Los montoneros que “se quedaron” con Perón y le dijeron que no a las armas

Sudamericana | Ensayo | 272 páginas | 239 pesos

Publicado en Clarín.com

“Decía que, a través de estos veinte años, las organizaciones sindicales se han mantenido inconmovibles, y hoy resulta que algunos imberbes pretenden tener más méritos que los que lucharon durante veinte años.”
Juan Domingo Perón, 1 de mayo de 1974 

Los 70 siguen dando que hablar. Y que leer. El exilio de Perón, la proscripción del movimiento y su retorno agitaron las aguas de la política argentina y posicionaron a la juventud en el centro de la escena. La Tendencia Revolucionaria, partidaria de tomar las armas, encontró en la JP Lealtad un contrapeso inesperado a fines de 1973, y formuló un interrogante que dividió al peronismo en dos: ¿tomar las armas o “quedarse” con Perón?

En este agitado contexto, un hecho tuvo crucial importancia en la historia: el “Devotazo”, que rezaba “a cada guerrillero su fusil”, inauguró un álgido momento de legitimación de la violencia al interior de las juventudes peronistas. Pero fue a principios de 1974 cuando el brazo armado del peronismo empezó a ser cuestionado por muchos militantes. Y más aún cuando el asesinato de Rucci llegó como un flechazoque cortó la delgada línea que dividía a las distintas facciones.

Aldo Duzdevich, junto a Norberto Raffoul y Rodolfo Beltrami, publicó “La Lealtad: los montoneros que se quedaron con Perón”, un trabajo que repasa uno de los momentos más convulsionados al interior de la militancia peronista y vuelve a traer el interrogante setentista: ¿hasta dónde seguir la palabra de Perón? Y, sobre todo, ¿cómo acompañarlo o disentir? 

Desde la experiencia propia de la militancia, el autor indaga en las entrañas del peronismo revolucionario. A través de un minucioso trabajo, los autores compilaron 50 valiosos testimonios en más de 200 páginas.

Con la idea de que el doble filo de la militancia de los 70 (entre la revolución y la tragedia) aún repercute en la reflexión política argentina, “La lealtad” repasa la historia de las organizaciones que “se quedaron” con el líder durante esta época efervescente, y aquellos que vieron en las armas el único camino para continuar y a la vez superar al conductor del movimiento, Juan Domingo Perón.

– ¿Qué fue el Devotazo y por qué fue un punto de inflexión en 1973?

– Cámpora se había comprometido con enviar una ley de amnistía para ser sancionada el mismo día 26 de mayo y liberar a todos los presos políticos. Pero el ERP no quería “deberle nada” al nuevo gobierno y mantenía secuestrados a dos militares para “canjearlos” por los presos. El 25 de mayo, desde temprano, el PRT-ERP se concentró con una columna de militantes en las puertas del penal de Villa Devoto. Al atardecer se le sumó una numerosa columna de la JP que venía de participar en el acto de Plaza de Mayo. Ante la tensión reinante el entonces ministro Righi autorizo por teléfono la liberación de los presos. Aunque todos festejaron ese acto, quedó de fondo una pulseada de poder entre el nuevo gobierno y el ERP, quienes se adjudicarían haber obtenido la libertad mediante ese acto de fuerza.Pero lo más grave fue que los presos liberados del PRT-ERP recibieron cada uno su arma, y de inmediato pasaron a la clandestinidad para seguir la lucha armada, ahora contra el Gobierno de Cámpora que los había puesto en libertad.

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– ¿Qué rol jugó el asesinato de Rucci en la división de los militantes peronistas?

– El asesinato de Rucci, dos días después de que Perón ganara la elección de su tercera presidencia con el 62% de los votos, fue leído como un acto de la CIA por la enorme mayoría de la militancia de JP y Montoneros. Pero, a las pocas horas, los jefes montoneros comenzaron a bajar la información a sus militantes: “Fuimos nosotros”. Esto creó desconcierto y enojo entre la militancia de JP y de la misma organización Montoneros. No tanto porque hubiese “afecto” por Rucci, sino por lo que significaba en términos de un enfrentamiento con Perón. A partir de este hecho, dentro de la organización se empieza a generar un duro debate que culmina con la escisión de diversos grupos de militantes, que en febrero se dan a conocer como JP Lealtad y Montoneros Soldados de Perón, que se expresan desconociendo a la conducción de Firmenich y reafirman el liderazgo del entonces presidente.

“Montoneros tuvo tres divisiones importantes: la Columna Sabino Navarro (1972), JP Lealtad (1974) y Galimberti-Gelman (1979, ya en el exilio)”

 

– El libro arranca con el bombardeo del 55: ¿qué peso le das a este suceso en lo que pasó a partir de 1973?

