial. Eso mismo sucede en Ledesma con los Blaquier, hasta hace poquito su presidente le escribía poemas a Cristina Fernández. En síntesis, el poder del Estado sirve a un poder económico. En Jujuy está el caso de las tierras tomadas del ingenio Ledesma, por la Corriente Clasista y Combativa, que fueron reprimidos por brigadas en las que estaban las guardias de seguridad de la empresa, junto con la policía provincial.

– ¿Creés que Cristina podría romper con los gobernadores, o hay configuraciones pragmáticas que le impediría cortar esos lazos?

– Esa es una justificación muy triste que usa muchas veces el kirchnerismo que, avergonzado de la realidad de sus políticas, la une a una causa sumida en esa realpolitik. Pero la realidad es que el kirchnerismo ha convivido con esos gobiernos, los ha incentivado, es socio de ellos, Cristina saluda a Insfrán en actos oficiales, banca a Alperovich en Tucumán… No pareciera haber una tensión, sino por el contrario, hay un uso conveniente de ambos. Hay una relación de conveniencia para que estos regímenes mantengan su poder en las provincias que gobiernan, por más que el ejecutivo nacional se diga a sí mismo progresista.

– ¿Qué cambió con la llegada del kirchnerismo en Jujuy, por parte de Milagro Sala?

– Ahí pasa algo interesante. Hay una tensión muy fuerte entre el desarrollo de esta fuerza política que tiene características populistas muy marcadas, pero que a la vez ha sido usada en función de la represión del Estado y de un uso de la violencia contra los movimientos de lucha, y hasta incentivada por el Estado mismo.

A mí me parece muy interesante esto: que la barrabrava del club más importante de Jujuy, que es Gimnasia y Esgrima, que se llame “la banda de la flaca” en referencia a Milagro Sala, que tenga grupos de choque y que cuando va la prensa -como le sucedió a Lanata, más allá de la opinión que uno pueda tener sobre Lanata- les roben los equipos y agredan a sus periodistas, marca usos fascistizantes de la agrupación que, sin embargo, se está consolidando y tiene un poder muy fuerte al amparo del Estado. Habrá que ver para dónde evoluciona este grupo, pero que en principio tiene estos rasgos que me producen un cierto escozor. Lo que me parece a mí es lo siguiente: si no hay caminos estructurales, si no se actúa en función de transformaciones profundas, lo que hay son cambios que se realizan para que, en el fondo,  nada cambie.

[RELACIONADO: La trama de la Policía Federal, explicada en un libro]

– ¿Hay un rédito político del Estado en su interés por estos movimientos populares?

– Claro que lo hay. Jujuy es uno de los casos más representativos en función de la cooptación que ha tenido el Estado de movimientos de lucha para transformarlos en movimientos paraestatales a través de beneficios. En Jujuy nació el movimiento piquetero con el Perro Santillán y expresiones culturales populares explosivas. Eso tuvo en el movimiento de Sala su máxima expresión, pero atravesado por la cooptación del Estado para acabar, justamente, con ese movimiento de lucha que ha sido usado como brazo de choque en varias oportunidades. En 2003 los planes sociales y las mesas de enlace que creó el gobierno con los movimientos piqueteros apuntaban apuntaba a una cooptación. Es más, en 2003 la CCC participó de actos con Néstor Kirchner. Había una gran tensión en ese sentido en ese momento. La expresión más cristalizada de la cooptación de esos movimientos se da en el movimiento de Milagro Sala.

– En un momento del libro marcás una diferencia al interior de los movimientos sociales: están los casos como el del MTD, que aceptan la paz social, mediante la construcción de emprendimientos subsidiados por el Estado, por ejemplo, y los que le oponen resistencia al aparato represivo del Estado. ¿Cómo funcionan ambos?

– Sí, tiene que ver con lo que decía antes, hay dos clases de movimientos. La cooptación de estado que comentaba, que terminan convirtiéndose en administradores de planes del Estado, que incluso va en contra de los derechos de los trabajadores en general: todos los emprendimientos, las cooperativas, los planes de construcción, no responden a los requerimientos más básicos establecidos por la ley general de contratos de trabajo ni los convenios de la construcción, sino que son cooperativas truchas que precarizan el trabajo. Hay un trabajo precarizado extendidísimo a través de estos planes del Estado. Una cosa es la aceptación de esto como parte de la lucha como objetivo político de transformación social más trascendente y otra cosa es la conformidad de esto que crea burocracias en el campo de estos sectores, de estos movimientos sociales que se convierten en administradores de la pobreza. Me parece que esta es la situación: existen los que quieren transformar la sociedad y por eso luchan y los que se conforman con lo que el Estado les da y se transforman en administradores de las miserias de este sistema.

– Muchas constituciones provinciales facilitan la eternización en el poder, en tanto no le ponen topes a la reelección de los gobernadores. ¿Qué podría hacerse desde un ejecutivo nacional para limitar estos regímenes cuasi feudales?

– Dos cosas. Primero, uno no debería dejar de diferenciar que el poder del Estado es el máximo poder al que se puede acceder en cualquier nación. El poder del Estado nacional es la concentración de los poderes, incluso de la fuerza y del aparato físico de la fuerza. Señalado esto, hay que tener en cuenta que estas regiones provinciales, por sus características, constitucionalmente estarían habilitados a ser intervenidos estatal-nacionalmente, si hiciera falta. Y si no fuera el caso, los poderes estatales nacionales deberían incentivar y promover los movimientos que están en contra de estos poderes feudales, y no asociarse con ellos para alentar su permanencia en las esferas de lo elevado durante tiempos eternos.

Estoy convencidísimo que un ejecutivo nacional que esté dispuesto realmente a una transformación social profunda y trascendente puede combatir a estos gobiernos provinciales de una manera efectiva. Y una cosa interesante es la siguiente: yo en el libro trato de mostrar cuáles son las características de estos gobiernos conservadores en las provincias que hoy representan al kirchnerismo como tal en las provincias. Pero también trato de mostrar los movimientos de lucha que existen en esos lugares y que se enfrentan, y que son parte del puntal que puede transformar totalmente estas estructuras. Donde hay poder, hay resistencia.

Artículo original, en Yahoo Noticias

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s