“De Narváez es una metáfora de la crisis de los partidos políticos”

Publicado en Yahoo Noticias

Si hay una figura enigmática y difícil de comprender, esa es la de Francisco De Narváez. Sumado a la política recién a sus 50 años, sus pares siguen sin entender bien a este diputado de la Provincia, pero a él no le representa un problema: De Narváez sí comprendió a la perfección el momento que atraviesan los partidos políticos de la Argentina.

“Supo entender que la crisis del sistema de partidos era tal que podía entrar y ascender rápidamente, por vía de su enorme fortuna, sus contactos, su ambición y disciplina, y que el grueso de la sociedad no le iba a exigir una prueba de ADN político o peronista”, explica Andrés Fidanza, que acaba de lanzar “Él o vos”, la biografía de un hombre que ve a la política “como plan de negocios”.

Rico heredero y exitoso empresario, estimó que para ser presidente se necesitan unos cien millones de dólares. Así, dejó atrás su carrera empresarial (que había comenzado con Casa Tía), y comenzó a hacer todo lo posible para dar el volantazo a la política: clases de actuación, de periodismo, y, sobre todo, de peronismo. Supo subirse a ese tren, obviando las contradicciones o sacando provecho de ellas: tanto de la izquierda como de la derecha peronista.

Así, este multimillonario insiste con su sueño de llegar a ser presidente. Pero no le será fácil: de estar en lo más alto en 2009 tras derrotar a Néstor Kirchner, ahora se tuvo que conformar con un estrepitoso cuarto puesto en las últimas PASO, donde Sergio Massa le robó todo el protagonismo. Aquí, sus inicios empresariales, la conflictiva relación con su hermano (a quien ordenó echar del propio emprendimiento familiar) y el día que estuvo a un paso de suicidarse.

– En el libro lo describís como “Zelig”, aquel personaje cinematográfico de Woody Allen que se adaptaba a diversos ambientes políticos. ¿Cómo cuadra De Narváez en el peronismo?

– Lo defino un poco irónicamente como un Zelig de la política por sus sucesivas alianzas, explícitas o más subterráneas, con Macri, Menem, Duhalde, Scioli, Ricardo Alfonsín, una especie de coqueteo con el kirchnerismo y hasta un intento de impulsar la candidatura presidencial de Tinelli. Su entrada al peronismo se explica porque él vio que el PJ, aunque muy debilitado, seguía siendo un sello ganador. Tomó al peronismo como el camino más rápido para llegar y a la vez como una especie de know-how. En ese punto fue más pragmático y práctico que Macri, que intentó fundar un partido nuevo y vemos las dificultades que tiene para trascender la Capital. Por supuesto que su autoproclamación peronista fue tomada en sorna por parte de la vieja guardia de la dirigencia del PJ, algo que a él le importó muy poco.

– ¿Por qué?

– Porque me parece que De Narváez entendió que la crisis del sistema de partidos era tal, que él podía entrar y ascender rápidamente, por vía de su enorme fortuna, sus contactos, su ambición y disciplina, y que el grueso de la sociedad no le iba a exigir una prueba de ADN político o peronista. Cuando la racionalidad económica se impone sobre la racionalidad política, De Narváez tiene más chances de crecer: como metáfora medio burda de su entrada al PJ, está la compra que hizo del traje de Perón en un remate de Christie’s por casi 100 mil euros. Esa flexibilidad y pragmatismo son rasgos que están en él tanto como en el peronismo, pero no solamente en el peronismo.

– ¿Cómo hizo para derrotar a Néstor Kirchner en 2009? ¿Qué le faltó en esta elección para hacer un buen papel y no quedar tan atrás?

– En 2009, lo favoreció el escenario, porque en una estrategia errada, Néstor Kirchner buscó polarizar la elección con De Narváez, en vez de levantar a varios adversarios al mismo tiempo. Así fue que De Narváez logró capitalizar y centralizar el voto antikirchnerista, que se había ampliado después del conflicto del campo. Además acertó en hacer hincapié en la inseguridad durante la campaña y, sin duda, su hábil construcción mediática, con el blanqueo humanizante de Tinelli a la cabeza, le sirvieron de espaldarazo. Ahora, en condiciones no tan distintas a las de 2009, apareció Sergio Massa y le robó ese espacio opositor que bien podría haber ocupado De Narváez nuevamente. Un espacio que le sentó mejor a Massa, porque De Narváez venía desgastado después de haber generado expectativas demasiado grandes -previsiblemente incumplidas- en la legislativa de 2009.

– ¿Por qué decidió De Narváez dar el salto a la política? ¿Qué hizo para prepararse para este mundo que le era ajeno?

– Después de haber vendido Casa Tía al grupo Exxel en casi 700 millones de dólares, De Narváez empezó a buscar nuevas aventuras a las que dedicarles su tiempo, que sin duda es lo más valioso que tiene una persona multimillonaria. Por entonces, De Narváez estaba más perfilado hacia lo que se llamaba filantropía de riesgo, una especie de asistencialismo desde el ámbito privado. Pero Nicolás Ducoté le sugirió que además considerara la posibilidad de intervenir directamente en política, como candidato a como una suerte de mecenas. Lo tentó y De Narváez terminó poniendo otro millón de dólares para Cippec, el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento, la ONG fundada por Ducoté. Y desde entonces, incluso con la ayuda de Cippec, fue entrando al mundo de la política.

– ¿Y cómo se formó?

