“Zannini es una persona muy cómoda entre las sombras”

Publicado en Yahoo Noticias

En la política argentina hay figuras que ocupan un rol central, inversamente proporcional a la exposición pública que ostentan. Es el caso de Carlos Zannini, secretario de Legal y Técnica, un hombre clave en el kirchnerismo y en la política nacional, pero con una imagen casi nula en la opinión pública: muchos ni siquiera saben en qué consiste su trabajo.

Sin embargo, su rol en el armado kirchnerista ha sido fundamental: “Sos más cristinista que yo”, le dijo un día Néstor Kirchner, un poco en broma, un poco en serio. Compañero político desde la intendencia de Río Gallegos del expresidente y la gobernación en Santa Cruz,“El Chino” siempre le puso su impronta a la gestión política del matrimonio más relevante de la política de los últimos diez años.

“Carlos Zannini es el príncipe de Cristina detrás de escena y fue la sombra de Néstor”, cuenta Eduardo Zanini, periodista que investigó la vida del funcionario -y que pese a la similitud de su apellido, no tiene nada en común-. Algunos hasta le adjudican ser el soporte emocional de Cristina Kirchner: “Quienes conocen de cerca la relación entre la Presidenta y Zannini afirman que, con una sola mirada, con un cruce de guiños disimulados, es suficiente para saber qué piensa cada uno o qué tarea hay que ejecutar al instante“, explica.

Desde su detención en 1975 en Córdoba hasta el rol central que tiene en la política nacional actual, Zannini se movió siempre en las sombras (a pesar de ser un envidiable orador). Su pensamiento, su historia y su forma de entender al “modelo”, entre otras cosas, quedaron plasmados en “El Creador”, una biografía sobre “el verdadero cerebro del kirchnerismo”.

– Para cualquier ciudadano Zannini es un personaje absolutamente marginal. Vos decís que es el “inventor” del kirchnerismo. ¿Por qué?

– Cuando empecé a escribir el libro estaba convencido de que era un asesor jurídico importante en las épocas de Santa Cruz, que era un proveedor de ideas y de teorías políticas. Pero cuando estaba promediando la investigación, me encontré con que la persona era más importante de lo que yo mismo creía. Los dos fundamentos de la reforma constitucional de Santa Cruz (1994 y 1998) me hicieron divisar la importancia de este personaje en el armado kirchnerista. Y a esto se suma su pasado, su militancia en la juventud.

– ¿Cómo fue esa militancia comunista?

– Él llega a Córdoba Capital para estudiar derecho, cuando todavía se vivían los coletazos del Cordobazo. Ahí él integra una de las agrupaciones de izquierda marxista-leninista, con orientación al maoísmo. Esto los diferenciaba de otras organizaciones de izquierda, y no reivindicaba la lucha armada, en la década del 70 y siendo militante de vanguardia comunista y TUPAC (el brazo universitario), cae preso en 1975.

– Uno pensaría que una personalidad como Pichetto, jefe de la bancada en el Senado, es más relevante, en tanto consigue los votos necesarios para aprobar una ley. ¿Qué aportaría Zannini en el armado político kirchnerista?

– Bueno, por supuesto que desde la superficie, Pichetto, Aníbal Fernández o Capitanich aparecen como los más importantes. Lo que pienso yo en el libro es, filosóficamente, desde el punto de vista de quién diseñó las bases y los planes del kirchnerismo. Porque si bien no pudieron replicar la reforma de la Constitución Nacional, sí lo hicieron en Santa Cruz, permitiendo una reelección del gobernador, y después la indefinida. Y sacó la cláusula que impedía que un familiar fuese sucesor de la gobernación. El autor de la letra de eso fue Carlos Zannini.

– ¿De qué trabaja Zannini? ¿Qué hace un secretario de Legal y Técnica? ¿Es bueno en ese puesto?

