Oesterheld, el historietista que dibujaba para calmar a sus compañeros en cautiverio

Oesterheld, siempre cerca de los jóvenes: aquí, en un torneo de tenis (PRH)

Publicado en Clarín

Corría el año 1977 y Héctor Oesterheld se encontraba detenido en el centro clandestino El Vesubio, en Ciudad Evita. El historietista más grande de la Argentina estaba mal de los bronquios, muy deteriorado y con el maxilar destrozado. Ya le habían hecho saber que su hija Beatriz había sido asesinada, y Diana, la segunda, desaparecida. Aún así, el autor de El Eternauta se las arreglaba para hacer sentir mejor a sus compañeros: enviaba, a escondidas, una tira de papel con algunos dibujos y un diálogo cómico para levantarles el ánimo. El gesto trascendía su militancia montonera, y era más bien el ingenio creativo de una persona que siempre concibió las relaciones interpersonales desde un punto de vista más humano, para la cual El Eternauta fue apenas su mejor ejemplo.

“Los Oesterheld” (Sudamericana | 416 páginas | 349 pesos) es un gran rompecabezas que reconstruye la historia de una familia desgarrada, y con ella, la del más violento y triste período de la Argentina. En un chalet de Beccar -al norte del conurbano bonaerense- la familia de Héctor era un hervidero de ideas. Estela, Diana, Beatriz y Marina, sus cuatro hijas, empezaban sus estudios en arte, teatro y humanidades. Héctor Germán Oesterheld Puyol, geólogo de profesión, era uno más entre ellos: leía a Marx, Engels, Franz Fanon, lecturas obligadas de la época. Junto a sus amigos, como Pablo Fernández Long, conformaban una comunidad donde el living de la casa era lo más parecido a un club social de acaloradas discusiones políticas.

Estas alumnas destacadas de la élite de zona norte acompañaron el clima de época juvenil que ya no discutía el plan de estudios en la facultad, sino una cuestión mucho más radical, que era si adherir a la lucha armada o no. A partir de cuestionamientos propios, relaciones personales e inquietudes de los 70, adhirieron a Montoneros, por ser la corriente que pretendía interpretar al peronismo. Y fueron ellas, en gran parte, las que alentaron a su padre de la lucha revolucionaria.

La única que sobrevivió a los secuestros de la dictadura de 1976 fue Elsa -falleció el año pasado-, mujer del historietista, quien cargó con el dolor de tener que procesar la desaparición de toda su familia. Fue ella uno de los engranajes principales del libro que cuenta esta historia.

A través de 5 años de entrevistas, búsquedas de archivo y cartas personales -elemento clave de la investigación-, Fernanda Nicolini y Alicia Beltrami se entremezclaron con los sobrevivientes para escribir una biografía coral, de todos los miembros de la familia. De aquel chalet en Beccar a la militancia en el monte tucumano de una de sus hijas, los miedos de Elsa y sus reparos con la violencia política, del primer Eternauta, Sargento Kirk y Mort Cinder, las transformaciones de Oesterheld se entienden más por su forma de concebir a las relaciones humanas que por su coyuntural militancia política.

– ¿Cómo fue la transformación de su familia de la casa de Beccar a la militancia?

Fernanda Nicolini (FN): El living era una pequeña comunidad. Era muy permeable a esas nuevas ideas. Se leía todo el tiempo, una de las chicas hacía teatro, otra pintaba, otra escribía. Inevitablemente, esa inquietud cultural después viró a una inquietud política. En Bellas Artes ya no se discutía la currícula de la carrera, se discutía si adherir a la lucha armada o no. Y por otra parte, a Oesterheld le interesaba contar historias con personajes humanizados: el soldado raso. Le interesaba mucho más la figura de un caudillo popular que uno mitrista, y eso aparece en tanto en su obra como en su vida cotidiana. Eso se transforma luego en militancia.

