Tomás Abraham: “Shakespeare es la liebre que los intérpretes no pueden cazar”

Publicado en Yahoo Noticias

Tomás Abraham ha escrito sobre todo: filosofía, política, cultura, religión, actualidad, historia. En los casi treinta libros que tiene publicados, no ha dejado temática sin tratar. Pero tenía una cuenta pendiente. Hablar sobre la figura más emblemática de la literatura occidental: William Shakespeare. Mejor dicho, tenía una deuda anterior, que era leerlo.

“Shakespeare me puso ante lo desconocido ante todo porque no lo había leído”, cuenta el filósofo, profesor y ensayista. Aunque, seguramente y quizás sin saberlo, era un autor que ya había pensado. Sucede que las temáticas tratadas por el dramaturgo inglés condensan la experiencia humana en toda su universalidad. “Era lo más parecido a lo que hoy es un guionista”, explica Abraham, y cualquiera que explore sus páginas podrá ver plasmado el modo de ser de lo humano en su máxima expresión. El amor, el odio, la codicia, los aires de grandeza y las frustraciones están allí, presentes, en las obras que “El Bardo”, como solía conocérselo, inmortalizó en el siglo XVI.

Su figura es monumental, y excede a lo literario. Un importantísimo crítico literario, Harold Bloom, dijo que Shakespeare inventó “lo humano”. ¿Qué hace que muchos lo consideren el escritor más grande de todos los tiempos? En esa maldita costumbre humana de encasillar todo lo que se nos presenta, ¿por qué Shakespeare y no Dante, Homero o Víctor Hugo?

Abraham, formado en filosofía pero siendo un enemigo declarado de la especialización, deslpiega su interdisiplinariedad de la mejor manera: analizándolo bajo la forma del ensayo, el género que quizás mejor le calce, y definiendo a Shakespeare como un “antifilósofo”. Una figura antagónica de la filosofía que recuperará en Hamlet, Lear y Shylock lo que Abraham entiende por filosofía, o ejercicio del pensamiento. Un trabajo interpretativo que, como él mismo señala, es desde el vamos una empresa imposible, pero que vale la pena ser emprendida.

– Por lo que contás en la introducción, ¿te cansaste de la filosofía?

– No me cansé de la filosofía, sino de la historia de la filosofía. De todos modos en algún momento el bichito Schopenhauer me pica y saldré a buscarlo tarde o temprano. Hablando de insectos, la filosofía no vuela sobre un único territorio.

– ¿Sobre dónde vuela, entonces?

– Atraviesa a todos en los que hay un pensamiento en acción.

– ¿Y la “antifilosofía” de la que hablás en el prólogo? ¿Qué es?

– No se trata de una disciplina, por supuesto, sino del escollo que encuentra la voluntad de saber al toparse con un “autor anguila”. Shakespeare es la liebre que los intérpretes no pueden cazar, a lo sumo pueden decir que la vieron pasar. Es el autor más comentado de Occidente. La obsesión exegética que se tuvo y tiene con su obra, es comparable a los siglos de debate teológico sobre la Biblia. Nada de lo que se dice sobre Shakespeare lo aclara, tan sólo se le agrega, y desnuda a la vez que expone los talentos o torpezas de sus comentadores. Funciona como un espejo.

– El crítico literario Harold Bloom, referencia obligada en materia shakespereana, habla del autor inglés como “la invención de lo humano”. ¿Qué significa que Shakespeare haya inventado “lo humano”?

– Para Harold Bloom Shakespeare ha creado los tipos humanos que encarnan las pasiones del hombre postrágico, aquel que no está marcado por un destino y una trascendencia. La envidia, la adulación, los celos, la traición, la codicia, -yo le agrego la fisura-, llegan al límite, al exceso, y demuelen los artificios racionales y las convenciones sociales que los disimulan y visten con ropajes aceptables. Con  el Bardo es posible que todo se vaya al diablo. Inventó lo humano, para Nietzsche “demasiado humano”, o la vida como inmanencia, al decir de Gilles Deleuze.

– Citás a Heidegger: “Se piensa lo que no se sabe, y cuando se sabe no se piensa”. ¿Por qué Shakespeare te puso ante lo desconocido?

– La frase no es de Heidegger sino de este humilde servidor que se inspiró en otra de Deleuze que dijo que se escribe sobre lo que no se sabe. Shakespeare me puso ante lo desconocido ante todo porque no lo había leído. Tan solo y hace años “La tempestad”. Y luego porque el desafío consistía en averiguar si algo podía decir ante el nombre universal por excelencia que es sinónimo de literatura, ese “otro” de la filosofía tal lo decía Pierre Macherey en épocas de althusserianismo.

– En este sentido, una vez que se “sabe” algo, ¿dejamos de pensar para convertirlo en slogan?

– No en slogan sino en saber, y el saber se aplica, el pensamiento no, ya que admite el extravío, más aún, lo necesita como al mismo vacío.

– ¿Por qué hay tantas dudas respecto de la identidad de Shakespeare, desde decir que no existió hasta pensar que fue Francis Bacon? ¿Con qué versión te quedás, sea por gusto o verosimilitud?

– Las dudas existen porque Shakespeare no ha dejado referencias sobre sí mismo, y porque no era un inmortal en vida, sino un productor teatral, actor, y diríamos hoy: guionista. A nadie se le ocurría que había que dar testimonio sobre una gloria. Fue un hombre que tuvo éxito con sus espectáculos y cuando juntó el dinero suficiente, se retiró a su pueblo a invertir en tierras y vivir de rentas. Sólo un siglo y medio después, a algunos ingleses se les despertó la curiosidad por saber quién era ese hombre que había obtenido los favores de la corte siendo un plebeyo. Pero ahí comienza la leyenda y la industria de la fama del poeta.

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– ¿Por qué, si sus personajes no son virtuosos como decís, es un “facilismo” concluir que Shakespeare fue un escéptico?

– En todo caso decir escéptico es otra etiqueta foránea que sella un sobre sin carta en su interior. Se podría decir también ecléctico. En todo caso, de acuerdo a mi punto de vista, no hay “pensamiento” shakesperiano, por eso también es antifilósofo. Shakespeare son sus personajes, Borges dixit.

– ¿Qué interpretación ofrecés de Hamlet, la obra más comentada del universo shakespereano?

– Lo que me interesa de Hamlet es el espectro, ese padre maldito que se pone en el papel de víctima y que enloquece a su hijo que no sabe ser asesino. Y por el otro lado el misterio de la “demora”, esa postergación de la venganza que termina en un desquicio por el que se matan todos.

– Si tuvieses que elegir una obra del autor para ponerla como espejo de la realidad política actual, ¿cuál sería y por qué?

– Me dan ganas de decir “Romeo y Julieta”, por el circo melodramático que otros llaman algo anacrónicamente sociedad del espectáculo, pero por el otro, Timón de Atenas, por el tema de la adulación. O Sueños de una noche de verano por el travestismo, o Ricardo III por la locura por el poder, o el rey Lear por la ingratitud… No… Mejor el Mercader de Venecia…

 

Artículo original, en Yahoo Noticias

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