El poder de los medios: ¿cuánto influyen en nuestra vida cotidiana?

Publicado en Yahoo Noticias

La discusión sobre los medios de comunicación tomó en los últimos años, para variar, un tinte binario: o bien son simples “espejos de la realidad”, o son dudosas corporaciones que manejan a los sujetos como marionetas. ¿Se puede pensar algo más allá de este corset maniqueo, de esta lógica de buenos y malos? Sí, claro que se puede: El poder de los medios es una selección de entrevistas de primer nivel, con profundas reflexiones en torno al rol de los medios de comunicación en la actualidad.

Nombres como el del filósofo Gianni Vattimo, Toni Negri, el recientemente fallecido Ernesto Laclau o Néstor García Canclini hacen del trabajo de Iván Schuliaquer un verdadero compendio de entrevistas de lujo. Licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires y magíster en Sociología de medios por la Universidad de París IV-Sorbonne, el autor (que también es periodista y sabe, en primera persona, del oficio de creación de noticias) no quiso quedarse sólo con la interpretación de estos autores, sino ir más a fondo: preguntarles a ellos mismos qué pensaban sobre los medios de comunicación.

¿Qué lugar ocupan hoy los medios en la vida cotidiana de todos? ¿Cómo cambiaron las nuevas tecnologías el modo en el que se consumen las noticias? ¿Se puede hablar del fin de las noticias? ¿Cuánto tarda un periodista hoy en construir una noticia? ¿Qué respuestas tienen a todo esto los intelectuales?

“Hay una definición del filósofo Paul Ricoeur que dice que la mejor manera de leer un texto es considerar a su autor muerto. De esa forma, uno no tiene manera de preguntarle qué quiso decir y solo queda interpretar. Bueno, el libro va contra eso. Yo quería preguntarles a autores que venía leyendo cómo, desde sus teorías, vinculan a la política y los medios”, explica. No sin dejar la puerta abierta, aún, a más interrogantes. Aquí, algunas de esas preguntas y un intento por responder a cuánto, de qué modo y por qué el poder de los medios es algo central para entender al siglo XXI.

– Contame un poco de qué se trata esta investigación, en la que trabajaste el pensamiento de varios intelectuales y sus reflexiones en torno a los medios. ¿Qué “definiciones” buscás?

– Entre lo que quería explorar me interesaba plantear que, primero, los medios no están aislados: actúan en sociedades atravesadas por tensiones y desigualdades de todo tipo. Por otro lado, quería plantear que el poder de los medios no empezó en 2008 ni terminará en 2015 y que no es, ni por lejos, un asunto que se plantea solo en nuestro país. Quería ver si se puede mirar por encima del hombro de la coyuntura y salir de lo anecdótico, y de la interna argentina, para acercarme a pensadores sólidos y serios que hicieron escuela. Me interesaba, también, arrimar a gente que piensa distinto y desde diferentes ángulos en un momento en que parece que todos los temas se ponen sobre la mesa para debatir, pero en el que muchas veces se debate poco porque la postura ya está tomada de antemano.

– ¿Cuáles son esas principales teorías o escuelas que analizan a los medios hoy y cómo los caracterizan?

– Es difícil resumirlas en pocas líneas, pero diría que unas que se volvieron dominantes en los últimos 25 años, y que inciden sobre las prácticas políticas, son aquellas que marcan que la competencia por la representación hoy se juega sólo en los medios de comunicación. En particular, en la televisión. Ahí importa que el político dé bien en cámara, hable con frases cortas, sepa cómo manejar el lenguaje corporal. En general los organizadores de esas escenas eran los periodistas políticos más reconocidos de los canales privados. Se basa también en la idea de que los candidatos deberían ser catch-all, sustentada en la idea de que un político puede conseguir casi todos los votos. Sin embargo, lo que esas teorías pasaron por alto es que, para que eso funcione, debe existir un amplio consenso respecto de los acuerdos que los partidos con posibilidad de gobernar sostendrán. Eso se dio en la Argentina en los 90, donde, por ejemplo, la oposición no puso en duda ni la convertibilidad ni cómo se gobernaba la economía.