– Para comprender el origen de la violencia que se extiende hasta fin de los setenta es necesario remontarse al bombardeo del 16 de junio de 1955. La aviación naval, en un alocado plan de matar a Perón bombardeando Buenos Aires, demostró que los enemigos del peronismo estaban dispuestos a utilizar el máximo de crueldad y violencia posible para desalojar al gobierno constitucional de Perón. Esa evidencia tan brutal, que se tradujo en 380 muertos, la mayoría civiles, no dejaba espacio para otro tipo de lucha que no fuera otra acción violenta. Así surge la Resistencia Peronista que quince años después se transformará en organizaciones guerrilleras.

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El violento ataque aéreo que intentó matar a perón en el 55: para el autor, el germen de toda el conflicto posterior

– Dentro de las distintas líneas ideológicas del peronismo que marcás en el libro, ¿dónde se ubicaban Cristina y Néstor Kirchner?

– Según todas las informaciones que hemos recogido y las propias palabras de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, ambos fueron militantes de la Juventud Universitaria peronista en La Plata. Cuando se produce la discusión y la fractura, rompen con la conducción de Montoneros y quedan militando en un espacio que, si bien no se llamó JP Lealtad, compartía esta idea de deponer las armas y no cuestionar la conducción de Perón. Cristina lo dice el 28 de abril del 2014 recordando la “plaza del desencuentro”: “Cuando me peleé con varios compañeros porque era una de las que sostenía que la conducción de Perón no podía discutirse…”, contó la Presidenta.

– En el libro contás el secuestro de Aramburu por parte de Fernando Abal Medina. ¿Qué significó esto para las distintas facciones del peronismo revolucionario?

– El libro parte de la base de considerar legítima la lucha armada desde el golpe de estado de 1955 hasta el 11 de marzo de 1973, cuando después de 18 años de proscripción el pueblo vuelve a votar libremente en democracia. En ese contexto de lucha contra un enemigo que no ahorraba métodos de represión, la muerte de Aramburu aparece como un acto de “justicia popular”. Este hecho protagonizado por una decena de jóvenes catapulta a la fama a Montoneros y lo convierte en la referencia obligada de miles de jóvenes que reclaman del retorno de Perón y de la democracia.

“La lealtad, que, al decir de algún compalero, “tal vez tuvo como único gran mérito salvar muchas vidas…”, es el tema del libro”

– Desde el exilio, Perón alentaba todas las formas de lucha contra las dictaduras militares que se sucedieron de 1955 a 1973. Durante esos años, surgieron distintos tipos de organizaciones que participaban de la lucha con diferentes métodos. Perón consideraba a los grupos armados como “formaciones especiales”; es decir un tipo de estructuras organizativas que actuaban en una acción violenta contra el régimen, pero que eran parte de un todo, que era el Movimiento peronista, conducido por él. Pero, Montoneros fue creciendo y modificando esa idea original. Con el tiempo fue tomando del marxismo el concepto de vanguardia de proletariado: un partido que liderara a las masas obreras hacia la revolución socialista. Y claro, mientras todo fue lucha contra los militares, estas diferencias no se veían.

– ¿Y cuándo aparecen esas diferencias?

– Cuando Perón regresa al país y se inicia el proceso democrático. Allí aparecen. El pueblo peronista tenía un Líder, una doctrina y una historia. La conducción de Montoneros entendía que al líder, Perón, le quedaba poco tiempo y que su pensamiento ya estaba obsoleto; entonces se plantean reemplazarlo, a él y a su pensamiento. Ese momento tan complejo se analiza en el libro.

El asesinato de Rucci en 1973, una señal de enfrentamiento con Perón que marcó las divisiones al interior de Montoneros

“La conducción de Montoneros entendía que a Perón le quedaba poco tiempo y que su pensamiento ya estaba obsoleto”

– No hubo tal “juramento de lealtad”. Lo que hubo fue un grupo importante de cuadros militantes, (algunos con muchos años en la guerrilla) que se oponen a el enfrentamiento con Perón planteado por la conducción de Firmenich y Quieto. Que además considera que, en democracia, no se debe continuar con la lucha armada. Que dice: “Guardemos las armas”, por si acaso quisieran regresar los militares. Pero su único sostén importante es la conducción de Perón. Y a los tres meses de esta fractura, Perón muere. Nosotros decimos que fue un intento de priorizar la política por sobre la pólvora. Pero ganó la pólvora.

Artículo original, en Clarín.com

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