“Yo fui K”: hablan los arrepentidos del modelo

Publicado en Yahoo Noticias

Fueron parte del kirchnerismo. Pero hoy reniegan de su pasado. Algunos lo ven como un error, una equivocación y un desvío dentro de su carrera política. Otros reconocen que, en el espacio fundado por Néstor Kirchner, hubo aciertos, virtudes y aprendizajes. De lo que no quedan dudas es que, en estos más de diez años que lleva en el poder, el Frente para la Victoria experimentó todo tipo de “roscas” políticas. Y aquí están contadas a la perfección.

Fundadores de la revista satírica Barcelona, una parodia del diario Clarín que siempre prometió “una solución europea para los problemas argentinos”, Eduardo Blanco y Fernando Sánchez combinaron dos géneros en un libro que es un deleite para los fanáticos de la trastienda de la política: entrevistas por un lado, ficción por el otro. El eje central del libro transcurre entre un “operador político” inventado a medias, una suerte de  personaje es ficcional que se nutre de anécdotas que salieron de los testimonios recogidos por los periodistas.

Alberto Fernández, Martín Lousteau, Luis Juez, Felipe Solá, Roberto Lavagna. Apenas algunos de los nombres que, página a página, desnudan los entretelones de las disputas más grandes que el kirchnerismo supo protagonizar. Desde el armado político de 2003 junto al “Grupo Calafate” hasta la ruptura con Duhalde. Del conflicto con el campo y el odio visceral entre Lousteau y Moreno, hasta el día en el que Cristina pensó en renunciar.

Atravesado por la difícil tarea de tomar decisiones, el libro es un morboso retrato de la operación política. Una radiografía del “toma y daca”, estrategias napoleónicas y tráfico de traiciones. Aquí, los autores cuentan algunas historias presentes en el libro. Historias de un puñado de personas que, día a día, deciden sobre el futuro de 40 millones de argentinos.

– Alberto Fernández cuenta en el libro la tensa relación entre Néstor Kirchner y Duhalde. Que Néstor no quería quedar como que le estaba rogando, y que Duhalde no quería ir a la rosada por la misma razón. ¿Cómo se terminó cerrando esa alianza que fue el comienzo del kirchnerismo en 2003?

– De un modo bastante accidentado. Varias fuentes coinciden en que Néstor Kirchner desconfiaba mucho de sus pares, y ese resquemor aparece con claridad en la relación con Duhalde. Tanto Alberto Fernández como Felipe Solá recuerdan la reunión de gobernadores en la que Kirchner puteó delante de todos al entonces Presidente. Pero Duhalde ya había perdido a dos candidatos: Reutemann y De la Sota. No tenía muchas opciones y tal vez supuso -como le dijo a Jorge Yoma- que podría contenerlo. Finalmente, el ofrecimiento llegó en circunstancias tragicómicas, que Alberto Fernández relata en el libro de una forma descarnada.

– A Luis Juez lo tuvieron de acá para allá, como cuentan en la entrevista del libro. Fue clave en el armado del kirchnerismo, cerca de 2003. ¿Qué pasó que casi lo dejan “en pelotas” con la estrategia de la toalla?

– Es una referencia muy cordobesa. Juez dice que Néstor te envolvía con la lengua, te secaba y después te dejaba en bolas. Igual, Juez reconoce que su paso por el kirchnerismo fue una experiencia interesante y a pesar de que se queja por el maltrato, siente cierta nostalgia por aquellas épocas en la que fue uno de los operadores más importantes de la transversalidad. En ese testimonio, es muy fuerte lo que Juez cuenta sobre un encuentro que tuvo durante el tiempo que él fue intendente de Córdoba con Cristóbal López, cuando el empresario le propuso un intercambio de favores sorprendente.

 – En el libro hay un personaje, el “operador político”, que juega con el límite de la ficción y la realidad. ¿Qué cuenta? ¿Por qué construyeron a este personaje?

– Decimos en el prólogo que en periodismo, tal como está construido el discurso periodístico actual, la ficción y la realidad coexisten. De alguna manera eso nos llevó a hacer Barcelona, una revista que muestra el juego de intereses y brutalidades del supuesto periodismo independiente y serio a través de la parodia.  Cuando ya teníamos varios testimonios para el libro notamos que, sobre todo desde el lado del peronismo, había una forma desembozada de contar roscas, “agachadas”, traiciones y todo tipo de artimañas para construir y destruir el armado político. Pensamos entonces en unificar gran parte de los relatos en una voz única, la de este “operador/funcionario” que estuvo en la cocina de ese armado tan particular que fue y es el kirchnerismo. Es ficción porque ese personaje no existe, pero es real porque el anecdotario que cuenta surge de testimonios auténticos. Nos gustó esa dualidad aún a riesgo de que al comienzo resultara extraña.

