Sandra Russo: “La Cámpora parte del trabajo en los barrios y eso no se difunde”

Publicado en Yahoo Noticias

De “La Cámpora” se dice de todo, abarcando un amplio abanico que va desde el rechazo absoluto hasta un fanatismo desmesurado. Que son “nenes de mamá”, “trepadores”, “hijos del poder”, o que son “jóvenes revolucionarios”, “la reactivación de la militancia” o una “nueva forma de hacer política”. En un contexto político signado por esta división que no admite grises, ¿qué es realmente La Cámpora?

Sandra Russo, periodista de Página 12 y columnista en el programa 678 de la TV Pública, lanzó a principios de mes “Fuerza propia”, un libro que cuenta “cómo surgió y hacia dónde va la agrupación kirchnerista”. La crítica periodística se centró solamente en un aspecto, no poco meritorio, pero subsidiario dentro del trabajo de Russo: las entrevistas con Máximo Kirchner, el hijo presidencial.

Sin embargo, los testimonios de Máximo son una pieza más en una obra que cuenta cómo piensa la agrupación, quiénes son sus protagonistas y, sobre todo, lo que una gran parte de la prensa no difunde: cómo trabajan en los barrios humildes.

Lejos del pensamiento maniqueo que ve a La Cámpora ve como lo peor del kirchnerismo o como la salvación de la política, Sandra Russo construye una interesante investigación que no deja por fuera una crítica a la estrategia comunicacional de la agrupación: “Tienen que hablar, no pueden dejarle tanta cancha libre a los prejuicios”, afirma. Aquí, la autora cuenta algunos resultados de su investigación.

– En los inicios de La Cámpora está la polémica resolución 125, como contás en el libro: ¿cuán fuerte es el campo como marca de origen de esta agrupación?

– En rigor, en 2008 y con la derrota de la 125, lo que ocurre es el primer salto cuantitativo de La Cámpora, pero la agrupación ya existía desde 2006. Y antes también existía, desde hacía un par de años, aunque sin nombre y sin la estructura actual, pero sí como el resultado de una búsqueda que empezó Néstor Kirchner apenas asumió con el 22% de los votos.  Necesitaba la legitimidad de una fuerza que respondiera al proyecto político que quería desarrollar durante su gobierno. En 2008 lo que sucedió fue que por primera vez desde 2003 estuvo clara la puja entre los dos modelos de país que aún persiste y que va tomando distintas formas, atraviesa distintos conflictos. Muchos jóvenes que se sentían representados por el modelo propuesto por el gobierno kirchnerista, decidieron dar el salto a la militancia.

– Hablás bastante de “identidad política”. ¿Qué identidad dirías que tiene La Cámpora?

– La identidad kirchnerista… ¿cómo describirla? Una manera posible sería decir que es una agrupación de extracción claramente peronista, pero abierta a lo que traigan las nuevas generaciones que se suman. CFK ha definido al kirchnerismo como “peronismo y algo más”. Eso se expresa en La Cámpora. Es una agrupación cuya concepción política parte del trabajo territorial (que no se difunde), por oposición a la videopolítica, que se instaló en los ´90 con el ciclo neoliberal. Cree en un Estado presente, que sea capaz de arbitrar entre fuertes y débiles. Un Estado no neutral, que les dé a los débiles las oportunidades que el mercado no les dará nunca. Eso es la inclusión social. Tiene una identidad nacional y popular, y se inserta en el proyecto de la Patria Grande.

– Socialmente hay dos visiones opuestas de La Cámpora: o bien son un grupo de “vagos oportunistas”, como mencionás vos en el libro, o bien son la esperanza de la militancia juvenil. Dentro de esta visión blanco-negro, ¿qué grises encontraste?

– Uno de las rasgos más fuertes de La Cámpora es que no tiene, o no ha tenido hasta ahora, contacto con los medios de comunicación.  Tanto su desarrollo en todo el país como su trabajo político es resultado de una larga organización silenciosa. Por otra parte, desde el 2008, cuando la agrupación se hizo visible, los medios hegemónicos no han dejado de llenar el espacio que ellos dejan vacío con su silencio, con versiones un poco fantasmáticas y de claro sesgo estigmatizador.

– ¿Cómo son esas versiones?