–  Decís que no es nuevo que “no se pueda pensar a la política sin los medios ni a los medios sin la política”. ¿Por qué? ¿Qué cambió en el último tiempo respecto de antes?

– Los diarios y las revistas primero, y luego la radio y la televisión, permitieron comunicar a las personas más allá del cara a cara. Eso hizo que los medios, entonces, fueran un lugar central desde donde disputar y definir cómo se organiza la sociedad. Es decir, por marcar sus políticas. Basta con pensar la importancia que tiene para la protesta social salir en los medios: permite disputar un lugar de la agenda pública y política y, muchas veces, conseguir una respuesta más rápida.

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– ¿Y cómo se ha dado esto específicamente en Argentina?

– El gran cambio que se produjo en Argentina y en la región en la última década es que la televisión aún es fundamental, pero su centralidad está cuestionada también a partir de una reterritorialización de la política, material y simbólica. Las figuras centrales de la política –Néstor y Cristina Kirchner- no asisten a los estudios de televisión ni dan entrevistas, al tiempo que denuncian a esas escenas por ilegítimas. A pesar de eso, ganaron todas las elecciones presidenciales a las que se presentaron y su liderazgo está en el centro, tanto para quienes los apoyan como para quienes los critican, de la política argentina.

– La visión de Vattimo, fuertemente influido por Nietzsche, derriba la concepción de una verdad única. ¿Qué vínculo hay entre esto y el así llamado fin de los grandes relatos en el periodismo? ¿Qué es la sociedad transparente?

– Para Vattimo quien habla de verdad, o de objetividad, habla de la verdad del dueño. Así, marca que pasamos del pensamiento fuerte al pensamiento débil, que reconoce que no existe una historia única motorizada por occidente, sino varias historias, y señala que siempre estamos al interior de una cultura y de ideologías. Desde ahí es que dice que no existe la objetividad y, como Nietzsche, que más que los hechos importan las interpretaciones. En ese marco, él dice que la sociedad transparente aparece a través de los medios: a partir del cable y la multiplicación de canales. A partir del control remoto uno accede a distintas emisiones que provienen de distintas culturas y la sociedad se muestra caótica como siempre fue. Eso es emancipador porque ya no hay grandes relatos del sentir mundial y de la historia. Eso afecta al periodismo, pero también a la política. Sin embargo, pese al optimismo inicial, Vattimo se corrigió algunos años después. A partir de la llegada de Berlusconi al gobierno italiano dijo que la sociedad transparente es posible siempre y cuando no todos los canales pertenezcan al mismo dueño.

– ¿Por qué los medios de comunicación se tornan opositores desde la perspectiva de Laclau? ¿Qué explica ese fenómeno y por qué, en las urnas, los votos han confirmado al oficialismo en más de un caso en Latinoamérica?

– Laclau señala que los partidos políticos han perdido el lugar central que tenían como punto de aglutinación de las demandas colectivas. Y que eso se debe a que la sociedad civil es cada vez más diversa y cómo unir a diferentes grupos es una pregunta política central. Ante liderazgos fuertes y mayoritarios, como se dieron en distintos países de la región, que permiten reunir grupos y sectores diversos, Laclau analiza que una de las instituciones que permite aglutinar a la oposición son los medios de comunicación. Desde ahí, son una plataforma central para armar una narrativa que se opone a la narrativa del gobierno y lo que se pone en juego es quién es el legítimo representante de la sociedad. Hay una disputa entre relatos, pero esos relatos no son una farsa ni describen una “realidad” que está por fuera de ellos, sino que ellos mismos la construyen y la constituyen.

– En esa disputa, ¿se le asigna demasiado poder a los medios de comunicación sobre los ciudadanos?

