La trágica vida de Leandro N. Alem: por qué la historia lo olvidó

Alem con boina y cinta de la Unión Cívica. Litografía de El Mosquito del 17 de agosto de 1890. Biblioteca Nacional. Buenos Aires.

Publicado en Clarín.com

“La libertad necesita ser conquistada y conservada por la conducta digna y perseverante del mismo pueblo”
Leandro N. Alem

Fue el padre de uno de los partidos más importantes de la Argentina. Encabezó una revolución contra un gobierno constitucional y se erigió como un caudillo que dirigió a una juventud cansada del orden conservador del roquismo. Aunque con el pasar de la historia su propio partido se convirtió en crítico del caudillismo y los personalismos, en los orígenes estuvo él, que no tenía problemas en arreglar las cosas a los tiros si la coyuntura así se lo demandaba: Leandro N. Alem, un “profeta” republicano que le dio su vida a la Argentina hasta que gatilló un tiro sobre su propia sien.

El fundador de la UCR no es una figura muy recordada en la maniquea historia argentina. Sin embargo, sus ideas, junto con su vida, son un engranaje importante de la transición del siglo XIX al XX. Denostaba a Julio Argentino Roca y Carlos Pellegrini por ser parte de “un régimen nefasto”, contraponiendo sus avanzadas ideas sobre cimientos republicanos y federales: quería una Argentina descentralizada de Buenos Aires. “La sana aplicación del sistema federal que la Constitución consagraba contribuiría al desarrollo de todas las provincias según Alem”, explica el historiador Miguel Ángel de Marco en una biografía que salió a la venta este mes (Planeta | Historia | 285 pesos). Alem predijo como un profeta los problemas que la concentración porteña ocasionarían en el país.

Se trata de un personaje poco explorado por los historiadores. Menos aún en biografías. Sucede que además de su pensamiento político, un enigma recorre la existencia de Leandro N. Alem: el de la desgracia personal. El sacrificio, la participación en la guerra del Paraguay, un amor no correspondido y la pobreza terminaron por cristalizarse en el infortunio de su trágico suicidio del 1 de julio de 1896.

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Alem desarrolló un pensamiento precursor al interior de la Unión Cívica Radical, creación suya tras la ruptura con la Unión Cívica: “De Alem queda para la posteridad el ejemplo de su compromiso con la República; de Yrigoyen, además de ese compromiso, una definida inclinación hacia la participación popular en la vida cívica“, sentencia De Marco, en una síntesis de la génesis del radicalismo que brilla por su claridad.

Aquí, el historiador y miembro de la Academia Nacional de Historia repasa algunos conceptos de “Alem: caudillo popular, profeta de la república”.

– En el comienzo del libro señala que la figura de Alem no suele ser recordada entre los argentinos. ¿Por qué ha sucedido esto?

– En los últimos años se ha registrado una lamentable tendencia a olvidar la historia, a desecharla como algo que “ya fue” y “no sirve” para el presente ni para el porvenir. A ello han contribuido los planes de estudio de la escuela primaria y media. Por otro lado, se ha acentuado la tendencia maniquea de ciertos sectores que presenta una historia de buenos y malos, no de seres humanos con sus grandezas y miserias. En ese marco, la figura de Alem, fundador de un partido político profundamente enraizado en la historia argentina además de inclaudicable defensor de la decencia cívica, cayó en una especie de olvido.

– ¿Cuál diría que es la nota distintiva del pensamiento de Leandro N. Alem?

– Alem vivió en una etapa en la cual la mayoría de los hombres públicos adherían a los principios del liberalismo. De ahí su preocupación por la vigencia plena de la Constitución de 1853. De ahí también su compromiso con la escuela pública. La vigencia de la Ley Fundamental aseguraba en su pensamiento la instauración de los valores republicanos. La instrucción de los ciudadanos haría de ellos defensores de los principios consagrados en aquel instrumento. La sana aplicación del sistema federal que la Constitución consagraba contribuiría al desarrollo de todas las provincias. Era un porteño que no quería la concentración del poder en la ciudad de Buenos Aires.

Detalle del mitin del Jardín Florida. Grabado incluido en la obra Unión Cívica. Su origen y tendencias. 1889-1890, aparecida en este último año. (Archivo General de la Nación)

– En la actualidad política suele contraponerse el caudillismo a al pensamiento republicano. Más allá de que esta contraposición sea discutible, Alem era un caudillo que invocaba el republicanismo. ¿Cómo se compatibilizan ambos elementos en su persona?

– Era un caudillo que invocaba y practicaba el republicanismo según los cánones de su tiempo. Heredero del magnetismo personal del jefe del Partido Autonomista, Adolfo Alsina, que solía arrastrar a sus seguidores con sus presencia física y sus gestos de coraje en épocas en que las mesas electorales se defendían a punta de pistola, Alem alzaba la bandera de la pureza comicial pero no vacilaba en tirotearse con sus adversarios en los atrios de las iglesias donde se votaba. Eran las costumbres de su época y faltaban décadas para que lograra imponerse el sufragio universal, obligatorio y secreto garantizado mediante la ley Sáenz Peña.