– Si cargan contra Cristina, y La  Cámpora responde sólo a ella, ¿cómo la van a tratar? Les han dicho “juventudes hitlerianas”, por ejemplo; una prolongación del argumento de que en la Argentina hay “una dictadura”. Como si no supiéramos los argentinos lo que son las dictaduras, y como si esos medios no las hubiesen apoyado. La lista de insultos y expresiones peyorativas es larga. Ellos no contestan. La Cámpora no tiene nada que ver con el cliché que han difundido los que no los conocen. Se puede coincidir o no, estar de acuerdo o no con la lectura de la realidad política que hace la agrupación, pero es una organización política de jóvenes de entre 14 y 40 años, que defiende un modelo de país. Muchas críticas a La Cámpora son una crítica y una resistencia velada a la organización política juvenil. Para los sobrevivientes de la vieja política de los 90, no es una buena noticia que aparezcan jóvenes políticamente organizados, de cualquier partido, de cualquier corriente. En ese sentido, sí veo a La Cámpora como un fenómeno esperanzador,  igual que el surgimiento de otras juventudes políticas vigorosas y con ganas de construir un escenario político más rico y plural que el de hoy.

– Decís en la introducción: “Cuando uno ha aprendido a pensar críticamente, y se integra a un proyecto colectivo, de ninguna manera se renuncia a esa manera de pensar”. ¿Qué críticas le hacés vos a La Cámpora?

– Me refiero en el prólogo a que uno es libre tanto cuando toma la decisión de ser un ciudadano independiente, como cuando decide incorporarse orgánicamente a un proyecto colectivo. Eso es pluralidad. Aceptar que hay distintos modos de vincularse con la política. Hacia adentro, la crítica se ejerce permanentemente, porque precisamente un proyecto colectivo es amplio, y es tan amplio porque no está hecho a la medida exacta de ninguna de las partes que lo integran. Eso supone crítica y tensión, pero en ámbitos que no afecten ese proyecto que se defiende. En relación a La Cámpora, propuse el libro justamente porque sospechaba, sin conocerla, que había una gran historia en la construcción acelerada y vertiginosa de la agrupación, pero su hermetismo no permitía que los ciudadanos, y quizá tal vez hasta sus propios militantes, la conocieran a fondo. Yo creo que La Cámpora tiene que hablar de La Cámpora, aunque sea en la medida en que no afecte lo que ellos reconocen como su eje vertebral, que es la acción política constante y sin las distracciones que acarrean los medios. Tienen que encontrar su propia medida, pero no pueden dejarle tanta cancha libre a los prejuicios.

– Uno de los capítulos del libro habla del trabajo en los barrios de la agrupación, que es el menos difundido. ¿Cómo trabaja La Cámpora en los barrios?

– No tiene prensa porque precisamente ese trabajo entra en contradicción con la imagen que difunden los medios. Dicen que hay sólo interés o vagancia. Recorrí muchos barrios, muchos asentamientos desde 2012 con distintos grupos de militantes, conocidos y desconocidos, de todas las edades. El trabajo territorial lo llevan en el ADN político. La comunicación de sus ideas la hacen trabajando en sectores vulnerables. A mí me pareció que había mucho amor en esos chicos que pasaban sus fines de semana poniendo chapas en casas arrasadas por tormentas, o pintando escuelas. Amor por el otro y amor por el país.

– ¿Conociste casos de “acomodes” de gente que entró a ciertos lugares del Estado a trabajar por ser de La Cámpora?

– Salvo que uno considere “acomodo” a que un gobierno nombre en algunos puestos estatales a militantes capacitados y profundamente imbuidos del sentido de las políticas de Estado, no. Lo que vi es a muchos miembros de La Cámpora ir ocupando lugares en el Estado en los últimos años, a medida que la agrupación se consolidaba y CFK necesitaba cubrir espacios con gente que le sea leal. Lo haría cualquier presidente, creo yo. Nombrar al que sabe que le será leal, al que está convencido de lo que hace. CFK viene de un primer mandato nada menos que con un vicepresidente desleal.

– En el libro hay unas entrevistas a Máximo Kirchner, una figura que ha hablado muy poco públicamente. ¿Lo imaginás como un sucesor que pueda continuar con el proyecto kirchnerista?

– Prefiero no imaginar nada, porque la línea con la especulación es delgada. Lo que es seguro es que Máximo Kirchner seguirá siendo el principal referente de la organización. Por otra parte, la idea de base de este proyecto es que es colectivo, y con una sola conducción, sea presidenta o no. Es Cristina.

– ¿Cómo ves el futuro del kirchnerismo?

– Tampoco me lo puedo imaginar, porque el kirchnerismo tiene la particularidad de sorprender a todos. Incluso a los propios kirchneristas. Pero futuro, le veo.

Artículo original, en Yahoo Noticias

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