“Trimarco no es una heroína, es una persona de carne y hueso”

Publicado en Yahoo Noticias

La implacable búsqueda de una madre por su hija ha encontrado en el caso de Marita Verón su máxima cristalización: la joven tucumana desapareció cuando tenía 23 años, el 3 de abril de 2002.Desde aquel día, la vida de Susana Trimarco cambió para siempre.

“Ella era una señora de su casa que se dedicaba a sus hijos, su familia, literalmente de su casa: de arreglar las cortinas, el jardín, hacer los manteles “, explica Soledad Vallejos, quien acaba de publicar “Trimarco, la mujer que lucha por todas las mujeres”. Y sucede que la madre de Marita se vio luchando por chicas que estaban encerradas en un mundo que ella ni siquiera imaginaba que existía. Pero lo conoció y lo denunció, cuando nadie confiaba sus palabras.

La búsqueda de su hija la llevó más allá de lo que pudo imaginar: camuflarse en prostíbulos para hablar con víctimas de la trata para conseguir información, hasta rescatar a esas chicas. Fundó “María de los Ángeles”, ONG que sacó a cientos de mujeres de la compleja y mafiosa red de trata. Y aún hoy mantiene intacto, aunque con ciertas dudas, el sueño de encontrar a su propia hija.

Aquí, la periodista (autora de varias biografías, entre ellas la de Amalia Lacroze de Fortabat, y actualmente redactora de Página 12) que siguió de cerca el caso a través del juicio por su desaparición, cuenta cómo es esta mujer que tiene un coraje de dimensiones excepcionales, pero que “no es una heroína, sino una mujer de carne y hueso”.

– ¿Por qué contar la historia de Susana Trimarco?

– Por empezar, porque no estaba contada. A Susana siempre se la contó en diarios, con todo lo que eso implica: limitaciones de tiempo, espacio, y siempre muy pegado a la coyuntura. Por otro lado, el año pasado cuando terminó el juicio me volví a Buenos Aires con una sensación rara, porque en Tucumán Trimarco era una figura polémica y debatida. Se cuestionaban cosas de la fundación. Era un momento raro, escuche cosas que en Buenos Aires no se escuchaban, pero que terminaron llegando. Habían pasado muchos años desde que el tema había entrado en la agenda política y social -a instancias de ella-. No habría ley de lucha contra la trata, aún cuando todavía falta reglamentar la nueva reforma, si no fuera por Trimarco. Tampoco la fundación ni todas las organizaciones contra la trata.

– ¿Qué cosas se dicen en contra de Trimarco en Tucumán y ahora en Buenos Aires?

– Por ejemplo, hace poco dijeron “le dieron un millón de pesos a Trimarco”. Y no se los dan a ella, se los dan a la fundación. Y sin embargo se la cuestiona, se cuestionan las víctimas, se cuestionan que existen redes de trata: se duda de la víctima. Y Trimarco queda pegada a eso.

– ¿Y esos rumores que documentás en el libro de que Marita ya era prostituta? ¿De dónde salen?

– Cuando empezás a rastrear, te das cuenta que vienen de zonas turbias como servicios, propios imputados de la causa que están siendo investigados por lavado de activos generados por trata de personas. Vienen de gente cuyos intereses la lucha de Trimarco movió bastante, porque vos no podés pensar en alguien que diga que hay que luchar contra la explotación sexual sin pensar en todos los intereses que tocás.

– ¿Cuáles son esos intereses?

– La explotación sexual mueve muchísima plata en efectivo. Involucra cadena de complicidades, porque vos no podés transportar gente de un lado a otro y explotarla en lugares que tampoco son invisibles (en general están cerca de las rutas o lugares de grandes obras públicas o mineras, petroleras) y para que eso funcione tiene que haber una cadena de complicidades policial, política, judicial… Y  en todo eso circula mucho dinero, sumado a que hay vínculos con el narcotráfico. Entonces si aparece una persona que, a fuerza de terquedad, termina poniendo el tema en agenda, logra que le crean algo que la mayoría de la gente prefería no creer, toca intereses. Y en algún momento se empieza a tirar tierra para ensuciar.

– ¿Qué tipo de poderes y condiciones posibilitan la trata de personas?