– Entiendo que se subestima a las audiencias desde el discurso de ciertos gobiernos que creen que los medios, en lugar de condicionar –que lo hacen-, determinan las voluntades de los individuos. Eso queda refutado a partir de los resultados en las elecciones donde, aunque muchos medios de comunicación líderes de audiencia se les oponen de manera frontal y clara, estos gobiernos revalidaron varias veces su popularidad. Eso demuestra que la política excede por mucho a aquello que se escenifica en los medios, así como también que las audiencias son activas en la interpretación de sus mensajes como lo demuestran estudios comunicacionales desde hace al menos ocho décadas.

– ¿Cuál es el alcance de las redes sociales en las protestas? ¿Qué aportó tu entrevista a García Canclini?

– Con la aparición de movimientos como Los Indignados en España, la Primavera Árabe en África o #yosoy132 en México algunos se apuraron a decir que las redes sociales fueron las que generaron y estuvieron detrás de esos procesos políticos. Por supuesto, las redes sociales fueron fundamentales: permitieron reunir a la gente de maneras hasta ahora desconocidas, organizarlas y juntar sus voluntades. Sin embargo, como dice García Canclini, esas voluntades no vienen de las redes sociales, sino que responden a situaciones históricas y a condiciones sociales, políticas y económicas. Entonces, si bien las redes son importantes, el momento definitorio de la política sigue estando en la calle y, si bien el mundo online y el offline conviven y no hay uno “real” y otro “virtual”, nadie logró un cambio político a partir de retuiteos o “me gusta”.

– ¿Qué tipo de noticias suele interesarle a la gente en la web, dentro de la oferta de política, deportes y entretenimiento?

– Hoy las noticias que más clics reciben, como lo explica Pablo Boczkowski en el libro, son las de deportes y las de chimentos. La noticia en internet se presta a la desagregación y eso permite que hoy se sepa con precisión qué es lo que el usuario cliquea. Mi sensación es que el consumo de noticias en Internet no es el mismo que en los medios tradicionales y que eso se debe también a que las prácticas de lectura hacen que en Internet se lean cosas distintas que en el papel en función del tiempo y el espacio. De ahí que es importante ver dónde se consumen las noticias: hace una década los sitios web descubrieron que sus horas pico son de 9 a 6 de la tarde, cuando la gente trabaja. En los sitios online el promedio en que se escribe una nota es de 18 minutos. En ese marco, las lecturas son más rápidas y de noticias de último momento, menos de asuntos públicos y más de entretenimiento. A partir de eso, varios medios tradicionales consideran que la convergencia es correr detrás del clic, aunque aún no sabemos qué es un clic como fenómeno social. Así, dejan de hacer lo que hacían para influir sobre un lector cada vez más volátil, construido también por ellos mismos a partir del mandato del clic. Son problemas aún abiertos, todavía no sabemos hacia dónde va el periodismo.

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– El libro parece un gran esfuerzo por encontrar el gris entre dos posturas muy difundidas hoy: o bien que los medios son un espejo que refleja la realidad objetivamente, o que son corporaciones que manejan la opinión pública. ¿Cómo podrías sintetizar ese gris, si tuvieses que sacar algunas conclusiones?

– Una vez que admitimos que los medios son actores con intereses políticos y empresariales, a veces se cae en el otro extremo y se dice que los medios son pura manipulación. No se entendería desde ahí, por ejemplo, por qué consumimos medios, por qué nos entretienen, por qué, de formas diferentes, nos informan sobre aquello que no llegamos a conocer. Entonces, los medios no son ni omnipotentes ni intrascendentes. Los medios muestran y, al mismo tiempo, construyen el mundo. Son unos de los actores con mayor peso para hacer circular imágenes y palabras y para disputar los sentidos sociales de la sociedad que compartimos. Si no, pensemos cuántas de las últimas noticias que recibimos sobre temas públicos nos llegaron a través de ellos. Sin embargo, los medios están en el marco de sociedades atravesadas por tramas, jerarquías y tensiones. Ahí juegan un rol central, pero permeados por todas esas disputas. Los medios son un terreno de disputa más y cómo definimos y pensamos su poder también es un terreno de batalla ante el que no existen respuestas definitivas.

Artículo original, en Yahoo Noticias

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