– Zannini está una o dos horas por día con la Presidenta. Es la última persona a la que escucha la Presidenta de la Nación, mientras promulga leyes. La Presidenta confía 100 por ciento en él. En rigor, todo mandatario lo hace, porque no tiene tiempo material para leer todos los papeles que firma. Respecto de lo segundo que me preguntás, sí, en Santa Cruz ocupó la asesoría jurídica cuando Kirchner fue intendente y fue presidente del Tribunal Superior de Justicia de Santa Cruz (que es el equivalente de la Corte Suprema, pero a nivel local) y todo eso le valió una experiencia fundamental para encargarse de los papeles del Gobierno Nacional cuando llegó a Buenos Aires.

– Contás en el libro que ya a los 20 años tenía una oratoria impresionante. ¿Cómo es que una figura así permanece hoy casi en el anonimato?

– Bueno, justamente por eso, le interesa el perfil bajo. Es una persona muy cómoda entre las sombras. Se le atribuyen muchos logros políticos, pero no le gusta salir ni dar la cara. A pesar de que en la universidad se destacaba por sus dotes de orador y por explicar muy claramente las cosas. Pero eso no se trasladó a su figura pública para nada.

– ¿Cómo financió sus estudios, viniendo de una familia pobre?

– Él finaliza sus estudios, y lee mucho tiempo en la cárcel. De Córdoba lo trasladan a la unidad 9 de La Plata, tristemente conocida por los pabellones de la muerte, donde sigue leyendo. Cuando sale vuelve a su pueblo, en Villa Nueva, Córdoba, y se pone a trabajar y estudiar. Trabajaba a la mañana, iba a la facultad a 140 kilómetros en la Ciudad de Córdoba y volvía tardísimo a la noche. Así costeó sus estudios, de una  manera muy sacrificada.

– Contás el caso de Corsi, cómo Zannini les salvó las papas a los Kirchner. ¿Cómo fue?

– Toda la información es muy cerrada, tengo que aclarar. Ese caso me llegó a través de una fuente de la misma secretaría como uno de los casos más flojos y donde el Gobierno casi mete la pata. Kirchner, casi por capricho, quería nombrar a Jorge Corsi como asesor del ministerio de Justicia. Estaba todo listo para publicar en el boletín oficial, pero lo que pasó fue que saltó que Corsi estaba acusado de abusar de un menor, y eso le iba a dar al periodismo muchísima letra. Hubiese sido un escándalo mayúsculo. Y Zannini lo impidió, cancelando todo a último momento.

– ¿Qué se sabe del patrimonio de Zannini?

– Eso es una particularidad: es intachable desde el punto de vista patrimonial. No ostenta grandes propiedades, autos o ese tipo de cosas. Es algo que consulté a través de familiares, conocidos y gente de Santa Cruz. Esto lo diferencia radicalmente de sus jefes políticos, que no tienen ningún problema en mostrar que son dueños de un hotel en la Patagonia, por ejemplo.

– Muchos lo tildan de “Maquiavelo”. ¿Por qué?

– Yo creo que, tal como dice el título del libro, es el cerebro. A mí la palabra “Maquiavelo” vinculada a la política argentina me suena más a maldad que a otra cosa. Carlos Zannini es el que construyó un proyecto político.

– Junto a Carlos Tomada y Julio De Vido, se encuentra en ese grupo selecto que no cambió de puesto desde 2003, lo que denota una relevancia central en el proyecto político K. ¿Son justamente estas personalidades menos egocéntricas?

– Absolutamente. Esto es como la persona que se siente satisfecha estando desde atrás y no tiene necesidad de figurar. Te diría que es una figura psicológica que no tiene ningún complejo respecto del otro, de la envidia, y de estas cuestiones que suceden constantemente en la política, donde por un poco de televisión o una pizca de prensa están a los codazos y se sacan los ojos. Zannini es un tipo distinto dentro de la política argentina.

Artículo original, en Yahoo Noticias

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