Ummagumma, ese rastro de Pink Floyd que permite visitar el ecosistema Gilmour-Wright por un rato

I. And I’ve got a strong urge to fly

Ummagumma cae en una categoría siempre difícil de pensar: la de las bandas tributo. ¿Sonar como sonaba Pink Floyd, objetivo trunco desde el vamos? ¿Interpretarlos, bajo el riesgo que siempre conlleva interpretar? ¿Un mix de ambos? ¿Entretener a un público nostálgico de algo que no volverá, o hacerlo por diversión propia? ¿O será que las cosas funcionan cuando suceden ambas?

Tributar a Pink Floyd no es fácil. Tributar, en rigor, es difícil. Pero Ummagumma hace algo interesante. Llega al núcleo floydian de hacer sentir que cada nota es parte de un conjunto que es más que la suma de las partes.

En particular, si de la banda londinense se trata es tener un doble de Waters. Esa voz carrasposa, grave, que habla -y denuncia- más de lo que canta. Y es tener un doble de voz de Gilmour, que acaricia con un paño de seda cada nota que sale de su voz. Y un stunt de Richard Wright para esos colchones siderales de sintetizadores.

Federico Cassola (Ummagumma)

En realidad es tener dobles en todos los puestos, y tener uno de altísimo riesgo: el que se anime a estirar más trastes que lo normal para conseguir el sonido de la guitarra de Pink Floyd.

Todo eso es difícil de conseguir, pero con trabajo, técnica y azar -el tono en la voz se puede emular, pero hay algo del orden cosmológico que se cuela en una voz similar a otra- se puede. La clave de Ummagumma, y la principal razón para sentarse a escucharlos, pasa por otro lado.

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Weimar, o la crisis de los estados modernos

Abstract:

El presente ensayo trabaja un contrapunto entre la filosofía política de Thomas Hobbes y su clásico Leviatán como paradigma de lo que se entiende por Estado, y por el otro a un autor que estuvo inmerso en la República de Weimar: Carl Schmitt. Nuestro argumento intentará demostrar por qué, desde la perspectiva del jurista alemán, es tremendamente difícil pensar al período de Weimar como un “Estado”. Esto, en rigor, es síntoma del cambio de paradigma entre la estatalidad moderna y la estatalidad contemporánea a partir del advenimiento de la sociedad de masas.

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Revolución en Francia, reforma en Gran Bretaña: síntesis de las posturas parlamentarias a través del pensamiento antagónico de Hobbes y Locke

Abstract:

El presente trabajo pretende analizar hasta qué punto es posible sostener que las argumentaciones críticas acerca de la Revolución Francesa planteadas por Edmund Burke se acercan a una inflexión hobbesiana, mientras que aquellas favorables a dicho acontecimiento expuestas por Thomas Paine y otros panfletistas radicales reflejan más bien resonancias lockeanas.
Es a partir de una breve exploración historiográfica en primer lugar, y filosófica en segundo, que nos proponemos analizar los tiempos de la Inglaterra sacada de quicio por la revolución francesa. Defensores de la monarquía por un lado, intérpretes de las libertades individuales por otro: ¿qué moldes teóricos pueden explicar las discusiones parlamentarias de la Inglaterra del XVIII, y por qué los marcos conceptuales de Hobbes y Locke sirven para explicar las distintas posturas en el parlamento? ¿Por qué podemos sostener que sus modelos, lejos de ser congruentes, son más bien antagónicos? Más aún, ¿qué aportan ambos autores a la discusión, y por qué sus sistemas filosóficos son herramientas adecuadas para trabajar, entender y zanjar dichas diferencias?

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La insoportable liviandad de los conceptos

Padre. Madre. Familia. Género. Da todo lo mismo, cuando se trata de hablar en radio mainstream. Total, el que está del otro lado, abrazará el sentido común, hijo (¿o padre?) aristotélico por excelencia.

Sin muchas vueltas, las palabras de Jorge Lanta despertaron un gran revuelo en torno a la problemática del así llamado “género”. “Sos un trava con documento de mina, no sos una mina. Yo igual te voy a dar laburo, no te voy a discriminar, está todo bien. Pero en cuanto a Flor de la V, que le dan el documento y dice ‘soy madre’… Disculpame, no sos madre, sos padre”.

Más allá de toda la discusión en torno al género, para Jorge Lanata, si tenés un órgano reproductor masculino y lo usaste en tiempo y forma, sos “padre”. Con el mismo concepto, para una mujer, albergar a un bebé 9 meses en su vientre y luego parirlo, la hará “madre”.

