Yofre: “Perón no era millonario, vivía como un leproso en el exilio”

Juan Domingo Perón en su casa en Puerta de Hierro con uno de sus perros y sus canarios (Gentileza PRHGE).

“Detrás mío vendra el que bueno me hará”
Juan Domingo Perón, Caracas, 15 de febrero de 1957

Publicado en Clarín.com

El exilio de Juan Domingo Perón fue una de las marcas de fuego de la Argentina. No sólo para el peronismo, más vivo que nunca durante los años de la proscripción, sino también para el tablero de la política doméstica del país. La Revolución Libertadora construyó la imagen de un ex presidente millonario y alejado de los trabajadores en el exterior del país. Pero un nuevo libro derriba este y otros mitos: “Perón vivía en un estado de leprosidad en los primeros años del exilio”, aseguró a Clarín Juan Bautista “Tata” Yofre.

El periodista, experto en desclasificación de documentos -fue director de la SIDE en 1989-, ordenó en Puerta de Hierro (Sudamericana, 544 páginas, 340 pesos) una cantidad de información apabullante: correspondencia, telegramas, comunicados y archivos personales. Por supuesto, empezando por el del mismo Perón, el “cuarto de cocodrilos”: un subsuelo en el que estaba el archivo del ex presidente, apodado así porque “allí podía aparecer cualquier cosa, hasta un cocodrilo”, según sus propias palabras.

Los destinos de Perón fueron variando. Luego del golpe de la Revolución Libertadora su nombre pasó a ser un tabú, y el fundador del Partido Justicialista comenzaría su itinerario por latinoamérica, hasta llegar a España.

Panamá, Caracas, Puerta de Hierro: ¿qué fue aprendiendo Perón en estas ciudades? El exilio, válvula de escape para una expresión que a pesar de los intentos de Aramburu seguiría muy viva en la Argentina, ofició de escuela para el ex presidente: “Perón modernizó y actualizó su pensamiento en el exilio”, cuenta Yofre. Autor de otros libros sobre el tema, esta vez se dedicó de lleno a este convulsionado período de la historia argentina, signado por los golpes de estado y la inestabilidad institucional de los gobiernos democráticos. El resultado es una serie de documentos hasta ahora inéditos, ordenados según una interpretación que saca a la luz aspectos hasta ahora desconocidos del ex Presidente que más bibliografía ha generado en la historia argentina.

– ¿Cuál diría que es la revelación más importante de “Puerta de hierro”?

– Hay varias revelaciones, pero para el gran público, el estado de leprosidad en el que vivía Perón en los momentos iniciales de su exilio. Vivía como un leproso. Esa palabra no es mía, es del diputado Raúl Justo Fierro, un hombre que estuvo con Perón en el exilio, lo visita en Panamá, ve como vive en Caracas, y después están los papeles de Perón, en donde se prueba que él se lleva 70 mil dólares. Y eso lo va a administrar (Ricardo) Gayol, lo que le va a permitir a Perón, con esos 70 mil dólares, más otros miles de pesos, que no eran muchos, recibir 500 dólares por mes.

– ¿Y cómo vivía con eso?

– Muy mal. Lo va a decir Emilio Perina en su libro “Detrás de la crisis”, cuando visita en Colón, Panamá, a Perón. Lo vio a Perón cocinando sus fideos en una cacerolita. Y además yo ví cómo vivía, como embajador en Panamá, visitando el departamento donde él había vivido en la ciudad de Panamá. Era muy modesto de dos ambientes.

Los generales Lagos, Lonardi y Videla Balaguer tras los combates en Córdoba (Gentileza PRHGE)

– Esto va en contra de lo que decía la Revolución Libertadora: que Perón era millonario.

– Claro, va en contra de los que decían que tenía cientos de millones de dólares, que se había llevado valijas con cientos de miles. También se decía que habían encontrado un cofre con 20 millones de dólares en el Palacio Unzué de Avenida Libertador, donde él vivía (actual biblioteca nacional). También los panameños pensaban eso: el entonces presidente de Panamá pensaba que Perón tenía no menos de 700 millones de dólares. Lo cierto es que Perón no tenía plata, y eso lo va a decir Paladino frente al General Lanusse y Ricardo Balbín: que Perón no tenía un peso. Pero no le creían.

 – ¿A qué se debió este estado de austeridad, según pudo reconstruir con tu trabajo?

– Bueno, a que Perón no era un hombre que gozara del dinero. Y que vivía muy modestamente: comía un bifecito con una papa hervida y un vaso de vino. No era un gozador de la vida, era un tipo simple. Un gran lector, escribía mucho: se dedicaba a la política, pero no se dedicaba a juntar plata. Él va a tener dinero recién cuando llega a República Dominicana. El general Trujillo le va a adelantar, allí, 25 mil dólares, y puede vivir un poco más cómodamente. Pero cuando recién se exilió, Perón tenía “apenas para los puchos”, como decía él.

– ¿Cuáles fueron los grandes mojones de su estadía en el exterior?

– Los inicios, de Asunción del Paraguay a República Dominicana. La segunda parte sería su vida en España en 1960, y la tercera es la presencia permanente de Perón en la historia argentina desde afuera, a partir del Cordobazo de 1969.

Perón en su casa de Puerta de Hierro atendiendo su primera máquina de télex (Gentileza PRHGE)

– De los “encuentros secretos de Perón en el exilio”, ¿cuál diría que es el más relevante del libro y por qué?

