Alejandro Grimson, derribando mitos: no todo se resuelve con “la educación”

Publicado en Yahoo Noticias

Alejandro Grimson viene combatiendo una costumbre que, por lo general, todos los argentinos practicamos en menor o mayor medida: hablar de todo. Y ese “hablar de todo” incluye, claro, no sólo emitir juicio sobre aquello de lo que sabemos sino, sobre todo, hablar de lo que no sabemos. Y uno de los lugares comunes más repetidos ante cualquier problema nacional o falencia social, es que la respuesta o la solución se encuentran “en la educación”. ¿Qué significa esto, que escuchamos repetido hasta el hartazgo?

El hecho de haber pasado por una institución educativa, o tener a los chicos en el colegio parece dar ciertas credenciales para hablar de educación. Sin embargo, para Grimson, “si bien es cierto que todos tenemos algo que ver con la educación, el debate para mejorarla es urgente pero hasta ahora muy pobre. Necesitamos correr ciertas frases hechas y asumir la complejidad del tema”.

Los refranes repetidos son conocidos: “Antes la educación era de mejor calidad”, “En otro tiempo reinaba el orden y la disciplina”, “Hay que adecuar la escuela a las demandas del mercado”, “El maestro perdió autoridad”, “La educación mejoraría si se invirtiera más”, “La culpa la tienen los sindicatos”, “La política no debe entrar en la escuela”. Estos son solo algunos de los mitos que, junto a Emilio Tenti Fanfani, Grimson intentó, nuevamente, derribar. ¿Cómo le fue, y qué desafíos encontró en esta nueva publicación? Aquí, el autor cuenta sobre las “mitomanías” educativas y, sobre todo, se encarga de derribar algunas de ellas.

– A la educación se la utiliza, como explican en la introducción, para explicar todos los males argentinos. ¿Cómo se desmitifica esa frase tan repetida que insiste en que “el problema es la educación” ante cualquier tipo de problema o anomalía? O su contraparte, ¿cómo se desmitifica que “todo se resuelve con educación”?

– Exacto, son dos ideas simétricas. Si “todo lo malo se resuelve con educación”, las sociedades serían mucho mejores en todo el planeta. Imaginemos que con asegurar buenos docentes no pudiera haber un Videla o un Hitler, no hubiera ladrones ni corruptos ni violentos… Sería todo más sencillo. Con los defectos humanos que puedan tener, los educadores son en su inmensa mayoría buenas personas. Pero el mundo capitalista actual es un poco más complejo. Hay poderes, empresas, intereses, condiciones de trabajo, vida urbana, violencia y un sin fin de problemas. La educación puede tener un rol clave en contribuir a resolverlos si el conjunto de la sociedad va en esa dirección. Y si no, la educación puede contribuir en un rol específico. Para poder definirlo, es necesario precisar prioridades.

– “A los alumnos de hoy no les interesa nada”. ¿Cómo sostienen que esto no es cierto? ¿Cómo contrasta esto con la ardua tarea de dar clases en un secundario, y tener que captar constantemente la atención de un auditorio?

– El docente tiene que ser un gran motivador. Y para poder motivar su primera tarea es entender qué cosas sí les interesan a los alumnos. Es diferente decir que nada les interesa que decir que sus intereses son diferentes de los de los adultos. ¿A qué jóvenes hoy no les interesa la tecnología, e deporte, la música o la sexualidad? Sexualidad puede ser pensado como un tema tabú o como el disparador de una gran clase de anatomía. Deporte puede ser un tema “no académico” o puede ser motivo de una excelente clase de geografía, de salud física, etc. La música puede ser jerarquizada entre la buena música (que siempre la que le interesa a uno mismo) y ese “ruido” que no es música que les gusta a ellos. Es un estereotipo. Sobre gustos no hay nada escrito. Pero si parto de la denigración de los gustos de los alumnos, ¿cómo voy a pedirle respeto a alguien que yo no respeto?

– ¿A qué llaman “docente Superman”?

