Weimar, o la crisis de los estados modernos

Abstract:

El presente ensayo trabaja un contrapunto entre la filosofía política de Thomas Hobbes y su clásico Leviatán como paradigma de lo que se entiende por Estado, y por el otro a un autor que estuvo inmerso en la República de Weimar: Carl Schmitt. Nuestro argumento intentará demostrar por qué, desde la perspectiva del jurista alemán, es tremendamente difícil pensar al período de Weimar como un “Estado”. Esto, en rigor, es síntoma del cambio de paradigma entre la estatalidad moderna y la estatalidad contemporánea a partir del advenimiento de la sociedad de masas.

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Revolución en Francia, reforma en Gran Bretaña: síntesis de las posturas parlamentarias a través del pensamiento antagónico de Hobbes y Locke

Abstract:

El presente trabajo pretende analizar hasta qué punto es posible sostener que las argumentaciones críticas acerca de la Revolución Francesa planteadas por Edmund Burke se acercan a una inflexión hobbesiana, mientras que aquellas favorables a dicho acontecimiento expuestas por Thomas Paine y otros panfletistas radicales reflejan más bien resonancias lockeanas.
Es a partir de una breve exploración historiográfica en primer lugar, y filosófica en segundo, que nos proponemos analizar los tiempos de la Inglaterra sacada de quicio por la revolución francesa. Defensores de la monarquía por un lado, intérpretes de las libertades individuales por otro: ¿qué moldes teóricos pueden explicar las discusiones parlamentarias de la Inglaterra del XVIII, y por qué los marcos conceptuales de Hobbes y Locke sirven para explicar las distintas posturas en el parlamento? ¿Por qué podemos sostener que sus modelos, lejos de ser congruentes, son más bien antagónicos? Más aún, ¿qué aportan ambos autores a la discusión, y por qué sus sistemas filosóficos son herramientas adecuadas para trabajar, entender y zanjar dichas diferencias?

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La insoportable liviandad de los conceptos

Padre. Madre. Familia. Género. Da todo lo mismo, cuando se trata de hablar en radio mainstream. Total, el que está del otro lado, abrazará el sentido común, hijo (¿o padre?) aristotélico por excelencia.

Sin muchas vueltas, las palabras de Jorge Lanta despertaron un gran revuelo en torno a la problemática del así llamado “género”. “Sos un trava con documento de mina, no sos una mina. Yo igual te voy a dar laburo, no te voy a discriminar, está todo bien. Pero en cuanto a Flor de la V, que le dan el documento y dice ‘soy madre’… Disculpame, no sos madre, sos padre”.

Más allá de toda la discusión en torno al género, para Jorge Lanata, si tenés un órgano reproductor masculino y lo usaste en tiempo y forma, sos “padre”. Con el mismo concepto, para una mujer, albergar a un bebé 9 meses en su vientre y luego parirlo, la hará “madre”.

Es decir, el lugar de madre o padre pasa, según Jorge, por la genitalidad. La genitalidad hace a la función de ser madre o padre.

Lanata te resuelve todo de un plumazo, simple, conciso y sin vueltas. Con una economía conceptual envidiable.

Quizás ya nos sacamos el siglo XX de encima, desde Levi Strauss hasta Lacan.

Avisen si es así, o si se trata de otra de las locuras del Rey Jorge.

Los pronunciamientos mexicanos del siglo XIX: con la mirada en el cielo de John Locke

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Dentro de la filosofía política, el contractualismo de John Locke ha tenido un lugar fundamental para la tradición del pensamiento liberal occidental. El Ensayo sobre el gobierno civil parte a la tradición moderna en dos, dejando al quizás más célebre Thomas Hobbes en una vereda, y al pensador de la Revolución Gloriosa en la contraria. De un lado, la reivindicación de la soberanía absoluta por sobre los derechos individuales; del otro, una predominancia de los derechos individuales de la sociedad civil por sobre la estatalidad. Ahora bien, ¿por qué es tan importante el paradigma lockeano no sólo para la historia del pensamiento desde el siglo XVII en adelante, sino también para comprender una de las principales líneas sobre las cuales se fundamentaron las independencias hispanoamericanas? ¿Qué aportes brinda el pensamiento inglés a la tradición liberal que tuvo fuertes influencias sobre los turbulentos aconteceres latinoamericanos?

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El cristal de Cristina

Publicado en Bastión Digital

Pocas veces el Gobierno de Cristina Kirchner dio tantas señales de debilidad al mismo tiempo. Siempre inteligente, cauto y cuidadoso, el kirchnerismo supo demostrar a lo largo de esta década tener un excelente pulso para hacer eso que todos los gobiernos tienen que hacer en algún momento (aunque la oposición y el periodismo se rasguen las vestiduras): elegir oponentes, dar batallas y tejer estrategias para pulverizar al oponente.