– No hay una, sino varias. A todo este esquema que te contaba recién, de quiénes pueden garantizar la impunidad, cómo puede circular ese dinero, con qué otros negocios se puede vincular, tenés que sumar clientes. Hay hombres que van ahí y pueden darse cuenta que una mujer que está en un prostíbulo es víctima de trata. Y lo pueden notar por varias cosas: de hecho hay un proyecto de ley para penalizarlo basándose en eso, en que el cliente puede darse cuenta. Pero también está el hecho de confundir prostitución y trata, que no es lo mismo. La explotación y el ejercicio de la prostitución son dos cosas distintas, y no es inocente que se intente generar esa confusión.

– También contás el machismo que envuelve a los casos de trata…

– Sí, hay una mirada muy machista, ejercida tanto por varones como por mujeres, que es que a estas chicas les gusta, que no saben hacer otra cosa. “¿Qué van a hacer los hombres? Se van a aburrir”, es una de las cosas que se dicen. Hace tres semanas, el diputado santacruceño Rubén Contreras defendía las normas que permiten la habilitación de cabarets y whiskerías, pensando en eso: qué iban a hacer los hombres que trabajaran en una obra pública que está comenzando. Ese tipo de cosas también permiten que exista la trata, porque si no hubiera gente que pensara así, no existiría la trata.

– ¿Es más factible que capturen chicas para redes de trata en el interior que en la Ciudad de Buenos Aires?

– No es una cuestión exclusivamente de territorio, pero sí es verdad que en fronteras donde hay poco control es más factible que suceda, por los traslados entre países y entre provincias. Las zonas poco vigiladas facilitan que esto se realice, como cualquier contrabando, pero contrabando humano en estos casos. Van donde hay un mercado.

– ¿Cómo comenzó a moverse Trimarco en los prostíbulos y las redes de trata para buscar a Marita Verón?

– Se metió sin pensarlo, teniendo en mente solamente que quería encontrar a su hija. Cuando tenía un dato era cuestión de ir y mirar si era así o si no lo era. Trimarco era una señora de su casa que se dedicaba a sus hijos, su familia. Literalmente de su casa: de arreglar las cortinas, el jardín, hacer los manteles. O sea que la ausencia de su hija la lleva a conocer un mundo que no conocía para nada. Es muy obstinada, entonces donde le tiraban un dato, por más remoto que fuera, ella iba. Y en esa búsqueda, iba al Parque 9 de Julio para ir a hablar con prostitutas que trabajaban allí para ver si alguna la vio. Ir a las zonas rojas de La Rioja, inclusive estando en peligro, porque hacía eso en lugares cercanos a donde vivía Liliana Medina (una de las principales imputadas en la causa, fallecida recientemente).

– El libro apunta un poco a no verla como una heroína. ¿Por qué?

– Para mí no es una heroína, y el libro intenta dar cuenta de eso, sí: es una persona común y corriente, enfrentada a situaciones extraordinarias. Muy a su pesar, no porque ella lo quisiera, pero una persona que de un día al otro le cambia la vida y se encuentra en una situación que no podía ni imaginar. No es que sabía que existía ese mundo. Se metió ahí e hizo lo que pudo. Pero no es una heroína, pensarla como heroína es, en algún sentido, aliviar la responsabilidad. Verla como una “súper-mujer”, y que se dedique ella al tema. Es una mirada muy complaciente y cómoda. Es una persona común que no le queda otra más que hacer esto.

– ¿Cómo se relaciona Trimarco con el recuerdo de Marita?

– Ella oscila, porque es un caso en el que hay mucha incertidumbre. No hay pruebas ni en un sentido, ni en el contrario: si está viva o si está muerta. Simplemente no hay, hay testimonios. Pero nunca la encontraron. El año pasado, durante el juicio, Trimarco tenía la esperanza de que algunos de los imputados dijera algo, se quebrara, contara algo nuevo, o algo. Y eso no sucedió. Y ella, de a ratos, a fines del juicio, seguía hablando de que su hija estaba viva, pero después decía que tal vez estuviese  muerta.

– ¿Qué pensás del final del juicio y las absoluciones?

– Que hay una justicia que no cree en las víctimas y que los relatos sean pruebas contundentes. Y en este caso se puede ver el machismo: salvando las obvias distancias, en muchos juicios por casos de lesa humanidad, no hay otra prueba que el testimonio. Y sin embargo, a esas víctimas se les creyó, y gracias a eso pudo haber condenas e investigaciones. En el caso de Marita Verón, declararon muchas chicas que habían estad en cautiverio con ella, que fueron víctimas de redes de trata, que fueron rescatadas. Algunas fueron recapturadas, volvieron a ser rescatadas. Esto es muy dramático, porque los jueces no les creyeron. Hay una Justicia que no cree en estos testimonios y es muy machista.

