The Witcher, la saga del brujo creada por Andrzej Sapkowski que traerá oscuridad a las series de Netflix

Publicado en Clarín

En los cuentos fantásticos casi siempre hay un héroe que vive en un mundo oscuro y alguien que tiene que ser salvado. El que habita el brujo Geralt de Rivia está lleno de monstruos y de seres humanos que son a veces más horribles que las bestias. Pero ese lugar no necesita un héroe: necesita un profesional. Y Geralt es uno de los pocos que quedan.

Henry Cavill, quien hizo de Superman en 2013, será The Witcher el año que viene, en una superproducción que prepara Netflix, y que le dará vida al mundo fantástico que el polaco Andrzej Sapkowski escribió entre 1992 y 1999 en siete libros.

La saga tomó una popularidad inmensa a partir de 2007 por una serie de tres videojuegos, de los cuales el tercero, The Wild Hunt, es considerado uno de los mejores RPG de acción de la historia.

La saga del Brujo (Wiedźmin en el original polaco y The Witcher en inglés) es una ficción especulativa en tono adulto. Como tantos otros mundos fantásticos hay razas élficas, bestias y reinos. Y estos asesinos a sueldo que, más que proteger a los hombres, trabajan para ganarse la vida.

Los brujos pasan de chicos por una serie de mutaciones brutales que, entre otras cosas, los dejan estériles. Pero una vez superadas, en lo que se llama “la prueba de las hierbas”, adquieren habilidades sobrenaturales: una tremenda capacidad de concentración, mejores reflejos, ojos felinos para ver en zonas oscuras, fuerza y una agudización de los sentidos que les permite sentir lo que cualquier humano promedio no.

Muchos de ellos no sobreviven a este proceso. Pero Geralt no sólo lo superó, sino que “el lobo blanco” es una leyenda. Apodado el “carnicero de Blaviken”, es uno de los mejores profesionales de este mundo fantástico.

Andrzej Sapkowski, autor polaco que creó la Saga del Brujo. (Wojciech Koranowicz)

Andrzej Sapkowski, autor polaco que creó la Saga del Brujo. (Wojciech Koranowicz)

“Todo esto no es más que la transformación de un cuento de hadas clásico“, cuenta Sapkowski a Clarín.

La historia era algo desconocida fuera de Polonia y ciertas zonas de Europa hasta la llegada del videojuego, creado por CD Projekt RED. SU lanzamiento disparó el interés por el oscuro mundo de Geralt al punto que los libros empezaron a editarse y traducirse en todo el mundo.

En Argentina se conseguían sólo en comiquerías y lugares especializados. Ahora la saga está disponible de manera completa en las librerías (editada por Riverside).

Sapkowski, también llamado el J. R.R. Tolkien polaco, habló con Clarín para entender sus influencias, de dónde salió Geralt como personaje y la mitología que rodea a lo que muchos llamarán equivocadamente la próxima Game Of Thrones. Porque habría que ir reconociendo que el tono del universo de Sapkowski se ganó hace rato un lugar propio.

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Ummagumma, ese rastro de Pink Floyd que permite visitar el ecosistema Gilmour-Wright por un rato

I. And I’ve got a strong urge to fly

Ummagumma cae en una categoría siempre difícil de pensar: la de las bandas tributo. ¿Sonar como sonaba Pink Floyd, objetivo trunco desde el vamos? ¿Interpretarlos, bajo el riesgo que siempre conlleva interpretar? ¿Un mix de ambos? ¿Entretener a un público nostálgico de algo que no volverá, o hacerlo por diversión propia? ¿O será que las cosas funcionan cuando suceden ambas?

Tributar a Pink Floyd no es fácil. Tributar, en rigor, es difícil. Pero Ummagumma hace algo interesante. Llega al núcleo floydian de hacer sentir que cada nota es parte de un conjunto que es más que la suma de las partes.

En particular, si de la banda londinense se trata es tener un doble de Waters. Esa voz carrasposa, grave, que habla -y denuncia- más de lo que canta. Y es tener un doble de voz de Gilmour, que acaricia con un paño de seda cada nota que sale de su voz. Y un stunt de Richard Wright para esos colchones siderales de sintetizadores.

Federico Cassola (Ummagumma)

En realidad es tener dobles en todos los puestos, y tener uno de altísimo riesgo: el que se anime a estirar más trastes que lo normal para conseguir el sonido de la guitarra de Pink Floyd.

Todo eso es difícil de conseguir, pero con trabajo, técnica y azar -el tono en la voz se puede emular, pero hay algo del orden cosmológico que se cuela en una voz similar a otra- se puede. La clave de Ummagumma, y la principal razón para sentarse a escucharlos, pasa por otro lado.

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