Las locuras del rey Jorge: una incómoda biografía para Lanata

Publicado en Yahoo Noticias

“El ascenso al trono de Jorge Lanata”: así encara Eduardo Blaustein, periodista y excompañero del gran peso pesado del periodismo argentino, una biografía crítica que repasa su carrea, desde 1983 hasta la actualidad. Con una particularidad: lo hace a partir de un análisis de su obra publicada, desde libros, diarios y revistas hasta programas de radio y televisión. Nada de amoríos, intentos de suicidio, farándula o noches de alcohol y cocaína: “Si evito la lógica paparazzi es porque mediante exploraciones presuntas de los mundos privados es fácil llegar a exacerbaciones y recortes miserables”, sentencia.

Dueño de una creatividad que no conoce límites, una capacidad de trabajo única y responsable de la renovación en el periodismo nacional de los últimos 30 años, Lanata también ostenta una ética que lo ha colocado en el lugar de “fiscal de la verdad”: “El lanatismo es un relato antipolítico que genera desconfianzas, erosión social, exculpaciones e individualismo. Todos son unos hijos de puta excepto yo, virtuoso e indignado”, escribe en su libro. Y, además, de un doble standard: “El problema con Lanata es que él se presenta como un súper héroe de la ética y sus contradicciones son muy graves. Con mucho oportunismo, en su afán de criticar al kirchnerismo, habla pestes de los 70 y la violencia armada (no lo hacía hasta fines de los 90) cuando Página 12 se financió con dinero del MTP, que venía del Ejército Revolucionario del Pueblo”, explica Blaustein.

Blaustein trabajó con Lanata en El Porteño, Página 12, Veintiuno y Crítica de la Argentina. Aquí, el autor cuenta cuáles son sus críticas más fuertes de uno de los personajes públicos más amados y odiados por la sociedad, con una advertencia: “La idea no es matar a Lanata, discuto incluso con expresiones chocantes, agresivas, torpes o reduccionistas como ‘La Rata’ o ’empleado de Clarín'”. ¿Dónde ve el autor la decadencia del periodismo de Jorge Lanata? Precisamente, en su producción, que analiza cronológicamente en “Las locuras del Rey Jorge”.
– Antes que nada, una curiosidad: ¿Por qué hablás de “George” y no “Jorge” en el libro? ¿Qué tipo de retrato de Lanata hacés, a diferencia del que hizo Majul hace un año?

– Porque así era el vocativo que usaba para hablarle. Lanata me decía “Bl”, casi “Búl”, acortando el “Blaus” con que suelen tratarme en las redacciones. La diferencia con el libro de Majul es que él concibió un libro conforme al periodismo que practica: de impacto, de gancho, con mucha referencia “vendedora” a la vida privada de Lanata, chicas, rockstar, dinero, buena vida, cocaína. Es un libro farandulero escrito  en complicidad con George, un negocio para ambos. Majul postergó casi por completo lo que debería ser importante a mi juicio: las prácticas periodísticas de Lanata, su producción, que es lo que intento hacer yo para debatir un determinado (mal) estado del periodismo.

– ¿Por qué Lanata es “el periodista de mayor influencia en la opinión pública del país”?

– Por dos razones fuertes, entre varias. Porque tiene un gran olfato y capacidad expresiva, sabe sintonizar con determinadas demandas de ciertas audiencias, las representa, les da lo que esas audiencias quieren, aun cuando las audiencias “no tengan razón” o sean parte de una cultura social odiosa, por rabiosa. Y porque su capacidad comunicativa se vio multiplicada, en sinergia, por la enorme potencia de emisión del Grupo Clarín como sistema: canal 13, TN, Telenoche, Clarín, radio Mitre, Metro. En canal 26 tenía muy pocos puntos de rating. Clarín le proporciona mucho mejor plataforma, recursos dinerarios y humanos, más las virtudes propias de Lanata para hacer un raro show periodístico.

– ¿Cómo caracterizarías al Lanata de las épocas de “El porteño” de Levinas hasta el de hoy? ¿Qué similitudes y diferencias encontrás entre aquél Lanata y el actual?

– Siempre fue un trabajador impetuoso, potente y creativo, algo desprolijo en cuanto al rigor del periodismo que hace. Siempre fue también un gran individualista y tiene con qué. En El Porteño y Página algunos valores que creo que él tenía sinceramente lo contuvieron. Cuando fue rompiendo progresivamente con esos mundos que lo contuvieron y le permitieron lanzar su prodigiosa carrera, cada vez más pesaron su individualismo, su escepticismo, su distanciamiento de la política y lo colectivo. Se fue haciendo progresivamente más cínico, más adaptado a las reglas opinables de la comunicación de masas, más conservador y superficial, perdió la riqueza de los mundos y las agendas que exploraba hasta los 90 e incluso en los documentales recientes que hizo para cadenas extranjeras.

– Para las generaciones más jóvenes: ¿qué trajo de nuevo Página 12? ¿En qué sentido acertó con el “clima de época”, como contás en el capítulo 2?

– Página sintonizó con mundos urbanos progresistas más bien minoritarios, de centroizquierda e izquierda en un panorama de medios que entonces tenía todas las cargas de los medios salidos de la dictadura: mediocres, solemnes, oscuros, reprimidos, reaccionarios. Página trajo nuevas escrituras, temáticas y tonos: derechos humanos, antiautoritarismo (hoy creo justamente que el tono de Lanata es autoritario y hasta violento), minorías, la emergencia de mundos sociales hasta entonces invisibilizados, humor, buenas investigaciones periodísticas. El género “denuncia” fue importante en Página, pero Página fue más rico que eso. Esa riqueza en parte es lo que perdió Lanata en los últimos años.

