Marcelo T. de Alvear, el enigma radical de la historia argentina

En 1941. Hacia el final de su vida, Alvear mostró desencanto frente a su círculo social, por las responsabilidades que, a su juicio, le cabían en los rumbos que había tomado la Argentina | AGN

Publicado en Clarín

Marcelo T. de Alvear está en el inconsciente colectivo argentino. Calles, avenidas y teatros remiten al expresidente  (1922 – 1928) que hizo de puente entre la primera y la segunda presidencia de Hipólito Yrigoyen. Sin embargo, su lugar en la historia ha quedado algo marginado y aunque a todos les suene su apellido, un hiato separa a su rol como político de la memoria popular. ¿Qué le dejó a la política nacional este referente de la clase alta argentina?

Alvear fue un tanto contradictorio para los intereses populares que elradicalismo llevaba como bandera. Un representante de la élite dominante que apareció como un incómodo anexo opositor al personalismo de Yrigoyen, máxima figura de la UCR. En él aparecen pistas para estudiar una época particular de la Argentina: “La vida de Alvear es muy reveladora para ver cómo pudieron vivirse e interpretarse los cambios que atravesó el país entre la unificación nacional lograda en 1880 y el surgimiento del peronismo”, explica el historiador Leandro Losada, autor de “Marcelo T. de Alvear. Revolucionario, presidente y líder republicano” (Edhasa 364 páginas 375 pesos).

Para el académico, docente de UNSAM y Di Tella (además de investigador del Conicet), el estereotipo de Alvear como alguien de la clase alta que gobernara para la élite fue mutando: las medidas que tomó en su carrera política no fueron menos progresistas que las de Yrigoyen, y eso ya desmitifica un poco la cuestión. Pero su identidad es problemática y heterogénea: “¿Fue el joven de inquietudes cívicas de fines de los años ochenta? ¿El secretario de Leandro Alem de inicios de los 90 […] revolucionario en 1893? ¿El presidente radical de la próspera década del 20? ¿Aquel que, pudiendo elegir un confortable mundo privado durante buena parte de su vida pública, lo postergó por su preocupación por la salud política e institucional de la Argentina? O, en cambio, ¿el revolucionario ausente en el noventa, eldespreocupado ‘niño bien’ que se casó con Regina Pacini, afamada cantante de lírica portuguesa?”, se pregunta Losada en el libro.

Investigar fue un desafío para el autor: hay muy pocos testimonios de Marcelo T. de Alvear. Para esto debió recurrir a la correspondencia comprendida entre 1928 y 1941. “El problema de fuentes es importante para investigar su presidencia: no hay archivo personal para este período. Este vacío lo trabajé con prensa (La Nación, La Prensa, Crítica, Caras y Caretas) y archivos personales de otras figuras públicas vinculadas a Alvear”.

¿Por qué meterse entonces en esta suerte de pantano historiográfico?

Porque Alvear podría dejar de ser, de una vez por todas, un misterio para la historia (y los historiadores) de Argentina. Y porque quizás alguien debía posar la lupa sobre él, para volver a reflexionar sobre su desempeño como presidente de la Nación y como líder del radicalismo.

Retrato de Marcelo T. de Alvear como Presidente de la Nación | AGN

Retrato de Marcelo T. de Alvear como Presidente de la Nación | AGN

– ¿Qué particularidad tiene el estudio de un personaje como Alvear?

– Lo interesante de Alvear es que su vida pública se despliega en una Argentina muy diferente a aquella de su infancia y juventud. Hay que tener en cuenta que nació el año en que Sarmiento fue electo presidente (1868) y murió tres años antes del surgimiento del peronismo (1942). Por lo tanto, como figura pública y dirigente político, roles que por cierto ejerció con protagonismo pasados los cincuenta años, debió adaptarse a un país en constante mutación y metamorfosis.

– ¿Qué procesos de la Argentina atravesó?