 – Hablan de “el día en que Cristina quiso renunciar”. ¿Qué pasó en ese episodio?

– Alberto Fernández se negó a contestarnos esa pregunta porque dice que en esa reunión sólo estuvieron Néstor, Cristina y él, y que no le parece correcto hablar mientras Cristina no se refiera al tema. No obstante, conseguimos saber bastantes pormenores de esa reunión por terceras personas que no estuvieron, pero tuvieron acceso al relato de algunos de los protagonistas. Hubo un vuelo esperando la decisión durante horas, presidentes de otros países involucrados, y la decisión final de Cristina de seguir adelante. Eso lo cuenta nuestro operador de ficción.

 -¿Cómo fue esa pelea entre Lousteau con Moreno, que terminó con el famoso gesto del exsecretario de Comercio? ¿Por qué se fue Lousteau en medio del conflicto con el campo?

– Lousteau no se llevaba bien con Moreno, y Moreno era algo así como la voz de Néstor Kirchner en temas económicos dentro del gobierno de Cristina. Y todas las decisiones que Lousteau tomaba como ministro con la anuencia de la Presidenta dependían de la aprobación de Kirchner, a quien reportaba Moreno con su propia interpretación de cada medida de Lousteau. Lo que cuenta Lousteau es que la resolución 125 fue un intento de suavizar la confiscación mucho mayor que se le había ocurrido a Moreno. Cuando estalló el conflicto del campo, Lousteau fue el fusible ideal para frenar el descontento y tratar de aquietar las cosas, algo que de todos modos ocurrió a medias. La desconfianza hacia él llegó a tal punto que, entre otras cosas, tuvo que escapar de los custodios para tener reuniones secretas. Su situación era insostenible.


-¿Cómo eran las reuniones de Néstor Kirchner con Van der Kooy, de Clarín, para arreglar las tapas del diario?

– A ver, Alberto Fernández relata en la entrevista que le hicimos con lujo de detalles una operación que tuvo como eje una tapa acordada entre Néstor y Clarín. Las reuniones con Van der Kooy y otros periodistas y representantes del Grupo Clarín eran periódicas, aunque no sabemos si eran puntualmente para arreglar las tapas de los diarios. Ahora bien, la mecánica de la relación lleva a pensar que unas cuantas tapas pudieron haber sido el resultado de una negociación. Muchos entrevistados aseguran haberse encontrado con Van der Kooy en Casa Rosada; ellos saliendo del despacho de Kirchner o Alberto tras una reunión, y Van der Kooy esperando en la sala contigua esperando para entrara.

Una fuente nos aseguró que presenció el momento en que Néstor Kirchner rechazaba una tapa que supuestamente le habían mandado desde la redacción y que le explicó que lo hacía “para que sepan quién manda.”

 -“Todo relato es ficción, y también es real”, sostienen en el prólogo, a partir de la creación de Revista Barcelona. ¿Por qué tipo de periodismo apuestan ustedes hoy?

– Por el que hacemos, el periodismo que no se declara independiente, objetivo ni puro, porque todos conocemos que en materia de moral y buenas costumbres, muchos periodistas y empresarios periodísticos están tan sucios como el operador político más rosquero.

 -Hoy en día se habla mucho de Realpolitik, y series como “House of cards” pusieron sobre la mesa la discusión en torno a la toma de decisión política. Sin embargo, algunos sostienen que esta visión de las cosas es “antipolítica”, en tanto se plantea que el destino de las naciones depende de un puñado de decisiones individuales. ¿Qué postura tienen ustedes en relación a esto?

– No hemos visto “House of Cards”, una deuda que algún día saldaremos. Igual, no creemos que el destino de las naciones dependa de un puñado de decisiones individuales sino de un complejo entramado de decisiones colectivas.

El empresario “garca”, el operador rosquero, el intendente mafioso no son el producto aislado de la sociedad que los contiene, los vota o les permite pasar determinados límites.

No hicimos el libro bajo esa premisa sino tratando de contar una historia protagonizada por personajes que después de haber apostado ideas, tiempo, gestión y, en algún caso, cierto prestigio, terminaron tratando de destruir aquello que ayudaron a construir.

– ¿De qué habla, entonces, el libro?

– No hablamos del destino de la nación sino, en todo caso, del destino de algunos de sus líderes y funcionarios. En ese contexto, la indignación de algunos ex kirchneristas que participaron del poder suena hipócrita. O sea: ¿te espantás de golpe y decís que te vas porque el kirchnerismo fue cooptado por el PJ, y compartiste vidriera al lado de Juan Carlos Romero, Insfrán, el aparato de caciques del Conurbano y los gobernadores feudales?

Artículo original, en Yahoo Noticias

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