– Su formación político-cultural fue express y, hay que decirlo, bastante eficaz en términos de resultados para alguien que se mantuvo indiferente e ignorante de los asuntos públicos hasta sus 50 años. Sus maestros fueron: Torcuato di Tella en cultura general; Carlos Grosso en oratoria; Carlos Pagni en peronismo y periodismo; Juan Pablo Schiavi en política territorial de la ciudad de Buenos Aires; y la actriz Cecilia Maresca, la de la serie Ricos y Famosos, le dio clases de teatro. Todos recuerdan un alumno muy disciplinado, a diferencia de lo que pasaba con Macri, que compartió con De Narváez algunas de esas clases. 

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– ¿De qué se trató ese intento fallido de suicidio?

– Fue en el 92, él tenía 39 años. Fue una mezcla de situaciones, entiendo yo: tenía un matrimonio muy rutinizado con su primera esposa, a la que había conocido a los 12 años y con la que se había casado a los 21; como CEO de Tía no paraba de trabajar y tenía una existencia súper acerada y contenida. Sin ponerme psicologista, el mandato familiar del deber ser, sumado a su formación en un liceo militar de Canadá, a donde fue sólo, sin manejar el idioma ni conocer a nadie, debe haber influido en esa crisis emocional. Ahora, De Narváez tiene un relato muy procesado, pero vívido de aquella historia. Sintéticamente, un viernes a la noche se mandó a una habitación del Hyatt, donde solía tener reuniones de trabajo, con un revólver magnum encima. Ya desde los setenta, no era inusual que él estuviera armado. Y estuvo ahí pensándolo, digamos, pero canceló la operación a tiempo.

– ¿Qué pasó con su hermano y Casa Tía?

– Pasó que él se convenció de que no había lugar para dos en la conducción de Tía. Algo que no era tan así, porque si bien tenían diferencias en el manejo de Tía, Francisco se dedicaba más a la conducción de la empresa y Carlos, su hermano mayor, a la búsqueda de lugares en los que abrir nuevas sucursales, un aspecto clave del negocio supermercadista. De Narváez conducía el proceso de “profesionalización” de Tía, con despidos a mansalva y métodos de control del personal incluidos. Y pasó que se obsesionó con que el hermano Carlos era un impedimento para ese desarrollo, hasta que finalmente convenció a la madre, que todavía formaba parte de la conducción de Tía, de la necesidad de despedirlo. Y lo hizo. Llamó a un camión de mudanzas y ordenó que subieran el escritorio y las cosas de Carlos. Después vino un juicio y un arreglo millonario (como dato color,  León Arslanián era el abogado de Carlos de Narváez, que hoy es un desarrollador inmobiliario top).

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– ¿Cuáles fueron los negocios más significativos en los que estuvo envuelto De Narváez?

– Casa Tía, fundamentalmente, que llegó a ser la principal cadena de supermercados de la Argentina, con 60 locales y 17 mil empleados. Y la vendió en casi 700 millones de dólares. De ahí, armó una estructura financiera, inmobiliaria y de inversiones diversificadas muy tranquilizadora, digamos. Tiene fideicomisos y movimientos objetados por la AFIP, pero él mismo aclaró que hay muchas formas legales de administrar el patrimonio y pagar menos impuestos. Él se mueve en ese margen. Hoy día, tiene unas 30 compañías, incluidas la de ropa para mujeres Rapsodia (que importa casi todo, vende carísimo y es un negoción de unos 400 millones de pesos al año) y hasta el Grupo América, en el que se metió pensando más en su uso político que en términos de negocio.

– ¿Cómo es en su vida personal? ¿Cómo definirías su personalidad?

– Ahora, una vida dedicada a la política plenamente, si bien tiene tres hijos chicos y uno es casi un bebé, todos de su matrimonio con Agustina Ayllón, ex modelo, de clase media y muy activa en la ayuda social que financia De Narváez. Ayllón ahora también se metió en política. Viven en Barrio Parque. De Narváez casi no tiene amigos y, si bien no desatiende los negocios, su vida diaria pasa por la política. Él quiere llegar a un cargo alto, el más alto al que esté autorizado, que por ahora es el de gobernador. Y lo busca como si fuera un fin en sí mismo. Es disciplinado y ambicioso. Mientras esté en política, va a dar el 100 por ciento de su energía. Lo que no significa que vaya a ser un diputado modelo, porque por ahí no pasa su juego político. En ese aspecto, lo veo más determinado que a Macri, que en la política se aburre y se divierte en cuotas parejas, y todo el tiempo coquetea con la idea de largar e irse a pasear con Antonia. Mientras De Narváez esté en política, no va a hacerlo a media máquina.

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–  ¿Cuál creés que puede ser el futuro político de De Narváez tras esta derrota en las últimas elecciones?

– Difícil saber. Un pronóstico posible es que ocupe un lugar más subalterno dentro de la órbita sciolista, especulando con ser el candidato a gobernador de Scioli, si este rompe con el kirchnerismo. Si llegara a medir bien en las encuestas, tampoco me suena una locura que intente algo parecido con Massa o incluso con Macri. Como sea, su debilidad actual también es hija de la volatilidad, el personalismo y la crisis del sistema político, que antes lo premió y hoy lo castiga. Lilita Carrió era un cadáver político hasta hace dos años, cuando sacó el 1% de los votos, y hoy está al borde de ganar en la Capital. De Narváez es producto de esa inconsistencia, cuando está arriba y también cuando está abajo. Por eso la figura de De Narváez sigue siendo una buena metáfora de época. 

Artículo original, en Yahoo Noticias

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