Eduardo Anguita: “En transporte y energía hemos quedado relegados a un Estado bobo”

Publicado en Yahoo Noticias

El último tramo del gobierno de Cristina. Así define Eduardo Anguita, escritor y periodista, el período que se abre en 2015 en la política argentina. Y para decir algo que vaya más allá de la simple definición, el autor de La voluntad (libro que revolucionó la literatura setentista, escrito junto a Martín Caparrós) arriesga varias hipótesis en torno a un objetivo claro: ¿qué avances y retrocesos se registraron durante los años del kirchnerismo?

“Hay algo positivo en todo el rescate de la participación popular y de aquellas políticas que avanzaron sobre sectores privatizados para negocios que no dieron rédito al país”, apunta. Pero tampoco se ahorra críticas: “El correlato en política de transportes ha sido mantener las concesiones y renovarlas con un sistema de subsidios que recién ahora empieza a modificarse un poco. Estas son las cosas que hay que debatir, más allá de las convicciones políticas de cada uno”, señala. Y pega donde duele: “No podemos vivir con un Indec que a fines de 2014 deba los indicadores de pobreza desde el último trimestre del 2013”.

El libro es un intento por frenar la pelota: el Estado, la economía, las políticas sociales, las deudas con los sectores populares son sólo algunos de los tópicos en discusión. Además, el libro tiene una serie de entrevistas a personalidades políticas de la actualidad muy disímiles en cuanto a posicionamiento ideológico. Juan Manuel Abal Medina, Juan Carr, Alberto Fernández, Horacio González, Gustavo Grobocopatel, Stella Maldonado, José Natanson, María O’Donnell, Felipe Pigna, Maristella Svampa, son algunas de ellas. ¿Qué y cómo piensan a la patria?

En un clima político absolutamente polarizado, donde elogiar alguna medida del Gobierno convierte a cualquiera en kirchnerista y una crítica en desestabilizador, la voz de Anguita encuentra un lugar poco explotado en la coyuntura actual. Aquí, algunos de los puntos que el escritor considera que deberían pensarse, con la mirada puesta en el país que heredará el próximo presidente de los argentinos.

– ¿Qué es la Patria? ¿No es un concepto que se puede llenar con cualquier cosa?

– Yo trato de mostrar lo difuso que es el concepto de patria, pero lo arraigado que está. De modo tal que cuando uno trata de apelar a los sentimientos populares y las tradiciones políticas tiene que darse cuenta que el hecho de vivir con intensidad cierta historia, a veces mitológica y a veces documentada, también nos lleva a otra pregunta: ¿hasta dónde la patria y hasta dónde la república? En general solemos darle todo el contenido sensible y motivacional al concepto de patria y el concepto frío y legal al de república. Y me parece que, justamente, en momentos donde la democracia muestra la necesidad de recrearse, sobre todo de recrearse porque tiene una eficacia muy relativa a la hora de mejorar las políticas de redistribución del ingreso –al menos en América Latina-, entonces es también preguntarnos sobre muchos elementos que damos por sentados a la hora de ubicarse de un lado u otro del tablero político.

– ¿Qué le dejó la polarización al país, y qué le dejó particularmente al kirchnerismo?

– Como todo fenómeno de construcción abre los horizontes del país y el futuro del país, y es útil a las pequeñas necesidades o mezquindades de la política. La polarización en un país que venía del saqueo de 2001 hizo poner de pie ciertas convicciones y teorías políticas que venían muy desdeñadas en los 90. Particularmente todo el rescate de la participación popular y todo el rescate de aquellas políticas que avanzaron sobre sectores privatizados para negocios que no dieron rédito al país. Se llegó a recomponer la función del Estado no sólo en función de su concepción liberal, regulador en ciertos casos y gestor en otros. Por ejemplo, Invap, que genera sus propios científicos, sus propios recursos.

– Ese sería el Estado gestor. ¿Y en sectores como la política de transporte? ¿Qué le pasó ahí al kirchnerismo?

– Allí, junto con la política energética, hemos quedado más relegados a ser un Estado bastante bobo. Hay muchísimos temas en los cuales la legislación de los años 90 y el tratamiento privilegiado de ciertos sectores empresarios no fueron modificados. Uno puede decir que estos procesos que se viven en Latinoamérica, en la mayoría de los países, salvo Bolivia donde hubo un gran giro en política de hidrocarburos, son pequeños avances. Si se avanza mucho en políticas sociales, universales de contención a madres o a sectores sin trabajo como el caso de la asignación universal, se relegan sectores cuya rentabilidad para el sector privado es altísimo y cuya normativa favorece a que se siga manteniendo esa concentración económica (minería, cerealeras, la banca, y muchos otros casos). El correlato en política de transportes ha sido mantener las concesiones y renovarlas con un sistema de subsidios que recién ahora empieza a modificarse un poco. Estas son las cosas que hay que debatir, más allá de las convicciones políticas de cada uno. Siempre se ha tomado, desde el Gobierno, como que hay un ataque porque son opositores, pero muchas veces lo que se cuestiona va más allá de un lugar opositor, sino que lo que se cuestiona es un modelo de gestión totalmente ineficaz y poco transparente. Y del lado de la oposición hay, sí, sectores que pretenden volver al Estado bobo de los 90.

– En el libro sostenes que, efectivamente y como señala constantemente el kirchnerismo, hay dos modelos. ¿Qué lectura hacés de esto?