– ¿De dónde sacó Alem su federalismo?

– Más allá de su juvenil pertenencia al minoritario partido federal porteño en tiempos en que Buenos Aires se hallaba segregada del resto del país, puede decirse que se sustentó en su preparación universitaria y en la propia afiliación al Partido Autonomista. Éste bregaba por la autonomía de Buenos Aires pero también por la de las demás provincias argentinas. El momento culminante del pensamiento federal de Alem se aprecia en su célebre discurso ante la legislatura de Buenos Aires para oponerse a la cesión de la ciudad como sede de las autoridades nacionales después de derrotada la rebelión tejedorista de 1880. Fue la única voz se alzó con el fin de señalar las graves consecuencias que esa decisión acarrearía para la vida de la República. Con palabras proféticas expresó que la concentración del poder político en la ciudad más grande y rica de la Argentina sería fatal para el país en su conjunto.

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– Su infancia fue bastante triste, y en el libro dedica unas páginas a ella. ¿Cómo mataron a su padre y cómo lo marcó esto?

– El padre de Alem, que llevaba su mismo nombre aunque el apellido terminaba en “n” y no en “m”, como lo usó el caudillo para diferenciarse de su pasado, había pertenecido al brazo armado de la célebre Sociedad Popular Restauradora, la Mazorca, que cometió atropellos y crímenes durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas. Cuando se produjo la caída de éste los mazorqueros no fueron detenidos por sus delitos, pero poco después se plegaron a las fuerzas federales que sitiaban Buenos Aires. El general Hilario Lagos, que sitiaba la ciudad, depuso las armas y los antiguos mazorqueros fueron apresados por haber estado junto a él, no por sus antiguos crímenes. Entonces se sacó a relucir lo ocurrido anteriormente y se los juzgó en un proceso que tuvo sus irregularidades. Fueron fusilados y colgados. La visión de su padre en el patíbulo marcó su psiquis para siempre.

Caricatura de Don Quijote del 25 de julio de 1892 que muestra a Roca, Mitre, Sáenz Peña y Pellegrini, preparados para enfrentarse con Alem, que lleva en sus manos un perro y una especie de trampera, con motivo de los comicios presidenciales de 1892. (Biblioteca Nacional. Buenos Aires)

– ¿Cómo fue que terminó en la pobreza?

– Vivió en la pobreza porque, salvo la etapa en que las circunstancias lo alejaron de la política, dedicó todo su tiempo y energías a la lucha cívica. Luego de la Revolución del 90 contra el gobierno del presidente Juárez Celman, de la que fue su principal líder, tras fracasar la consolidación de la Unión Cívica por el acuerdo entre Bartolomé Mitre y Julio A. Roca, dedicó todos sus esfuerzos a consolidar la Unión Cívica Radical. Largas giras por el país, una intensa labor como jefe de partido, le impidieron dedicarse a su profesión de abogado. Las revoluciones de 1893 lo llevaron a la prisión, y en los años sucesivos contrajo deudas para que su familia subsistiera. Su suicidio, en 1896: fue el resultado de su desilusión política y de su precaria situación económica. Debía entonces varios meses de alquiler y casi no comía.

– Como biógrafo, ¿cuál diría que fue su mayor virtud en la vida política argentina, y cuál su mayor defecto?

– Fue consecuente con sus ideas y supo brindarse a la causa que sostenía hasta las últimas consecuencias. En ese sentido fue un ejemplo. Pero le faltó flexibilidad para comprender a los de adentro, es decir a algunos de sus propios correligionarios, como a su sobrino Hipólito Yrigoyen, y para confrontar con los de afuera, muchos de los cuales habían sido sus amigos y compañeros de la juventud.

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– ¿Por qué le faltó flexibilidad para comprender a Hipólito Yrigoyen? ¿Qué de la UCR quedó para la posteridad por parte de de Alem, y qué de Yrigoyen?

– Alem quería conducir al radicalismo según su personalidad. Era idealista y poco práctico. Yrigoyen, meticuloso y organizado, comprendía que sin abandonar los principios fundacionales, el partido necesitaba una conducción firme y racional. Sin abandonar la intransigencia en cuestiones esenciales conservó vías de negociación con otras expresiones de la vida política. Alem era frontal y no las aceptaba. De ahí que incriminase a su sobrino considerándolo un traidor. En una ocasión dijo: “Sólo me faltó darle a luz”, para remarcar la ingratitud que él le atribuía. De Alem queda para la posteridad el ejemplo de su compromiso con la República; de Yrigoyen, además de ese compromiso, una definida inclinación hacia la participación popular en la vida cívica.

Artículo original, en Clarín.com

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