– Hay una idea de que el docente debe resolver todo. Además de enseñar su materia debe ver que haya materiales, si hay niños deprimidos conversar con ellos, si hay niños desnutridos ver cómo ayudarlos, si descubre violencia doméstica denunciarla y hacerse cargo… ¿Qué más podemos pedirle a Superman? El punto es que el docente sólo debería encargarse de enseñar muy bien lo que debe enseñar, con todo lo que eso implica. Para ello, es necesario que en toda escuela haya otros profesionales que se encarguen de los otros temas de la niñez y la adolescencia. Que liberen al docente de todo lo otro, que le impide trabajar en lo que debe trabajar.

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– “A la universidad accede una pequeña elite”: ¿cómo desmitifican esto?

– Según el censo 2010 en la Argentina hay un 4,3% de la población que es estudiante de la universidad. Es un porcentaje altísimo, el más alto de América Latina. Y el 80% de ellos van a la universidad pública. Eso no significa que las cosas estén fantásticas. Los problemas de nuestra universidad no están en el acceso. Es falso que acceda sólo una elite, el problema está en el proceso posterior al acceso, donde la mayoría de las instituciones se despreocupan del desempeño de los estudiantes y donde casi el 50% de los nuevos estudiantes abandona los estudios en el primer año.

– ¿Por qué suele creerse que la educación privada es mejor que la pública? ¿Es un corolario o un sub argumento que se desprende de uno más general que prioriza lo privado por sobre lo público?

– Exacto, hay un mito que yo critiqué en “Mitomanías argentina” que dice que todo lo privado es bueno y todo lo público malo. ¿Usted diría que los celulares, los bancos, las tarjetas de crédito, los ómnibus urbanos funcionan todos a las mil maravillas? Sería absurdo. ¿Usted diría que todas las universidades, las empresas como INVAP, los colegios universitarios, etc., son todos un desastre? Otro absurdo. Hay escuelas públicas muy buenas en varias ciudades argentinas. Deberíamos preguntarnos qué hacen esas escuelas que otras no hacen. Hay escuelas privadas muy buenas, pero también de muy escaso nivel, en muchas ciudades. La triste verdad es que en términos de aprendizaje lo que define no es el carácter público o privado, sino en nivel socioeconómico de las familias.

– La autoridad de los maestros es algo que se pone en discusión en los medios, generalmente con videos que si difunden de situaciones violentas en el ámbito del aula. ¿Qué análisis hacen ustedes?

– Primero, hay que contextualizar. Hoy en la Argentina hay decenas de miles de escuelas, la cantidad de aulas se cuentan en centenares de miles de aulas. Un problema es algo serio. Tan serio que debe mensurarse su alcance. No debe menospreciarse ni sobredimensionarse. Por otra parte, la cuestión de la autoridad es crucial, ya que es una condición necesaria para que pueda desarrollarse el proceso educativo. La pregunta es cómo se construye la autoridad. Nadie nace con autoridad. Ninguna persona por el hecho de ser juez, político, médico o docente puede exigir ser respetado. En el mundo de hoy ya no hay lugares sacralizados. Para ser respetado, hay que respetar. Para respetar, hay que formarse en comprender los intereses de los alumnos. Ningún tipo de violencia debe justificarse. Tampoco debe justificarse ningún estereotipo de que “son niños malos” como si las acciones de los adultos no fueran determinantes de las actitudes de los niños y jóvenes.

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– ¿Qué cosas sí se explican por las falencias en el sistema educativo, y qué cosas por sus virtudes, muy sintéticamente?

– Uno de los grandes avances de la Argentina como sociedad es el creciente acceso de cada vez más amplios sectores de la población a niveles como el secundario y la universidad. Otro de los avances es el acceso a las tecnologías en los espacios educativos, reduciendo la brecha digital. Estos avances plantean nuevos desafíos. Estar dentro de la escuela no necesariamente implica que haya aprendizaje o aprendizaje de calidad. Tener las computadoras no implica automáticamente que la tecnología se integre plenamente al proceso de enseñanza y aprendizaje. Hay un cambio cultural en curso que plantea grandes desafíos. La escuela del siglo XXI no encontrará su camino en algún pasado idílico. Por el contrario, es necesario que comprendamos los desafíos contemporáneos.

Artículo original, en Yahoo Noticias

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