– Cualquier experiencia de vida transcurrida en semejante escenario es interesante de ser reconstruida: la formación del Estado nacional, la democratización política abierta en 1912-1916 y su clausura en 1930, la inmigración y la diversificación de la sociedad, el crecimiento económico y la crisis de 1930, fueron fenómenos que Alvear vio y a muchos de los cuales tuvo que dar respuesta como dirigente político o presidente de la nación.

– En el libro se ven, además, algunos condimentos en torno a su vida.

– Claro, cosas que lo hacen aún más interesante: es un hombre de la elite inscripto en una fuerza política de arraigo popular, por la que llega a presidente de la Nación y de la que luego es su máximo dirigente; nace y crece en una holgada posición económica pero culmina su vida en una situación de importante declinación patrimonial. Por su origen social y su inscripción política, la vida de Alvear es muy reveladora para estudiar cómo pudieron vivirse e interpretarse los cambios que atravesó la Argentina entre la unificación nacional lograda en 1880 y el surgimiento del peronismo.

La casa en la que vivió Alvear durante buena parte de la década de 1920, en Belgrano | AGN

La casa en la que vivió Alvear durante buena parte de la década de 1920, en Belgrano | AGN

– ¿Qué relación tuvo con las dos figuras más importantes del radicalismo, Yrigoyen y Alem?

– Fue secretario de Alem en los primeros años de la década de 1890, y lo acompañó en giras proselitistas por el interior en ese momento. La relación con Yrigoyen, en cambio, fue bastante más larga, muy temprana y políticamente muy zigzagueante (aunque nunca se quebró). Tuvieron desencuentros y rivalidades, pero jamás una rupturadefinitiva.

– ¿Cómo se conocieron Alvear e Yrigoyen?

– Alvear conoció a Yrigoyen muy joven (era 16 años menor) en las revoluciones radicales de los años 1890. Un dato anecdótico refleja que su vínculo no fue sólo político: Alvear instruyó a Yrigoyen en las artes de la esgrima para el duelo que tuvo con Lisandro de la Torre en 1897 (y en el que Yrigoyen marcó la cara de De la Torre -razón por la cual, aparentemente, De la Torre usó barba desde entonces-). Más adelante, cuando el partido eligió la candidatura presidencial para las elecciones de 1916, Alvear respaldó a Yrigoyen, mientras que muchos de sus amigos apoyaron a su rival, Vicente Gallo. Ya presidente, Yrigoyen le ofreció a Alvear el ministerio de Guerra, y finalmente, ocupó la delegación argentina en París. Tuvieron desencuentros respecto a la incorporación de la Argentina a la Sociedad de las Naciones, pero a pesar de esto Yrigoyen apuntaló la candidatura de Alvear, respaldo que fue clave para que llegara a presidente de la nación.

Alvear saludando al público, al regresar por tercera vez en cuatro años al país, en octubre de 1934 | AGN

Alvear saludando al público, al regresar por tercera vez en cuatro años al país, en octubre de 1934 | AGN

– ¿Y cómo empezaron las discrepancias?

– Bueno, a partir de aquí se abrieron los frentes más tormentosos: Alvear alentó al antipersonalismo al inicio de su presidencia (el partido se fracturó en 1924), en parte porque advirtió intenciones de Yrigoyen de condicionar su gobierno. Sin embargo, Alvear desairó las expectativas antipersonalistas de que impidiera el regreso de Yrigoyen al poder, por ejemplo al no respaldar los proyectos de intervención a la provincia de Buenos Aires en 1925 y 1927.

Luego, Alvear, que estaba en París desde 1928, aprobó el golpe de estado de 1930, que derrocó a Yrigoyen. No obstante, volvió al país poco después, en abril de 1931, y se puso al frente de la reorganización del radicalismo. Y lo hizo incorporando a los sectores yrigoyenistas, contra las presiones antipersonalistas. Yrigoyen, a pesar del respaldo de Alvear a su derrocamiento, finalmente avaló la conducción partidaria de Alvear poco antes de morir. Y Alvear fue el principal orador en el sepelio de Yrigoyen en 1933. En suma, fue una relación política muy ambigua, pero evidentemente también muy profunda a nivel personal, que en parte explica que los desencuentros políticos no hayan culminado en un distanciamiento irreparable.

