ISIS, el peor enemigo del Islam

En medio de las atrocidades del grupo extremista y la crisis de los refugiados, se renuevan los prejuicios y mitos sobre la violencia y la fe musulmana. Pero ¿cuál es la relación entre el autodenominado Estado Islámico y esa religión? ¿Qué piensa la dirigencia local? Claves para entender la Jihad y la mal llamada "Guerra Santa" en las voces de especialistas y referentes islámicos argentinos.Rezo colectivo en la mezquita Al Ahmad, en el barrio de San Cristóbal

Publicado en Revista Brando

Decapitaciones, persecución a cristianos, expulsiones masivas de chiitas. Todo bajo la forma del espectáculo. Así viene actuando el grupo terrorista ISIS (Estado Islámico de Siria e Irak, o ISIL, por Irak y el Levante) desde mediados del año pasado, montado sobre la intensidad de la Guerra Civil en Siria. El régimen dirigido por Abu Bakr, autoproclamado califa, esgrimió siempre el mismo argumento: todos deben someterse a la fe del Islam, y cualquier opositor debe ser eliminado. Una idea sostenida en tiempos de Al-Qaeda, potenciada por un exhibicionismo hasta el momento desconocido. Ocupando la zona del centro-norte de Irak y el noroeste de Siria (unos 40 o 90 mil kilómetros cuadrados, según las imprecisas estimaciones), ISIS dice tener como objetivo la subsunción del mundo musulmán bajo un solo Estado. Controlan Mosul, Tikrit, Faluya y Tal Afar en Irak y Raqqa, Palmira, Alepo, Damasco, Al Hasaka y Sueida en Siria. El principal móvil, dicen ellos, es religioso. Pero ¿se ajusta a las creencias del islam este conjunto de prácticas? ¿Se puede hablar “del islam” como si fuese uno solo, teniendo en cuenta que se trata de una religión de 1.200 millones de fieles que no se circunscribe sólo al mundo árabe?

No todo musulmán es árabe, ni todo árabe es musulmán. Dicho esto, que parece una obviedad, entender al islam sigue siendo una tarea compleja. Religión, cultura, lengua: ¿cuál es su diferencia específica? “No se trata sólo de una práctica religiosa. Hay una ligazón entre individuo y Dios, pero también con la civilización musulmana”, explica Gabriel López, secretario académico de la Cátedra Edward Said y profesor de Historia contemporánea en la Universidad de Buenos Aires. “El islam construyó una civilización, y ahí tiene un fuerte peso la política: sostiene que no hay una división entre el aspecto personal de la fe que cada uno puede profesar con la ciudadanía. La forma política de organizar esto fue la del califato”, agrega.

La conquista del islam sobre pueblos como Persia, Irak, Palestina, Siria y Egipto (con el dominio del poderoso Imperio Bizantino entre 633 y 645), se dio en sus inicios a través de este sistema de gobierno. Abu Bakr, el primer califa (sucesor del Profeta muerto en 632), tenía la autoridad que le venía desde Muhammad, y fue además el primero en compilar el Corán (hasta entonces recitado sólo de memoria). De allí en adelante, comenzaron las divergencias en torno de la línea sucesoria del Islam, llegando hasta el último califato que finalizó en 1924 con la caída del Imperio Otomano.

A partir de ese momento aparece la principal división, entre sunitas y chiitas. Se trata de una disputa por quién tiene el control político de la Umma (la comunidad musulmana), qué grupo es descendiente del Profeta“, explica López. Esto no es menor, ya que la sucesión ha generado distintos tipos de disputas. Y, en los argumentos de ISIS, aparece como un factor clave: ¿quién representa la verdadera línea sucesoria? ¿Hay “guerras santas” en el islam, o son sólo una mala traducción del “jihad”?

Las voces musulmanas de la Argentina son, en este sentido, una fuente de conocimiento inagotable: historiadores, sheijs, y estudiosos del Corán aclaran un poco el panorama, nublado por la complejidad del tema y la desinformación mediática.

EL ISLAM EN LA ARGENTINA

Con gran peso en el país, la comunidad musulmana se asentó a fines del siglo XIX. Resulta difícil, sin embargo, hablar de ella desde parámetros heterogéneos: en el ocaso de la argentina decimonónica, la principal migración provino desde la zona sirio-libanesa y el Levante. Profesaban todo tipo de culto (maronistas, judíos, musulmanes, ortodoxos) y fueron equívocamente englobados bajo el apodo de “turcos”. Incluso Sarmiento, en su Facundo, llegó a comparar a La Rioja con Palestina.