Una de las últimas fotos familiares de Elsa, con sus cuatro hijas y dos nietos (PRH)

Una de las últimas fotos familiares de Elsa, con sus cuatro hijas y dos nietos (PRH)

– ¿Cómo describirían a Estela, Diana, Beatriz y Marina?

FN: Las cuatro tenían esta cosa de ser lindas y con mucha potencia dentro. Estela era una persona “etérea”, según Elsa, su madre. Pero tenía mucha personalidad. Es la que se vuelca a lo artístico, y era muy maternal, porque era la más grande. Diana era la menos delicada, la menos femenina, aunque muy bella, también. Ella empieza a militar en Barracas, Capital, Movimiento Villero Peronista. Después se pone en pareja y se va a vivir a Tucumán, y allí los desaparecen, con ella embarazada. Beatriz, la tercera, es la que se casa con Miguel Fernández Long (hermano de Pablo) y la más cercana a la madre. De hecho, el día que Beatriz cae, se encuentran en una confitería en el Jockey Club, y cuando sale, a Beatriz la chupan. Elsa creyó que la habían seguido y que por eso la desaparecieron. Nosotras nos dimos cuenta por una fuente que está en el libro que no fue así, y nunca se lo pudimos decir a Elsa porque falleció antes de que le dijéramos. Marina era la más chiquita, más tímida, menos conformada. Empieza a militar con 15 años. Pero allí fue su gran crecimiento. Ella es la que se va con Héctor.

Estela, Beatriz y Diana (izquierda) / Vacaciones en Villa Gesell, 1959 (derecha)

Estela, Beatriz y Diana (izquierda) / Vacaciones en Villa Gesell, 1959 (derecha)

– Oesterheld era geólogo de profesión. ¿Cómo empieza su carrera como historietista?

Alicia Beltrami (AB): Empieza casi de casualidad. En el 43 escribe un cuento, y por un amigo de la facultad logra que se publique en el diario La Prensa. Con este mismo amigo empiezan a escribir como hobby para editorial Códex mientras trabajaba como geólogo en un laboratorio de minería.

FN: Hacía unos textos más de educación, instructivos. Después entra a Abril haciendo literatura infantil con una colección que se llamaba “Gatito”. Estaba Boris Spivacow (el fundador de la editorial Eudeba), que era un gran editor. Y ahí empieza a crecer con Cargamento Negro, Bull Rocket, Sargento Kirk. Empieza a hacerse un nombre como escritor de historietas.

Oesterheld quería que la historieta tuviese una función política

FN: De hecho, con la editorial Frontera ya aplica otra mentalidad, porque le propone a los dibujantes que conserven sus derechos, además de ofrecerles que dividan la ganancia de cada año, bajo una suerte de cooperativa. Eso era muy progresista en ese momento, y daba cuenta de sus ideales, y la intención de hacer las cosas de una manera más humana, más justa. En parte por tener esta visión hasta lo terminan estafando los imprenteros, como él no rompía los originales cuando se imprimían, ellos hacían de más y pirateaban.

El Monumental, retratado en una de las viñetas de El Eternauta

El Monumental, retratado en una de las viñetas de El Eternauta

– ¿Cómo y por qué se acercó a Montoneros?

AB: Por sus hijas, en gran parte. A él le fascinaba la juventud: por algo hacia historieta. Le generaba un montón de inquietudes e intereses. A la organización se sumó haciendo lo que sabía hacer, historietas, porque pensaba que en los jóvenes estaba el motor de cambio, y era un convencido de que la historieta era una gran herramienta de instrucción para los ellos. Y, sobre todo, que era popular.

clarin.com Familia Oesterheld Comunión de Estela y Diana en la capilla del colegio San Martín La familia Oesterheld, los años felices en su casa de Béccar. Hector Oesterheld historietista con su familia libro revelador sobre el autor de El Eternauta familia secuestrada en la dictadura militar

clarin.com Familia Oesterheld Comunión de Estela y Diana en la capilla del colegio San Martín La familia Oesterheld, los años felices en su casa de Béccar. Hector Oesterheld historietista con su familia libro revelador sobre el autor de El Eternauta familia secuestrada en la dictadura militar

– ¿Cuándo se da su viraje hacia lo militante?

