Sinaloa, Medellín, Rosario: ¿hasta dónde puede llegar el narcotráfico en la Argentina?

Publicado en Yahoo Noticias

Durante los últimos años, las noticias sobre casos de narcotráfico en la Argentina fueron tomando cada vez más relevancia. Rosario, la tercera ciudad más poblada del país, se convirtió en el epicentro de violentos episodios, sangrientas venganzas y cocinas de producción de distintos tipos de drogas. Y, además, en un lugar clave que devino casi un paraíso narco. “Así y todo, a los narcos no les interesa el mercado interno argentino, por ser pequeño e inestable”, explica el periodista Gustavo Sierra. ¿Por qué se llegó, entonces, a esta situación?

Esto intenta responder Sinaloa, Medellín, Rosario, la investigación que cuenta cómo operaron históricamente los cárteles de droga más famosos de Latinoamérica, y qué transformaciones fueron llevándolos a volcar su interés sobre la Argentina. El bajo precio de la efedrina, los accesibles costos legales y financieros, los puertos sobre el río Paraná para enviar la producción a Europa y la cercanía con los centros de elaboración como Bolivia y Perú son algunas de las razones que el periodista de Clarín aborda. Y, por supuesto, el lugar de los barrios marginales del Gran Rosario como refugio narco, garantizado por la complicidad de la policía local.

Los números son contundentes. En 2011 la importación de efedrina subió a 18.6 toneladas, unas dieciocho veces más de lo que se necesita para la industria farmacéutiva. El mercado, siempre en movimiento, fue mutando: la cocaína, antes producida en Colombia, pasó a organizaciones de menor envergadura en Perú y Bolivia. Y por esa ruta, a través de la provincia de Salta, llegó a la zona del litoral. Aquí, Sierra detalla cuáles son las preocupaciones vigentes, y hasta qué límites podría extenderse esta grave situación. Si es que aún le quedan.

– Haciendo un poco un repaso histórico y de contextualización, ¿cómo dirías que empezaron los cárteles y sus interconexiones para ocupar el lugar que ocupan hoy? ¿Dónde está “el huevo de la serpiente”?

-El primer cartel de Sinaloa se formó hace casi 100 años cuando un grupo de campesinos de la sierra le arrebataron el negocio de la producción de opio a inmigrantes chinos. Hoy, son empresas criminales globales. Por ejemplo, el cartel de Sinaloa tiene presencia en 85 países. Se trata de un negocio extraordinario comparable al de cualquier gran multinacional de servicios. Y su “gerenciamiento” también está globalizado. Las grandes operaciones de envíos de cocaína a Europa o Estados Unidos las están realizando en conjunto mexicanos, colombianos, peruanos, bolivianos y argentinos.

– La cocaína se produjo históricamente en cárteles colombianos, hasta la aparición de Bolivia y Perú como productores. ¿Cuándo se sumaron estos dos países? ¿Qué cambios implica el entramado del narcotráfico?

– El proceso de pacificación colombiano y la “muralla” defensiva que levantó Estados Unidos en la zona del Caribe y el Atlántico en los años 90 hicieron que los narcos buscaran nuevas rutas de salida de la cocaína. Al mismo tiempo cambió el centro de la producción que antes estaba en Colombia y pasó a Perú (el mayor productor de hojas de coca del mundo). La pasta base sale de la sierra central peruana hacia las “cocinas” o refinerías que funcionan alrededor de la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra y de allí hacia Argentina, donde encontraron dos rutas. La primera, la principal y más exitosa, es la que busca los puertos del Paraná para embarcar los cargamentos hacia Europa. Y la segunda, que entra por Salta y busca los puertos del norte de Chile en Arica.

 – Un informe mexicano advierte que a los narcos no les interesa el mercado interno argentino, por ser pequeño e inestable. ¿Por qué entonces crecieron las noticias en torno a una intensificación de estas actividades en el país?

-Cuando el presidente Calderón de México lanzó la narcoguerra en el 2006 (una guerra que continuó el actual presidente Peña Nieto y que ya dejó 100.000 muertos y 20.000 desaparecidos) los carteles comenzaron a buscar rutas alternativas. También buscaban efedrina, el componente químico que necesitaban para la fabricación de drogas sintéticas para las que se había abierto un enorme mercado nuevo en Estados Unidos. Y encontraron el “paraíso” en Argentina. Tenían efedrina a un precio más bajo del que estaban pagando hasta entonces a los chinos e indios, tenían un país de muy bajo costo legal y financiero, un enorme mercado negro para poder lavar el dinero, puertos de actividad efervescente sobre el río Paraná para sacar sus cargamentos hacia Europa, una proximidad a los centros de elaboración (Bolivia) y, por sobre todo los colombianos, tenían una “retaguardia segura” en los barrios cerrados del Gran Buenos Aires donde mantener a sus familias lejos de las balas de sus contrincantes. Argentina fue un lugar de grandes ventajas que los narcotraficantes supieron aprovechar muy bien.

