Mentes brillantes, cuerpos enfermos

Publicado en Yahoo Noticias

Stephen Hawking, físico teórico, cosmólogo y científico absolutamente excepcional, padece una enfermedad que lo ha condenado a una paulatina parálisis. Su estado fue empeorando con los años y debe comunicarse mediante un aparato generador de voz. Muchos lo conocen por ser el divulgador más importante del mundo. Pero, también, por este trágico padecimiento que atraviesa. Lo curioso es que Hawking no es el único caso en el salón de la fama científica: Galileo, Newton, Darwin, Pasteur, John Nash y muchos más sufrieron graves dolencias. ¿La ciencia les atrofió el cuerpo y la cabeza?

“Mentes brillantes en cuerpos enfermos” explora la relación entre los padecimientos físicos de muchos científicos que dejaron su marca en la historia del conocimiento. Ceguera, daltonismo, parálisis, tuberculosis, diabetes y esquizofrenia son algunas de las dolencias que los aquejaron. Martín de Ambrosio compiló estas turbulentas historias, sin dejar de repasar por qué estas personalidades pisaron fuerte en la historia de la ciencia.

Podría llegar a ser una simple casualidad, pero Darwin detalló los innumerables problemas de salud que tuvo mientras elaboró su teoría, o Marie Curie se enfermó a causa de su trabajo. Martín de Ambrosio repasó este y otros casos, para analizar la relación entre estas mentes privilegiadas para la ciencia, pero afectadas por enfermedades que ninguno querría tener.

– Partís de una premisa presumiblemente falsa, como vos mismo decís: “Los estados anómalos del cuerpo como parte de las vidas de las mentes brillantes que dio la humanidad afectaron pensamientos y teorías”. ¿Qué relación encontraste entre los científicos y sus padecimientos físicos?

– En principio, algo que puede parecer una pavada pero que vale la pena recalcar ante tantas vidas de científicos que son casi hagiografías, es decir, vidas de santos: los científicos son personas. A lo que voy es que pensar que son especies de superhéroes que pasaron por la Tierra con el fin de ilustrarnos es sacar a la ciencia del entramado social en el que obviamente se construye y destruir disputas y la historicidad propia. Desde luego, muchas veces las investigaciones y descubrimientos que lograron (y que se ven en el libro desperdigados aquí y allá) son tan sorprendentes que parecen magia, o realizados por seres extra-humanos. Pero no: y entonces sus vidas como las de cualquiera estuvieron y están sometidas a los padeceres de cualquiera. En el libro trato de mezclar ambas certezas. Eso en general; después en cada uno de los 17 casos hay sorpresas y particularidades.

– ¿Cuáles son los casos más emblemáticos que contás en el libro? Contamelos un poco acá

– Me parece que Stephen Hawking y John Nash son los más emblemáticos además de ser los únicos que permanecen vivos. Pero en cuanto al origen del libro también ayudaron a forjarlo el multienfermo Darwin, el ciego Galileo, la locura de Newton y el obvio daltonismo de Dalton. El resto llegó apenas hurgando sobre la superficie.

– ¿Cómo se han interpretado las enfermedades a lo largo de la recorrida histórica que hacés?

– Además del recorrido por los padecimientos físicos hay alguna base teórica de cómo fueron interpretadas las enfermedades. Curiosamente, y pese a tratarse de gente habituada al razonamiento y al materialismo a la hora de investigar, se las asoció con defectos morales, como la vieja teoría permanentemente reciclada de que los problemas de los cuerpos son en realidad males psicológicos o herencias de penas mal procesadas. Aunque parezca mentira aún hoy, en pleno siglo XXI, hay gente que cree que es así y muchos que hasta lucran al convencer de que la aparición de tumores cancerígenos son resultados de vidas difíciles, algo para lo que aún no existe la más mínima base empírica.

– ¿Qué enfermedad tuvo Newton?

–  Hay una idea generalizada de que Newton fue el más grande científico de la historia, y es un idea más que atendible. Sin embargo su personalidad es por lo menos problemática, con muchas peleas e inquinas con otros científicos y filósofos, y cuando dirigió la Casa de la Moneda condenó a varios evasores a la muerte. Casi no dormía, y cuando lo hacía se acostaba con la ropa puesta un par de horas para poder levantarse y seguir haciendo cuentas, no se bañaba y se la pasaba… ¡estudiando las divinas escrituras! Porque sí, el más grande científico de la historia era más bien un místico que creía que podía encontrar las respuestas a las preguntas universales con ecuaciones pero también leyendo a Dios. Asimismo calculó en varias ocasiones cuándo llegaría el juicio final. Primero dijo que en 1867 y luego, atención, revisó esa fecha y la colocó durante el siglo XXI. No sabemos qué diría de Francisco, pero para él todo Papa era el Anticristo. Después de publicar su gran obra científica, los Principia, sufrió insomnio, depresión, amnesia y delirios paranoicos. Un genio, al que mejor tener lejos.

– Darwin está encabezando un ranking… Contame de qué y por qué.

– Lo de Darwin es impresionante, un enfermo muy sufriente. Después del viaje de cinco años por el mundo para recopilar datos como biólogo, a los 27 se recluyó en su Inglaterra y no volvió jamás a salir de ahí. Sus problemas eran básicamente estomacales, no podía probar bocado sin vomitar, tenía flatulencias a repetición, por decirlo delicadamente. Además de llantos histéricos, zumbido de oídos, palpitaciones y lo que ahora llamaríamos ataques de pánico, es decir, la sensación de que la muerte está cerca, según consigna en sus diarios y refrendaron sus hijos que nunca jamás lo vieron sano. En general, se dice que sufrió Mal de Chagas-Mazza porque en sus escritos cuenta que en Mendoza lo picó una “benchuca”. O la opuesta: que su teoría de la evolución lo enfrentó tanto a los poderes establecidos que sufría psicológicamente el rechazo social. En el libro cuento todo esto, más otras teorías y una última que es la que me parece más certera, que no es ninguna de las anteriores (y de la que no quiero “spoilear”, por supuesto).

– ¿Cuál es la mente brillante más retorcida que encontraste en tu investigación?

– Me parece que las peores personas del libro son Newton y Rosalind Franklin, gente difícil. Igual Pascal, que rankea alto. A Nash (Russell Crowe lo personificó en “Una mente brillante”), en cambio, y un poco por su recuperación, le tengo más simpatía; creo que con su esquizofrenia le hizo más daño a su persona que a los demás, lo mismo que Tesla. También fue polémico con su familia Albert Einstein, sobre todo con sus mujeres e hijos. Para contrabalancear, mencionemos a los buenos: Leonard Euler, uno de los dos matemáticos más prolíficos de la historia, fue una persona adorable. Y me caen muy bien Madame Curie y Ada Lovelace, la hija de Byron, mujeres de vidas bien distintas pero admirables ambas.

– Un contrafáctico: ¿Creés que estos científicos pudieran haber llevado a cabo sus investigaciones con una salud menos turbulenta?

– Stephen Hawking seguro que no: la tesis del capítulo es que debe enteramente no sólo su fama sino su misma carrera de científico a su enfermedad. No es por cinismo que lo digo sino a partir de la historia contada por él mismo. Sin la silla de ruedas nadie lo conocería. O muy pocos, bah, los mismos que saben quiénes son Rees, Wheeler, Penrose y Félix Mirabel.

 Artículo original, en Yahoo Noticias

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