Es decir, el lugar de madre o padre pasa, según Jorge, por la genitalidad. La genitalidad hace a la función de ser madre o padre.

Lanata te resuelve todo de un plumazo, simple, conciso y sin vueltas. Con una economía conceptual envidiable.

Quizás ya nos sacamos el siglo XX de encima, desde Levi Strauss hasta Lacan.

Avisen si es así, o si se trata de otra de las locuras del Rey Jorge.

Los pronunciamientos mexicanos del siglo XIX: con la mirada en el cielo de John Locke

Abstract:

Dentro de la filosofía política, el contractualismo de John Locke ha tenido un lugar fundamental para la tradición del pensamiento liberal occidental. El Ensayo sobre el gobierno civil parte a la tradición moderna en dos, dejando al quizás más célebre Thomas Hobbes en una vereda, y al pensador de la Revolución Gloriosa en la contraria. De un lado, la reivindicación de la soberanía absoluta por sobre los derechos individuales; del otro, una predominancia de los derechos individuales de la sociedad civil por sobre la estatalidad. Ahora bien, ¿por qué es tan importante el paradigma lockeano no sólo para la historia del pensamiento desde el siglo XVII en adelante, sino también para comprender una de las principales líneas sobre las cuales se fundamentaron las independencias hispanoamericanas? ¿Qué aportes brinda el pensamiento inglés a la tradición liberal que tuvo fuertes influencias sobre los turbulentos aconteceres latinoamericanos?

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El cristal de Cristina

Publicado en Bastión Digital

Pocas veces el Gobierno de Cristina Kirchner dio tantas señales de debilidad al mismo tiempo. Siempre inteligente, cauto y cuidadoso, el kirchnerismo supo demostrar a lo largo de esta década tener un excelente pulso para hacer eso que todos los gobiernos tienen que hacer en algún momento (aunque la oposición y el periodismo se rasguen las vestiduras): elegir oponentes, dar batallas y tejer estrategias para pulverizar al oponente.

Ahora, en cambio, el Gobierno se encuentra en un laberinto cuyas paredes, paradójicamente, fueron construidas por sí mismo. Entre los diagnósticos de finales prematuros que enuncian la oposición y el periodismo –fuertes expresiones de deseo- y la militancia ciega que antepone a la persona por sobre el proyecto político como dogma, hay ciertos grises. Grises que dejan ver una estrategia de gobernabilidad nueva dentro del kirchnerismo, eminentemente perjudicial para sus propios planes de gobernabilidad.

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Mitologías: La JP se formó desde abajo, La Cámpora desde arriba

Publicado en Bastión Digital

Cada vez que se pretende definir al peronismo, empiezan a gotear tramas interpretativas que quedan por fuera, escapan y se diseminan en sentidos que, aunque contradictorios, dan cuenta de (quizás) lo único que pueda decirse de modo unánime de este fenómeno sociopolítico: que es una identidad política crucial en la Argentina contemporánea. Tal vez esta obviedad sea el único punto de acuerdo de los distintos actores sociales que piensan al movimiento fundado por Perón, y que ha sido interpretado una y otra vez por las décadas que van desde 1940 hasta la actualidad.

Dentro de las aristas del peronismo hay una que tiene una particular importancia histórica: la del rol de la juventud dentro del movimiento peronista. Cristalizado por la Juventud Peronista en sus inicios y traducido en la actualidad en las “juventudes kirchneristas” con epicentro institucional en La Cámpora, este fenómeno ha sido reducido por los medios de comunicación a un pivote que funciona o bien como un encomio desmesurado, o bien como crítica dilapidante.

De allí que esta agrupación política haya estado, en gran medida, sobredimensionada por una oposición que encontró en ella un frontón discursivo, fundado en lo más básico del clientelismo burocrático. Y también, elogiada por el discutible presupuesto de que la juventud, por el mero hecho de ser juventud, eleve su status virtuoso a niveles inusitados.

Ahora bien: si repasamos los orígenes de la Juventud Peronista y establecemos un paralelo histórico con La Cámpora, sale a la luz una serie de diferencias que, lejos de inflar el indignómetro fundamentado en el oportunismo mediático, permite comprender históricamente por qué una y otra juventud portan una diferencia radical: una viene “de abajo”, la otra, “de arriba”. Como hipótesis de trabajo, hay allí un terreno fértil para pensar cómo, más allá de la existencia efectiva de una “juventud”, esta ha sido resignificada mitológicamente por las distintas coagulaciones históricas del peronismo.

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