– ¿Qué pensás del periodismo de denuncia que hacías en Página 12, hoy?

– Lo respondí en parte en la pregunta anterior. Fue muy importante la denuncia para la instalación del diario, el género irradió luego a otros medios. Quizá las investigaciones de Página eran más rigurosas por la solidez de los periodistas que las hacían y más que a menudo no se limitaban al yeite de la corrupción como negocio periodístico, sino que tenían que ver, por ejemplo, con impugnar el modelo económico menemista, la destrucción del Estado, los ajustes, Argentina como fábrica de pobres, indultos, etc.

– ¿Por qué fracasó con Crítica de la Argentina? ¿Qué pasó con ese diario?

– Hay que decir en primer lugar que es muy difícil instalar un diario nuevo en un país saturado de ofertas periodísticas. Crítica no pudo ser “lo nuevo” que sí representó Página. Intentó posicionarse como estrategia “contra” el gobierno kirchnerista y contra Clarín al mismo tiempo. Ambos torpedearon el proyecto. Pero el diario, aún con periodistas muy valiosos y un pluralismo interesante, nunca maduró y terminó convirtiéndose en una mueca ordinaria del peor Lanata posible: mucho grito, culos de mujeres en tapa, poca consistencia.

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– ¿Por qué le dedicás un capítulo a los libros de Lanata? ¿Qué evaluación hacés de sus publicaciones, a grandes rasgos?

– Porque el libro, para trabajar sobre la producción de Lanata y retratarlo o discutirlo, apela a toda la producción suya, y los libros son parte de su producción, un Lanata menos conocido. Analizar sus libros ayuda mucho a entender al personaje y al periodista, incluso en aspectos muy poco conocidos. Son libros muy heterogéneos, en los que siempre se nota cierto apuro, mucha desprolijidad, y no pocas luchas interiores de Lanata. Hay mucho afano en algunos de sus libros, no pocos escándalos por posibles plagios, y hasta la sospecha más que verosímil de que sus libros más vendidos no fueron escritos por él, o al menos en buena parte fueron escritos por equipos que coordinó. Eso se nota claramente para quien conoce bien de cerca la escritura de Lanata, y entiendo que es mi caso. Con la “literatura” no le fue bien y entiendo que ese rechazo lo vivió con resentimiento y que por ese resentimiento él se distanció de los mundos progres o “cultos”, afianzando su apuesta a la masividad, perdiendo riqueza, rigor y complejidad.

– Una operación que hace Jorge Lanata, según se lee en el libro, que “tal político estuvo con tal”. Y lo hace en calidad de la “transparencia” o la “solvencia ideológia”, la “integridad ética”. Sin embargo, él pasó por manos de socios de todo tipo: Mata, Szpolsky, Fontevecchia, Eurnekian, Gorriarán Merlo. ¿Qué análisis hacés de esto?

– Es así: él demanda un standard de ética absoluta a la política (parte de su negocio personal y de mucho periodismo) cuando sus prácticas periodísticas y las alianzas a las que apostó para financiar sus proyectos fueron cambiantes, complicadas, contradictorias. Calló quién financió algunos de sus proyectos cuando le convino. Puteó empresarios cuando le convino y luego renegoció. Fue socio o se amparó en el poder de empresarios, como mínimo, oscuros.

– Dando por sentado que nadie escapa a las contradicciones ¿qué análisis hacés de las contradicciones de “George”?

– Todos tenemos contradicciones, es humano, y todos debemos “negociar” nuestra vida de todo los días. El problema con Lanata es que él se presenta como un súper héroe de la ética y sus contradicciones son muy graves. Con mucho oportunismo, en su afán de criticar al kirchnerismo, habla pestes de los 70 y la violencia armada (no lo hacía hasta fines de los 90) cuando Página/12 se financió con dinero del MTP, que venía del ERP. Lo mismo con sus ataques a Fontevecchia, para luego colaborar en Perfil escribiendo en su debut “me siento como en casa”. A Clarín le pegó desde siempre, desde los tiempos de Página. Su violencia discursiva, sin embargo, es lo que más me duele y me irrita: no se puede denunciar “la grieta” desde el “fuck you”, desde el sarcasmo malicioso, la pura chicana, desde el periodismo puesto al servicio de la agenda de un holding como el Grupo Clarín, que él mismo denunció como cómplice y beneficiado por la dictadura.

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– Hacia el final del libro desplegás una “hipótesis sobre la evolución de George”, intitulada “¡Qué te pasó, hermano!”. ¿Qué decís ahí?

– Enumero, a partir del análisis de editoriales y escritos de George, qué es lo que veo que cambió en su producción periodística. Son 10 hipótesis, que van desde  cómo las violencias de Lanata contribuyen a una rabiosa polarización que es tóxica para la sociedad y empobrece todo debate posible. Cómo su agenda periodística se fue achicando con el paso de los años, que se reduce a un oposicionismo a ultranza contra un gobierno particular. O las dudas que planteo a lo largo del libro sobre el rigor profesional, casos de plagio y “copy-paste”, o los veredictos de Chequeado.com. Pero sobre todo, la frase de Diego Genoud: “El lanatismo es una forma de narrar la política”. Eso es un relato antipolítico que genera desconfianzas planas, erosión social, exculpaciones fáciles, insolidaridad e individualismo. O sea: “Todos son unos hijos de puta excepto yo, virtuoso e indignado”.

Artículo original, en Yahoo Noticias

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