– Se sostiene, en algunas biografías, que Perón estaba abandonado en Madrid en los años 60, y no es cierto, porque la gente lo visitaba. Yo te diría que los encuentros más importantes van a ser cuando recibe al enviado del General Levingston, al de Lanusse, al embajador mismo de Lanusse: ahí hay una serie de entendimientos que van a ser importantes para su actividad política. Y otro va a ser cuando Perón recibe a los integrantes de las organizaciones especiales.

– Mientras Perón estuvo en el exilio, hubo figuras importantes como la de John W. Cooke, declarado “heredero” por el mismo Perón. Sin embargo, después la relación se quiebra, como usted documenta en el libro. ¿Que pasó entre ellos?

-Cooke era un hombre de mucha fuerza política y vitalidad. Sí, estando preso, Perón lo nombra como su representante y heredero. A través de Cooke, Perón empieza la negociación con Frigerio por el pacto de Caracas. Después hay un cambio en Cooke, que es a partir de enero de 1959, con la Revolución Cubana: Cooke va para La Habana el 25 de marzo de 1959 y va a establecer una relación con los cubanos. Va a llegar incluso a decirle a Perón que Fidel Castro lo invita a vivir en la isla. Y Perón dice que no. Le va a recriminar que “no vive en occidente, porque vive en España y eso no es occidente”, y le reprocha no tener diálogo con los líderes del tercer mundo. Y ahora voy a decir algo muy delicado: para esa época, John William Cooke ya era un agente cubano. No lo digo yo, lo dicen los testimonios y las fotos donde él viste uniforme cubano. Dice pelear en Playa Girón, dice combatir en las sierras de Cuba, pero lo cierto que él se había convertido en un dependiente de los cubanos. Perón va a recibir a los cubanos en Madrid, pero no va a viajar en La Habana, y eso crea una polémica y una correspondencia muy densa entre Cooke y Perón, pero no una conversación. Perón no lo va a recibir a Cooke.

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– Ya no era el heredero.

– No, lo va a reemplazar por Campos, que después va a ser intendente de San Martín. Y después por un colegiado: ya Cooke estaba afuera.

– En el libro usted habla de una “maceración” del pensamiento de Perón. ¿Qué diría que aprendió en el exilio?

– Él le va a decir a su médico que aprendió mucho en esos años, que había estudiado mucho, que entendió que había cometido errores en su primer período, y que estaba dispuesto a no repetirlos en su vuelta a la Argentina. Cuando él regresa pronuncia un discurso el 21 de junio de 1973 muy particular: paz, tranquilidad, convivencia y unidad nacional. Diría que le llama la atención a todos aquellos que dicen vestir la camiseta peronista y que no lo son. Si uno está en Madrid y lee otros diarios como hacía Perón (españoles, franceses -porque leía francés-), a partir de ahí se va creando en él una modernización de su pensamiento. Lo actualiza. Eso va a ser muy importante, y cuando él recibe a los que vienen de Argentina, donde reinaba un profundo desorden, él se agarraba la cabeza: no podía creer que esas cosas estuviesen sucediendo, cuando en Europa se vivía otro clima (a pesar de la presencia de Franco en España).

“Tata” Yofre, autor de “Puerta de Hierro”: “Se ha inventado mucho en la Argentina, por eso tiene un valor este libro” (Alejandra López)

– El exilio suele verse como un paréntesis en la historia del peronismo. ¿Cómo lo lee usted?

– El exilio es de Perón, que no es el del peronismo. El que le impide volver y hacer política, cuyo nombre está prohibido de pronunciar, su figura está vedada, no se puede cantar la marcha, hay un decreto para ello. Pero no es el exilio del peronismo: desde su dirección en Madrid, sigue participando en la vida política argentina a pesar de estar prohibido. Cuando hay elecciones, muchas veces el peronismo marcha con sus banderas, y otras veces también recibe la orden de Perón de votar en blanco. Y va a ocurrir que el voto en blanco va a ser superior al de la Unión Cívica Radical del Pueblo, o de la UCRI. El peronismo nunca estuvo en el exilio: siempre estuvo en la vida política argentina. Se expresaba como podía, surfeaba entre ese proceso político que se venía desarrollando. Pero el peronismo se expresó. Y esto tiene que ver también porque nunca nació en Argentina algo que pudiese suplantar al peronismo.

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– Entonces el rol de la oposición tiene mucho que ver también con el protagonismo de Perón, ¿no?

– Claro, desde el comienzo: cuando asume Lonardi, el mismo día hay un almuerzo y Pedro Eugenio Aramburu va a decir que es una revolución sin jefe. Y había un jefe, que era Lonardi. Pero Aramburu dijo que no, y 50 días después lo echaron a Lonardi.

 – Aniversario: ¿Qué lugar ocupa el 17 de octubre de 1945 en su libro, que está en la introducción?

– El 17 de octubre tiene un lugar privilegiado en la historia argentina del siglo XX, porque ese día la gente sale a reclamar por un Coronel que los representaba. Mientras eso sucedía, el procurador de la Justicia, el Doctor Álvarez, llevaba una lista de candidatos para consolidar un nuevo gobierno. Representaban a una Argentina superada, que había sido pasada por arriba por la Revolución del 43, que cierra una puerta, guste o no. Y a su vez desata una corriente liderada por Perón y el sindicalismo que va a crear el peronismo un par de años después, para cambiar para siempre la historia argentina.

Artículo original, en Clarín.com

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