– ¿Cómo llegó a la presidencia de la Nación?

– Como decía antes, el respaldo de Yrigoyen fue clave para que llegara a presidente. Para Yrigoyen, era la figura idónea para evitar la fractura del partido. La oposición entre yrigoyenistas y antiyrigoyenistas no empezó en la década del 20, sino que tenía raíces desde el inicio del siglo XX. Alvear aparecía como un “justo medio”: alejado del país por su cargo diplomático en París, no estaba connotado como un yrigoyenista incondicional, pero tampoco tenía antecedentes antipersonalistas muy claros, a pesar de sus amistades en estos grupos. Yrigoyen también parece haber apostado a que era un personaje que, por su desconexión de la política local, y por el vínculo personal que los unía, podría ser controlado. Cuando Alvear advirtió estas intenciones, se abrió el conflicto que, como dije, lo condujo a recostarse inicialmente en los antipersonalistas.

Tapa del diario Crítica del 12/12/36 | Biblioteca Nacional - Hemeroteca

Tapa del diario Crítica del 12/12/36 | Biblioteca Nacional – Hemeroteca

– ¿Qué lugar ocupó en el radicalismo?

– En relación a su lugar en el radicalismo, puede decirse que Alvear, en algún punto, salvó al partido de la profunda crisis en la que se encontraba después del golpe de estado de 1930. Sin embargo, algunas decisiones que tomó durante ese período (fue presidente de la UCR desde 1931 hasta su muerte en 1942) fueron polémicas. Sobre todo, se cuestionó el regreso a la participación electoral en 1935, luego de cuatro años de abstención, decidida en 1931 cuando la dictadura de Uriburu vetó la fórmula radical, encabezada por el propio Alvear. En líneas generales, había bastante consenso en que era difícil que el partido sobreviviera si seguía al margen de la competencia electoral. La derrota en las elecciones presidenciales de 1937, signadas por el fraude, y en las que Alvear fue candidato, fueron un episodio clave para que se multiplicaran las críticas a la apuesta electoral, denunciada como una posición ingenua o claudicante, y que hasta entonces habían expresado agrupaciones como Forja (surgida en 1935).

– ¿Y de dónde sale la caracterización de “polémico”?

– Creo que el lugar esquivo o polémico que Alvear ha tenido en el radicalismo se funda principalmente en su respaldo al golpe de estado contra Yrigoyen. Las facetas o acciones que podrían revalidarlo (una presidencia próspera; la reorganización del partido en los años 30; su distanciamiento del antipersonalismo, en los 20 y en los 30; la cárcel y el exilio que sufrió durante los gobiernos de Uriburu y Justo; el hecho de que el propio Yrigoyen terminó avalando su conducción partidaria) no parecen suficientes frente a su posición ante el derrocamiento de Yrigoyen.

"Alvear en Mar del Plata. Un día de asueto del Presidente de la República", Caras y Caretas nº 1180, 12/02/27

“Alvear en Mar del Plata. Un día de asueto del Presidente de la República”, Caras y Caretas nº 1180, 12/02/27

– ¿Cómo compatibilizó su origen patricio con la raigambre popular del radicalismo?

– Es posible que su condición social haya generado prejuicios. Alvear parece incluso haberlo advertido, pues si bien construyó su figura pública resaltando su origen patricio lo hizo insistiendo en que esa procedencia implicaba una obligación con el bien común y la cosa pública, no privilegios. Más aún, fue bastante crítico con parte de su círculo social, al advertir la corrupción moral o política que veía en sus miembros. También es notorio que tuvo popularidad, en especial durante la primera mitad de la década de 1930. Pero aun así, y como escribió su secretario, hubo una distancia entre Alvear y “el pueblo” que nunca se enmendó completamente.

Artículo original, en Clarín.com

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