FN: En Editorial Columba, cuando le empieza a ir bien económicamente -estaba fijo en Atlántida y tenía un sueldo- le deja de interesar ese tipo de historieta, y se concentra en la veta más militante. Coincide su bienestar económico con el viraje a algo más militante. Todo lo que él había ansiado, que era vivir tranquilo de la historieta, ya no le interesa más. Él lo que quería es que su historieta tenga una función política.

– ¿Y cómo se ve eso en su obra?

FN: Bueno, más allá de las historietas que él hizo en la prensa militante montonera, lo más característico es lo que él hace la segunda parte del Eternauta, en el 76. Él ya no estaba en su casa de Beccar, y ahí es como que el Eternauta cambia su paradigma. Ya el personaje principal es Germán: Germán era él.

AB: De hecho la muerte de su hija Beatriz está en un cuadro del Eternauta II. Cae a mediados del 76 y su nombre de guerra era María. Él narra la muerte de una chica llamada María.

Vos decís “El Eternauta” y todo el mundo tiene una idea. Eso es cultura popular

AB: Sí, estaba en contra. Pero en el último tiempo ella nos decía siempre que necesitaba recordar los momentos felices. Volver a hablar de algo que fuera alegre, porque era muy doloroso entrar en esos temas con ella. En ese ir y venir aparecía una mujer increíble que logra convertir todo su dolor en lucha, en amor. Tenía una vitalidad increíble y seguía pensando, en el fondo, con optimismo. En una época difícil.

FN: Le dio sentido a algo que, obviamente, no tiene sentido: perder a cuatro hijas. Algo sombrío se alivió en ella.

– ¿Era una mujer triste?

FN: No, para nada. Estaba muy contenta porque tenía bisnietos. Martín, el hijo de Estela que ella crió más como un hijo que como un nieto, tiene tres hijos, y eso, para ella que no había sido abuela sino madre (de Martín), fue una situación de renacimiento. Sus nietos la iban a ver los fines de semana, estaba rodeada de vida.

El Eternauta y la emblemática nevada mortal con la que abre la historieta

El Eternauta y la emblemática nevada mortal con la que abre la historieta

– ¿Qué aportó la historieta de Oesterheld a la cultura argentina?

AB: Su riqueza como escritor está en el talento para brindarle una complejidad a los personajes que no existía hasta ese momento, acá en Argentina. Por eso fue tan valorado inclusive afuera. La idea de que no necesariamente tiene que ser un superhéroe el protagonista de una historieta, sino en general, que son personas comunes a las que les pasan cosas extraordinarias.

FN: Vos hoy agarrás el Eternauta y te pone la piel de gallina. Te enganchás, lo lees y no necesitás ser fanático de las historietas para que te enganche. Ahí hay una esencia que trasciende cualquier generación y contexto histórico: ¿cómo lo logró? Tenía la capacidad de ir al nudo del ser humano, y transformarlo en una historia de aventura. El Eternauta está editado en Alemania, Estados Unidos. Hoy es un boom. Vos decís “El Eternauta” y todo el mundo tiene una idea. Eso es cultura popular. Y eso es difícil de lograr. Cuando cualquier persona se imagina algo cuando le decís “El Eternauta”, antes del kirchnerismo incluso y del “Nestornauta”, eso es ser parte de la cultura popular. Y yo creo que un objetivo de Héctor era ese: en un momento en el que ser un escritor prestigioso era ser parte de una élite, él quería ser parte de la cultura popular. Y, sin dudas, lo terminó siendo.

Artículo original, en Clarín.com

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