Exclusivo: este fue el espía del Che Guevara que nadie conocía hasta ahora

Orlando posa en Montevideo en 1963, al volver de la escuela de entrenamiento en Cuba | Foto cedida por Fernando Escobar Llanos

Publicado en Clarín

“Mirá, quiero que seas el hombre invisible. Que nadie te conozca. Que nadie sepa quién sos. Que nadie te pueda mencionar. Que te diluyas entre la gente y en los lugares a los que te voy a pedir que vayas. Y en el futuro, que no sabemos adónde nos va a conducir, no vas a aparecer en ningún libro de historia. Porque nadie tiene que saber de tu existencia”. Con estas palabras, Ernesto Che Guevara le pidió a Fernando Escobar Llanos que llevase adelante algunas de las misiones más importantes de su vida. Que fuera, básicamente, una correa de transmisión entre los planes del revolucionario y los distintos puntos estratégicos. Y así fue: nadie en la historia escuchó hablar de él. Hasta hoy.

Su verdadero nombre era Orlando, y ofició de asistente del comandante en sus viajes por América, África y Europa. Orientado a preparar el terreno y adelantar los movimientos para la logística que el Che y Fidel Castro programaban, este personaje desaparecía de un día para el otro para volver al mes siguiente. Sin dar ni una explicación a sus compañeros del Partido Comunista de la Argentina. ¿Cómo logró mantenerse en las sombras durante medio siglo?

Su perfil responde en parte a esta pregunta: “Sos callado, reservado, inteligente y tenés una mirada de distraído que engaña. Pero estás muy atento a todo”, le dijo el Che Guevara cuando lo reclutó en 1961, en Uruguay. Justo lo que necesitaba para hacer inteligencia.

“Los ojos del Che” (Sudamericana,  320 páginas,  299 pesos) recrea la historia de este enigmático personaje y cuenta algunas de las misiones que le fueron encomendadas. Marcos Gorbán, autor del libro -productor de televisión y periodista-, dio con la historia de Orlando casi de casualidad, indagando en la historia de su familia -fuertemente vinculada a la izquierda argentina. La investigación camina sobre una duda constante: ¿cuán importante fue Orlando para el Che? Con esta pregunta en mente, Gorbán viajó a Cuba y entrevistó a la que fue la mesa chica de Fidel y Guevara para sus planes en África y en América Latina.

La novedad, que sale a la venta mañana, intercala algunos agitados hechos ocurridos luego de la Revolución Cubana con las vivencias en primera persona de “El Losojo” (su apodo), quien vivió siete años de aventuras clandestinas en tres continentes. Y nadie, ni en su círculo más íntimo, supo jamás nada sobre su verdadero trabajo y su lugar en los planes de la revolución guevarista.

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Salas Subirat: el ignoto traductor que logró lo imposible con el Ulises de Joyce

Salas Subirat, durante un viaje a Montevideo, en enero de 1926, con propósitos de “vinculación artística” entre los jóvenes escritores de Boedo y sus pares uruguayos | Foto: Gentileza Penguin Random House

Publicado en Clarín

El Ulises de Joyce es un libro largo y complejo. Al día de hoy, no son pocos los críticos que recomiendan leerlo acompañado de una guía. Lleno de personajes y con una intrincada trama, se trata para muchos de la obra cumbre de la lengua inglesa. Lo que pocos saben es quequien lo tradujo por primera vez al castellano fue un empleado de una compañía de seguros que, con un dominio básico del inglés, realizó una tarea ante la cual Borges mismo retrocedió: traducir al español las 267 mil palabras contenidas en 18 capítulos y más de mil páginas de la emblemática novela del siglo XX. La vida de José Salas Subirat fue uno de los grandes misterios de la Argentina, y, por qué no, del habla hispana. Hasta ahora.

“El traductor del Ulises” (Sudamericana 400 páginas 349 pesos), de Lucas Petersen, cuenta cómo Subirat llegó a realizar la titánica tarea. Un extraño personaje que llegó a escribir libros de autoayuda, sobre seguros y a montar una fábrica de juguetes. “Salas Subirat fue un ‘hombre hecho a sí mismo’, un self made man, como se dice en inglés. El desafío de superar los condicionamientos de origen y enfrentar los obstáculos (materiales e intelectuales) da coherencia a todas sus acciones”, cuenta Petersen, quien logró conseguir fotos inéditas que le brindó su familia. A la vez, el libro termina siendo un ensayo sociológico sobre la argentina de la primera mitad del siglo pasado.

Las fuentes para trabajar el tema eran un desafío. “La mujer de Salas Subirat no era una persona con inclinaciones intelectuales o literarias, por lo que al morir no conservó nada de él”, cuenta a Clarín Petersen. Por eso, los testimonios fueron la clave para reconstruir esta historia. “Me puse a buscar a sus familiares. Aunque con baches en el medio, estuve más de un año intentando encontrarlos. Me había puesto ese objetivo: si no los encontraba, no iba a empezar a reconstruir su vida desde otras fuentes”, explica el autor de la investigación. Otra cuestión ayudó, y es que Subirat era fanático de la tecnología: “Hay fotosdesde muy temprano en su vida. Incluso hay algunas filmaciones de la década del 30 y el 40, pero casi no me sirvieron: retratan exclusivamente escenas familiares y en la gran mayoría Salas estuvo detrás de cámara”, cuenta Petersen.

Con un estilo que oscila entre la novela y el ensayo, el rompecabezas se va armando en el libro a medida que la Argentina camina las décadas de hace ya un siglo. La historia estaba allí, desordenada, con pocos registros escritos y el desafío de recomponer a un personaje que murió hace ya 40 años. Rodeado de indiferencia por el ámbito intelectual y casi sin necrológicas en los diarios, su vida y obra viven en lectores y escritores de hoy. Aunque no lo sepan.

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