– Por un lado es cierto que en estos años hubo dos modelos de concepción política. Los sectores opositores han tenido un nivel de indefinición muy grande, al punto tal que Cobos formó parte de la alianza que en 2007 llevó al kirchnerismo al Gobierno y sin embargo hoy no pudo volver al radicalismo, no sabe si estar con Macri. Esto llevó a que el kirchnerismo, con todas las cosas que uno pueda achacarle, se haya constituido como la única fuerza motora. El fuerte de la oposición ha sido criticar cosas del kirchnerismo, pero estuvo flojo en materia propositiva.

– En el libro manejás tres escenarios posibles para la cámara de diputados. ¿Me los repasás?

– Yo traté de centrar el futuro de 2015 en algo que no sea predictivo como futurólogo, sino hipotético. Entonces planteé qué pasaría cuando se renueven las bancas del senado, y sobre todo la mitad de Diputados que corresponden a 2011 –año donde el kirchnerismo sacó el 54 por ciento-. La conclusión a la que llego es que es muy probable que el Frente para la Victoria pierda la mayoría que hoy tiene en la cámara de Diputados y se convierta en una primera minoría que, más allá de que conserve el ejecutivo, tendría un Congreso en el que necesitaría hacer alianzas. La visión confrontativa que tiene el kirchnerismo ahora sería poco funcional a la política con esta nueva configuración, porque si necesitás hacer alianzas para solucionar el trámite legislativo, también hay que hacer concesiones, llegar a acuerdos.

– Hacés bastante hincapié en los acuerdos en esta parte del libro. ¿Por qué?

– A mí me parece que con casi 32 años de democracia y con el necesario ejercicio de acuerdos legislativos, el diálogo, las alianzas deberían ser la norma. Pero también advierto que no es simplemente decir que hay que conciliar intereses: soy partidario de discutir a fondo aquellos problemas que estructuralmente muestran la dependencia y la incapacidad de la Argentina de ser soberana. Banca, minería, petróleo, agronegocios, automotriz y demás. Un altísimo grado de dependencia y concentración en manos de otras empresas. Por un lado, ir a ese debate con mucha convicción, pero también escucharnos y llegar a alianzas progresivas. La democracia se trata, primero, de lograr consensos institucionales, y segundo moverse al compás de lo que la sociedad y las coyunturas económicas reclaman. No solamente estar denostando al kirchnerismo desde la oposición o de ver solamente virtudes en la gestión, como muchas veces lo hace el propio Gobierno.

– Candidatos: ¿Es tan distinto Scioli del kirchnerismo como el kirchnerismo lo suele distanciar?

– En términos de alineamiento con la Casa Rosada –conflicto por la 125, ley de medios, política de derechos humanos-, Scioli ha estado cerca del kirchnerismo. Pero está claro que Scioli tiene una visión de la economía y el mundo de los negocios totalmente distintos a la del kirchnerismo. Tenemos que entender que en la Argentina, dentro del peronismo y el radicalismo hay diferencias ideológicas.

– Sobre todo en el peronismo, que ha demostrado una plasticidad ideológica más que amplia

– Una plasticidad que en algunos casos lo ha llevado a ser el mejor alumno del neoliberalismo. Y Scioli fue parte de eso, como lo fue Pichetto también (Santa Cruz misma se benefició mucho con la desregularción del petróleo). El menemismo le dio a sectores que hoy son sustantivos en el FPV como el gobernador de San Juan en la minería. Yo como periodista entiendo que un líder político oculte un debate porque pueda quedar incriminado. Y puedo reivindicar la militancia, pero nunca un periodismo que barra la basura debajo de la alfombra, o que se niegue a ver determinados fenómenos. Las idas y vueltas de la política argentina nos han permitido avanzar, pero no romper la matriz de dependencia que tenemos.

– ¿Qué escenario imaginás, post 2015?

– Imagino que, salvo que suceda algo con mucho protagonismo popular, unos años de muy difícil ascenso social de los sectores populares, algunas dificultades en la economía para diversificar la matriz productiva y una búsqueda de la política de los mercados que lleve a ciertas dificultades para avanzar en este ideario de una matriz distributiva y una industria nacional, o un Estado más protagónico. Es un buen momento para empezar a debatir y tomar dimensión de que, luego de muchos avances en la Argentina, este último año ha sido un freno para el crecimiento del salario real, un estancamiento de la creación de los puestos de trabajo y una cantidad de dificultades que la gente la siente en el bolsillo. Y esto requiere mucha participación política y no quedarse en eso de “propios y ajenos” donde me apoyás o me criticás.

– La polarización, ¿es algo exclusivamente kirchnerista, o la política argentina tiende a este fenómeno?

– La política en general tiende a exagerar y hacer casi artificios de escenarios confrontativos, porque tienen una llegada a través de los medios de comunicación que es muy eficaz. En esta era digital, con el avance de los sectores privados en el manejo de los medios de comunicación es muy funcional para las políticas de propios y ajenos, de “alineate conmigo o el caos”. El kirchnerismo, las veces que ha planteado políticas confrontativas ha tenido rédito electoral, pero también amplió derechos, también construyó instituciones democráticas, no reprimió la protesta social, no persiguió opositores. En ese sentido, aunque con un discurso maniqueo, hemos fortalecido instituciones republicanas. Faltan infinidad de cosas, y yo ahí lo planteo.

– ¿Por ejemplo?

– No podemos vivir con un Indec que a fines de 2014 deba los indicadores de pobreza desde el último trimestre del 2013. Ese ocultamiento de información, porque no es una falla técnica, conspira con la idea de democracia popular y participativa. Tampoco pudo explicar los subsidios al transporte y la energía, por ejemplo. Hay estancamiento y retroceso, y esto no es del gusto de quienes ven a la política como buenos y malos, pero creo que sí es del gusto de quienes ven en el periodismo un lugar para consolidar la democracia y ejercer el derecho a la crítica.

Artículo original, en Yahoo Noticias

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