 – ¿Qué lugar ocupan los puertos del río Paraná en el ingreso de la cocaína a la Argentina?

-El “boom” de la soja trajo una gran actividad en los puertos del Paraná, particularmente alrededor de Rosario. Allí, las grandes organizaciones encontraron bandas locales le les dan la infraestructura necesaria para la salida de los cargamentos de 100 o 500 kilos hacia Europa. Rosario es una ciudad muy linda rodeada por un bolsón de pobreza extrema. Allí es donde se encuentran las bandas locales entrelazadas con las barras bravas de Ñewell’s y Central y cientos de miles de chicos de 12 a 25 años que no estudian ni trabajan y pertenecen a familias con tercera generación sin cultura del trabajo. Ese es el caldo de cultivo que aprovechan estas organizaciones: tienen soldaditos (sicarios) y consumidores al mismo tiempo.

 – ¿Cuál es la mayor cocina de cocaína hallada en el país, y por qué le dedicas un tramo en el libro?

-Es la cocina de Delfín Zacarías que tenía una organización familiar. La esposa, los hijos y la nuera eran los responsables de la operación. Tenían un muy sofisticado laboratorio en Funes, en el Gran Rosario. Lo atraparon en septiembre de 2013 cuando volvía de Buenos Aires con los precursores químicos que conseguía de contrabando en la industria del Gran Buenos Aires.

– En el libro hablás de cuatro hermanos que están relacionados al narcotráfico, muy ligados al Gobierno nacional. ¿Podés contarme un poco sobre esto?

-Son cuatro hermanos que se cree están relacionados con el hombre que nombramos y que tenía la cocina en Rosario y llevan su mismo apellido. Vinieron desde Santa Cruz con los Kirchner y ocuparon puestos importantes. Rubén Zacarías fue funcionario de Protocolo y Ceremonial de la Casa Rosada hasta el 2013. Dicen que era la “llave” para acceder al despacho del ex presidente y la actual presidenta. Otro hermano, Luis, también fue una especie de “secretario privado” de Presidencia. Miguel Zacarías fue la mano derecha de José Granero en el SEDRONAR entre 2004 y 2011 y estaba a cargo de dar los permisos de compra de efedrina. Y el último, Máximo, fue interventor del PAMI en Rosario. La diputada Carrió los denunció y la jueza María Servini de Cubría los investiga.

 – ¿Cuál es la relación narco que hay entre algunos de los pases de jugadores en el fútbol argentino y los equipos mexicanos?

-Se lava dinero a través de estas transacciones. En las divisiones inferiores del fútbol mexicano hay decenas de chicos argentinos que juegan apenas unos meses hasta que el dinero se deposita en una cuenta en el Distrito Federal y luego regresan. Hay casos de jugadores que fueron vendidos a más de un club al mismo tiempo.

– Según tu análisis, a partir del libro, ¿creés que el problema puede extenderse hasta qué dimensiones en la Argentina? ¿Podría llegar a ser tan preocupante como en el caso de México y Colombia?

-Sí, tenemos todas las condiciones para que esto ocurra. También estamos aún a tiempo para evitar que el dinero del narcotráfico entre de lleno en las campañas políticas. Una vez que esto se convierte en un fenómeno masivo ya es casi imposible desterrar la corrupción creada por estas organizaciones criminales. Los argentinos perdimos diez años enfrascados en una fractura inútil como la del peronismo y antiperonismo que nos había ya hecho perder treinta o cuarenta años. Estamos ante una oportunidad histórica de modificar nuestro comportamiento suicida. Tenemos que hablar y buscar soluciones para los problemas cruciales: pobreza, desarrollo, energía, innovación. Y crear un servicio de inteligencia al estilo de los europeos con los mejores profesionales y más capacitados (doctores en matemáticas en vez de policías retirados de la bonaerense) que esté bajo el control del Congreso. Esa es la única manera de combatir eficazmente al narcotráfico.

Artículo original, en Yahoo Noticias

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