– ¿Qué argumentos primaron en el juicio?

– Mirá, en casos como te decía de lesa humanidad: ¿cómo reconstruís que a una víctima lo torturaron o lo mató un capitán? Le tenés que creer a la gente que te lo cuenta. Y les creen. Pero en estos casos, no. Muchas quedan muy mal, y no se entiende lo que es el estrés post traumático. Dicen: “Pobres, son chinitas, no saben hacer otra cosa”. Son lugares comunes, no son argumentos. Pero se da la situación de que esto es un caso testigo, muy importante para la justicia local, con mucha repercusión internacional, en el que finalmente primó eso.

– En el libro hablás del brutal asesinato de Paulina Lebbos en Tucumán también. ¿Cuáles diferencias del caso?

– La hipótesis de Alberto Lebbos es que hay hijos del poder involucrados. Pero siempre fue el rumor en Tucumán: no es un caso de trata, aunque en un principio se temió que lo fuera. Después Lebbos tuvo una cercanía con Trimarco y se apoyaban mutuamente. Pero Lebbos, a medida que fue investigando y descubrió una cadena de encubrimiento tan notable, empezó a ir al choque directamente. Y esa no es la estrategia de Trimarco, porque no quiere que se le cierren las puertas. Y en este momento menos, porque hay una fundación que depende de ella que asiste a muchas mujeres.

– ¿Cómo se lee el acercamiento de Trimarco al kirchnerismo?

– Se lee sólo ese acercamiento, cuando en realidad Trimarco se acerca a todos los políticos. Y ella tiene una ONG que se encarga de hacer algo que el Estado no hace. Esa ONG cubre un espacio vacante por el cual hay que hacer algo que el Estado no sabe o no tiene cómo. Y también ella fue la que empujó hasta que hubiera una ley. No se hablaría de la trata y menos de una ley si no fuera por ella. Entonces, lo que hay que hacer, desde su lugar, es reclamarle al Estado. El Estado le debe a su hija, mientras tanto, si no le da a su hija, le debe la ayuda para ayudar a estas otras chicas. Y es lo que va a hacer. Va y lo reclama: al Estado nacional, a los estados provinciales y demás (más allá de la afinidad personal que ella tiene con Cristina y que tuvo con Néstor Kirchner).

– ¿Con qué otros sectores de la política tiene relación?

– Está la cuestión de la fundación, que es lo primordial. Entonces ella va y firma un convenio con De la Sota. Firma con Alperovich. Firma con la provincia que sea. También tiene una relación con el macrismo. Cuando Macri se casa con Juliana Awada, le pide a los invitados que no le hagan un regalo particular, pero que si quieren regalar algo que depositen dinero en una cuenta bancaria. Macri le encarga a María Eugenia Vidal que pensara a qué ONG podía donar esos fondos. Vidal propone donárselo a la fundación María de los Ángeles, de Trimarco. A Macri le parece una idea redonda y le donan ese dinero. Todos los muebles, juguetes, elementos didácticos y demás que puedas encontrar en el centro maternal que inauguraron a mitad de este año en el Parque Independencia, en Tucumán, fueron comprados con el regalo de bodas de Macri. Es decir, no es sólo con el kirchnerismo la relación, pero a ella se le cobra eso. Teje estrategias, pero a partir de intuiciones que fue aprendiendo sobre la marcha. No es que era Maquiavelo, era una señora con su vida lo más feliz, hasta que se la destrozaron.

– ¿Creés que Trimarco puede cambiar esta situación de la trata?

– Yo creo que ella sola no puede nada. Nadie puede nada solo. Además ella lleva mucho tiempo, son 11 años buscando a Marita y no para un segundo. Es impactante la fuerza que tiene, vive hace más de una década así, vio morir a su marido de tristeza, crió a su nieta, se enteró de algo que existía de lo que nadie le quería creer. Y es grande ya, no puede sola. Tiene un equipo de colaboradores y le cuesta delegar, pero si para, mi sensación es que se derrumba, por eso no lo hace. Y me parece muy injusto que la traten de super-heroína, es cargarle mucha responsabilidad.

Artículo original, en Yahoo Noticias

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