Ahora, en cambio, el Gobierno se encuentra en un laberinto cuyas paredes, paradójicamente, fueron construidas por sí mismo. Entre los diagnósticos de finales prematuros que enuncian la oposición y el periodismo –fuertes expresiones de deseo- y la militancia ciega que antepone a la persona por sobre el proyecto político como dogma, hay ciertos grises. Grises que dejan ver una estrategia de gobernabilidad nueva dentro del kirchnerismo, eminentemente perjudicial para sus propios planes de gobernabilidad.

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Mitologías: La JP se formó desde abajo, La Cámpora desde arriba

Publicado en Bastión Digital

Cada vez que se pretende definir al peronismo, empiezan a gotear tramas interpretativas que quedan por fuera, escapan y se diseminan en sentidos que, aunque contradictorios, dan cuenta de (quizás) lo único que pueda decirse de modo unánime de este fenómeno sociopolítico: que es una identidad política crucial en la Argentina contemporánea. Tal vez esta obviedad sea el único punto de acuerdo de los distintos actores sociales que piensan al movimiento fundado por Perón, y que ha sido interpretado una y otra vez por las décadas que van desde 1940 hasta la actualidad.

Dentro de las aristas del peronismo hay una que tiene una particular importancia histórica: la del rol de la juventud dentro del movimiento peronista. Cristalizado por la Juventud Peronista en sus inicios y traducido en la actualidad en las “juventudes kirchneristas” con epicentro institucional en La Cámpora, este fenómeno ha sido reducido por los medios de comunicación a un pivote que funciona o bien como un encomio desmesurado, o bien como crítica dilapidante.

De allí que esta agrupación política haya estado, en gran medida, sobredimensionada por una oposición que encontró en ella un frontón discursivo, fundado en lo más básico del clientelismo burocrático. Y también, elogiada por el discutible presupuesto de que la juventud, por el mero hecho de ser juventud, eleve su status virtuoso a niveles inusitados.

Ahora bien: si repasamos los orígenes de la Juventud Peronista y establecemos un paralelo histórico con La Cámpora, sale a la luz una serie de diferencias que, lejos de inflar el indignómetro fundamentado en el oportunismo mediático, permite comprender históricamente por qué una y otra juventud portan una diferencia radical: una viene “de abajo”, la otra, “de arriba”. Como hipótesis de trabajo, hay allí un terreno fértil para pensar cómo, más allá de la existencia efectiva de una “juventud”, esta ha sido resignificada mitológicamente por las distintas coagulaciones históricas del peronismo.

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Legislativas 2013: entre las “horas finales”, el quórum propio y 2015

Tras las elecciones que terminaron de consagrar a Sergio Massa como el principal exponente del antikirchnerismo, tres puntos sobresalen a la hora de analizar estas elecciones de medio término que, ajustes post-PASO mediante, marcan algunos grises entre los dos extremos marcados por el oficialismo y la oposición. Entre decir que “el Frente para la Victoria es la mayor fuerza del país” y que “el kirchnerismo se está terminando” hay unos centímetros de diferencia. Estas propuestas fueron el hilo conductor de las interpretaciones que, tirando para un lado o para el otro, los medios de comunicación le aplicaron a los datos del escrutinio, a pesar de que, creemos, es en aquellos centímetros donde se juega lo más interesante.

1. Los números, las PASO y la distancia con 2009

En 2009, cuando Francisco De Narváez derrotó a Néstor Kirchner en aquellas legislativas, el ex presidente había sacado un 31.9 por ciento. Ahora, Martín Insaurralde, un ignoto intendente del conurbano, se quedó con un 32.18 por ciento. Si bien las PASO habían anticipado esta tendencia, los datos que resaltan aquí son dos: por un lado, el triunfo de Massa se debe a que ganó en donde hay que ganar, la Provincia de Buenos Aires. Ahí sí hay algo del orden de lo “aplastante”. Pero por el otro, la relatividad de tal triunfo si se mira el tablero desde más arriba.

Por eso la pregunta que el Frente para la Victoria debe hacerse es si realmente hizo una mala elección. Hace poco, Horacio Verbitsky decía que en las PASO, el oficialismo había hecho una buena elección, pero no se había dado cuenta. ¿Por qué? Martín Insaurralde es un candidato de segunda línea dentro del kirchnerismo, un intento cristinista por darle una lavada de cara a su partido con una figura joven, con una historia épica y sin casos de corrupción conocidos. Entonces, el dato a tener en cuenta es este: un candidato ignoto sacó más votos que Néstor Kirchner, el mismísimo fundador del llamado kirchnerismo.

