Stop Freaking Out! No One is Coming for Your Drones

Published on The Bubble

Drones.

Those little robotic friends that hover above our heads and give us endless fun. And sometimes they can also give us beautiful gifts like this.

Argentina’s new regulation on “unmanned aerial vehicles” caused a ruckus a few weeks ago since suddenly we all learned that the use of some of these devices was being regulated. As several media outlets warned about the impending death of our new favorite gadget, everyone was freaking out. Who was going to be taking beautiful aerial shots of Buenos Aires from now on if no one had access to flying drones anymore?

I feel your pain, but (surprise!) those reports were mostly incorrect.

First, let me clarify. Technically, not everything we call “drones” are, in fact, drones. This is because some can be programmed to fly on their own and do not need someone to control them, while others do need a human being to control them via a smartphone or joystick. (The latter are not drones, technically, but we’ll use this word for simplicity’s sake in this article).

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“Argentina Saudita”, un libro sobre las luces y sombras de Vaca Muerta

Instalaciones petroleras, fracking, y operarios de YPF y otras empresas petroleras en Vaca Muerta, en las cercanías de Añelo, Neuquén. (Ricardo Cárcova)

Publicado en Clarín.com

“A Morena -como se presenta- le gusta dar besos y recibirlos. No es como sus compañeras, que se los guardan para sus novios. A ella le encanta sentir la lengua tibia del otro, el sabor del tabaco y los restos de alcohol en la boca ajena. Sabe que es la preferida entre los petroleros de Vaca Muerta pero no se aprovecha de ellos y les cobra lo mismo que las otras chicas: 80 pesos por el trago y la compañía mientras juegan al pool; 300 pesos la media hora de servicio.”

No se trata de una novela erótica, aunque el comienzo pueda entusiasmar en ese sentido. Se trata de una una historia que tiene como protagonista al petróleo y, claro, también a la prostitución. El periodista Alejandro Bianchi apunta al centro de la infraestructura petrolera que le viene dando forma patagónica a la economía argentina, y que se intensificó con la expropiación del 51 por ciento de YPF que estaba en manos de Repsol en 2012. “El petróleo y la prostitución son dos negocios prósperos que van de la mano”, cuenta en Argentina Saudita (Sudamericana). ¿Por qué?

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Una anécdota responde a esta pregunta en el libro: “En 1930, el ingeniero Alberto Landoni, administrador de los yacimientos de YPF en Plaza Huincul, en Neuquén, visitó al ingeniero militar Enrique Mosconi, el primer presidente de la empresa recién creada. Después de hablar de inversiones, pozos petroleros y geología, Landoni le planteó un problema técnico pero no menos estratégico: ‘Se nos están yendo los muchachos… mucha gente buena de la empresa renuncia. La Patagonia es dura, por la soledad y el aislamiento‘. Otro inconveniente eran las peleas entre los empleados. Había una mayoría aplastante de solteros que, ante la escasez de mujeres, merodeaban a las señoras casadas“.

Bajo este panorama Bianchi construye una investigación que repasa la economía montada sobre una geografía inhóspita y hostil, que a la vez se constituyó en un emblema de la soberanía nacional. Describe cómo es la vida en esa “comarca petrolera” formada por Plaza Huincul, Cultral Co y Rincón de los Sauces, “encarnación del concepto extractivo propio de la industria petrolera”. Se trata de la tercera reserva mundial de gas y la cuarta de petróleo no convencional, atravesada por un contraste socioeconómico muy particular: petroleros con sueldos altísimos que no ven la hora de huir por un lado, empleados, comerciantes y profesionales con sueldos muy bajos por el otro.

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Todo este ecosistema encontró su punto máximo de exposición pública con la estatización de YPF en 2013, una de las decisiones políticas de mayor envergadura que aprobó el gobierno de Cristina Kirchner. Pero el pacto con Chevron levantó la polvareda de especulaciones políticas: ¿por no contar todo sobre las cláusulas del contrato? Este interrogante motivó a Bianchi a, incluso, comprar acciones en la empresa para ir a las reuniones de accionistas y conocerla por dentro. Aquí, algunas de sus impresiones, plasmadas a lo largo del libro que se lee como un thriller sociopolítico.

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