Hay un radar en tu cielo

Publicado en Revista Brando

Monitorear los cielos. No dejarlos librados a ningún tipo de azar. Las razones para tener el firmamento controlado son, fundamentalmente, tres: ordenar el tránsito de aviones comerciales, predecir el clima y defender la soberanía nacional. Sobre todo esto último, en el marco del creciente problema de narcotráfico en Argentina. Hasta 2003, solo el 15% del espacio aéreo nacional estaba cubierto por información de radar. Hoy, en algunos casos, esa cifra alcanza el 95%. En el medio, hubo dos factores esenciales: se decidió fabricar los radares en el país y se lanzó, en 2011, el Operativo Escudo Norte, cuyo objetivo principal es controlar qué aviones no identificados ingresan al país por esa frontera.

Existen dos tipos de radares: los primarios y los secundarios. Estos últimos son los que controlan el tránsito aéreo comercial. Como la radiofrecuencia de estos radares no tiene la potencia suficiente para llegar al avión, rebotar y volver al centro de control, necesitan de un transponder, un instrumento que poseen los aviones comerciales y privados legales que recibe señales de los radares secundarios, y responde. Por esta razón, se suele llamar interrogadores a los secundarios. Hay veintidós en todo el país.

Los radares primarios, en cambio, tienen suficiente energía como para detectar el avión, volver hacia el radar y analizar la información en un radio de aproximadamente cuatrocientos kilómetros. Pero para un buen control del espacio aéreo son necesarios los dos. Lo explica Hugo Albani, vicepresidente del Directorio de Invap, hoy a cargo de la construcción de los radares: “Si uno lo quiere poner en términos de amigo-enemigo, que no es el caso, pero es ilustrativo, los secundarios son para los amigos y los primarios para los enemigos, porque un enemigo no devuelve la señal para decir dónde está”.

¿Cómo se fabrican?

Argentina experimentó tres intentos de compra de radares meteorológicos en los años 85, 90 y 2004. Los tres fracasaron. Fue ese año cuando se decidió dar el salto: a partir de entonces serían fabricados en Invap, en Bariloche. Y, más allá de que ciertas partes son importadas debido a que las desarrollan solo cinco países en el mundo (como determinados transistores y microchips), la infraestructura -que representa toneladas de acero-, otras miles de piezas específicas y cierto tipo de electrónica son de fabricación nacional.

Su construcción tiene diversas etapas. El primer paso consiste en un prototipo operativo. Si cumple las expectativas, después se lanza la serie. “Cada etapa se llama modelo de evaluación tecnológica. En el caso particular del radar primario, dio lugar a cinco modelos de evaluación tecnológica. Un proceso que llevó alrededor de cuatro años y medio”, explica Albani.

Luego viene la prueba, el momento más complejo: “En el caso del desarrollo del radar primario, un prototipo fue al Escudo Norte y está prestando servicios desde 2010 como un radar primario de alcance mediano”, explica Albani, que se entusiasma: “Tenemos los mejores institutos de investigación, excelentes universidades, colegios técnicos. Los argentinos tienen las mismas neuronas que cualquier poblador del mundo. Recursos tecnológicos para enfrentar estos desafíos hay de sobra. A veces, lo que hace falta es decisión política y confianza en nuestra propia fuerza, algo que afortunadamente en este tiempo hemos tenido”.

Si bien hoy la radarización secundaria es casi total, la primaria aún tiene mucho por andar. Todavía quedan más radares meteorológicos por desarrollar: está previsto que se instalen once dispositivos en distintos lugares del país para una mayor cobertura de las zonas críticas afectadas por el clima. El primer prototipo ya funciona en la Universidad Nacional de Córdoba.

Además, el Invap está trabajando en radares móviles, claves en la lucha contra el narcotráfico: son más chicos y se desmontan más rápido, lo que permite cambiarlos de sitio en media hora (cuando se detecta un avión, el avión también detecta el radar y cambia de posición). Y, por último, está el desarrollo de radares embarcados: para asegurar un buen control del espacio aéreo, además de mirar desde abajo hacia arriba, hay que tener radares en aviones que miren hacia abajo. “Con estos radares se cierra el ciclo para la soberanía nacional”, concluye Albani.

Vida útil: entre treinta y cuarenta años.

Costo: entre US$ 22 y 23 millones. Atado a los precios internacionales de los componentes importados.

Peso aproximado: treinta toneladas.

Movimiento: giran entre siete y trece revoluciones por minuto, los 365 días del año.

¿Cómo funcionan?

Radar significa “Radio Detection And Ranging (detección y medición por radiofrecuencia). Genera un campo por medio de una onda de radiofrecuencia. En cuanto aparece un elemento dentro de él, este se distorsiona. La distorsión es detectada cuando se recibe el “eco”, para que sea analizada en el campo emitido. Lo que uno ve en una pantalla de radar es la ubicación de esos ecos. Identifica cualquier objeto que tenga una superficie superior a los cincuenta centímetros cuadrados.

Artículo original, en Conexión Brando

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