Ahora bien, los medios oficialistas tironeaban para el lado de que el kirchnerismo sigue siendo la “primera fuerza nacional”. Pero lo que no decían es que poco importa ese dato en una legislativa si se pierde en la Provincia de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y demás distritos clave. Los medios opositores, por el contrario, resaltaban excluyentemente los resultados de la Provincia, sin mencionar cómo quedaba configurado el nuevo congreso y omitiendo un dato clave: el kirchnerismo sigue teniendo quórum propio en ambas cámaras. Ajustado, pero quórum al fin.

2. El “nuevo” Congreso

En Diputados (cámara que renovaba bancas en todo el país), el kirchnerismo consiguió 131 escaños. La línea de corte del quórum se encuentra en 129, por lo que tiene dos legisladores por encima de ella. En el Senado, tras la elección, perdió al único representante por la Ciudad de Buenos Aires (cedido a Pino Solanas), pero quedó con 40 legisladores que conforman un bloque de kirchneristas más aliados.

¿Cómo es, entonces, que aún perdiendo el kirchnerismo consigue mantener el control en ambas cámaras? La clave está en que la elección que “defendía” el oficialismo en estos comicios era la de 2009. En tanto esa fue una elección con resultados adversos en aquel año para las bancadas K, no era demasiado lo que ponía en juego ahora en 2013. Distinto será en 2015, donde el 54 por ciento que la Presidenta consiguió sí arrastró a una cantidad de legisladores mayor, y se verán en tela de juicio aquellas bancas secundadas por Aníbal Fernández en el Senado y Julián Domínguez en la cámara baja.

La pregunta es: ¿qué importa más, entonces? ¿Haber perdido la elección en el campo de la madre de todas las batallas, la complicada Provincia de Buenos Aires, o mantener el quórum propio en ambas cámaras? Si de gobernabilidad se trata, quizás esto segundo sea más relevante. Si pronosticar las horas finales del kirchnerismo es, en cambio, lo que se quiere hacer, seguramente lo primero sea más importante. Cada facción llevó, ayer, agua para su molino.

3. Dos mil quince

Las elecciones de medio término son vistas por la mayoría de los políticos de gran exposición como un trampolín a las presidenciales. En este marco, Mauricio Macri lanzó su candidatura, Massa prefirió ser más cauto, y algunos gobernadores  tiraron algunas señales.

El desafío del jefe de Gobierno porteño será, sin dudas, conformar un armado que exceda el discurso que sienta bien en terrenos capitalinos, pero no tiene cabida a nivel nacional. Difícil parece ser que su primo tenga aparato para armar que exceda la zona norte del conurbano. Y más difícil parece ser pensar en un acuerdo con Massa, porque lo (por ahora) inimaginable sería que uno de los dos no quisiera ser la cara visible.

Por el lado del kirchnerismo, mucho se habló de una modificación de la constitución nacional para permitir un tercer mandato. Pero esto fue más una expresión de deseo de algún dirigente trasnochado y con la lengua suelta (dirigent“a”, para ser más justos y precisos) que desde el funcionariado de primera línea nunca se llegó a mencionar. Las aspiraciones a una re-re fueron, más que nada una atribución que cierto sector de la oposición le asignó al kirchnerismo que, lento y perezoso, nunca se encargó de desmentir en primera persona (y le jugó muy en contra).

Enterrado este sueño, los nombres que suenan son poco conocidos para la sociedad en general, pero firmes caudillos para la interna peronista. Cierto es que el kirchnerismo se ha quedado sin nombres: Capitanich en Chaco. Urribarri en Entre Ríos (quien cuenta con el apoyo de Zanini, pero sólo lo conoce el 7% de la población). Urtubey en Salta: con apenas 44 años, suena fuerte y todavía puede ir por otro mandato en su provincia, también es muy poco conocido. No menos cierto es que en dos años un candidato se construye. Pero para eso tendrá el kirchnerismo que trabajar, y mucho (y no hacer la plancha como hizo desde 2011 par acá, dejándole el terreno a su ex jefe de Gabinete e intendente de Tigre que supo capitalizar ese margen).

Y Scioli. Fue, es y será una gran incógnita. ¿A favor? Siempre cae bien parado. Demostró que puede gobernar sin caja. Que puede hablar sin decir absolutamente nada.

Y en contra, no cuenta con el apoyo del núcleo duro del kirchnerismo, que lo resiste, lo mira con recelo y con la paciencia agotada.