En medio de las atrocidades del grupo extremista y la crisis de los refugiados, se renuevan los prejuicios y mitos sobre la violencia y la fe musulmana. Pero ¿cuál es la relación entre el autodenominado Estado Islámico y esa religión? ¿Qué piensa la dirigencia local? Claves para entender la Jihad y la mal llamada "Guerra Santa" en las voces de especialistas y referentes islámicos argentinos.El sheij Mohsen Alí dirige la Casa para la Difusión del Islam en Ciudadela

 

Hoy se calcula que en la Argentina viven entre 400 y 500 mil musulmanes. Estos números estimativos surgen de los estudios de Ricardo Elía, secretario de Cultura del Centro Islámico de la República Argentina (CIRA), la primera institución que aglutinó a la comunidad musulmana en el país. Creada en 1931, funciona en una antigua casa porteña del barrio de San Cristóbal decorada con motivos y ornamentos islámicos desde las paredes hasta los sillones. A pocas cuadras de ahí, funciona la mezquita Al Ahmad, a la que concurren los musulmanes de la zona para su rezo diario. El más importante es el de los viernes al mediodía, que convoca a casi doscientas personas. También director del periódico La Voz del Islam, Elía asegura que el CIRA representa a todos los musulmanes sin distinción entre sunitas y chiitas, y sintetiza la postura de las demás autoridades islámicas nacionales: “Los de ISIS son cualquier cosa menos musulmanes”, dice.

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La trágica vida de Leandro N. Alem: por qué la historia lo olvidó

Alem con boina y cinta de la Unión Cívica. Litografía de El Mosquito del 17 de agosto de 1890. Biblioteca Nacional. Buenos Aires.

Publicado en Clarín.com

“La libertad necesita ser conquistada y conservada por la conducta digna y perseverante del mismo pueblo”
Leandro N. Alem

Fue el padre de uno de los partidos más importantes de la Argentina. Encabezó una revolución contra un gobierno constitucional y se erigió como un caudillo que dirigió a una juventud cansada del orden conservador del roquismo. Aunque con el pasar de la historia su propio partido se convirtió en crítico del caudillismo y los personalismos, en los orígenes estuvo él, que no tenía problemas en arreglar las cosas a los tiros si la coyuntura así se lo demandaba: Leandro N. Alem, un “profeta” republicano que le dio su vida a la Argentina hasta que gatilló un tiro sobre su propia sien.

El fundador de la UCR no es una figura muy recordada en la maniquea historia argentina. Sin embargo, sus ideas, junto con su vida, son un engranaje importante de la transición del siglo XIX al XX. Denostaba a Julio Argentino Roca y Carlos Pellegrini por ser parte de “un régimen nefasto”, contraponiendo sus avanzadas ideas sobre cimientos republicanos y federales: quería una Argentina descentralizada de Buenos Aires. “La sana aplicación del sistema federal que la Constitución consagraba contribuiría al desarrollo de todas las provincias según Alem”, explica el historiador Miguel Ángel de Marco en una biografía que salió a la venta este mes (Planeta | Historia | 285 pesos). Alem predijo como un profeta los problemas que la concentración porteña ocasionarían en el país.

Se trata de un personaje poco explorado por los historiadores. Menos aún en biografías. Sucede que además de su pensamiento político, un enigma recorre la existencia de Leandro N. Alem: el de la desgracia personal. El sacrificio, la participación en la guerra del Paraguay, un amor no correspondido y la pobreza terminaron por cristalizarse en el infortunio de su trágico suicidio del 1 de julio de 1896.

Lee más: El libro que cuenta la triste resistencia indígena durante la Conquista del desierto

Alem desarrolló un pensamiento precursor al interior de la Unión Cívica Radical, creación suya tras la ruptura con la Unión Cívica: “De Alem queda para la posteridad el ejemplo de su compromiso con la República; de Yrigoyen, además de ese compromiso, una definida inclinación hacia la participación popular en la vida cívica“, sentencia De Marco, en una síntesis de la génesis del radicalismo que brilla por su claridad.

Aquí, el historiador y miembro de la Academia Nacional de Historia repasa algunos conceptos de “Alem: caudillo popular, profeta de la república”.

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El libro que cuenta la triste resistencia indígena durante la Conquista del desierto

Fuente: Archivo General de la Nación

Publicado en Clarín.com

“¿Lograremos exterminar los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar”
Domingo Faustino Sarmiento

La conquista del desierto, ese complejo proceso histórico que atravesó la Argentina en el siglo XIX, sigue generando controversias. Desde el mismo nombre, hablar de desierto hace pensar en un territorio vacío que fue ocupado por el ejército de Juan Manuel de Rosas desde 1833 en adelante. Sin embargo, una gran cantidad de estudios historiográficos demuestran hoy que quienes forjaron el Estado nacional, con Julio Argentino Roca como su máximo exponente, no sentaron las bases argentinas sobre tierras vírgenes, sino sobre sangre indígena.

“Una guerra infame” recupera los sucesos ocurridos en aquella primitiva argentina que poco sabía de instituciones. Traducida a “una guerra entre dos contendientes muy desiguales”, la conquista del desierto es analizada por el periodista Andrés Bonatti y el historiador Javier Valdez en una obra que intenta sopesar el debe y el haber de las batallas colonizadoras.

Con un marcado hincapié en el consenso de la época, los autores no dejan de lado las motivaciones y los juegos políticos en torno al reparto de 500.000 kilómetros cuadrados, los miles de muertos y refugiados que las distintas campañas ocasionaron. Y tampoco la resistencia, siempre presente en las ocupaciones criollas. Aquí, los autores cuentan algunos resultados de su investigación, una conmovedora historia que se torna central para entender los cimientos de nuestra Argentina.

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