Economía feminista: por qué las teorías económicas han sido machistas desde Adam Smith

Economía feminista: por qué las teorías económicas han sido machistas desde Adam Smith

Publicado en Clarín

La periodista Katerine Marçal cuenta que Adam Smith, fundador de la ciencia económica junto a David Ricardo, nunca se casó. Vivió siempre con su madre y, cuando se convirtió en director de aduanas en Edimburgo, ella se mudó con él. Entre sus postulados y teorías, entendía que si tenía un plato de comida era por el interés propio del carnicero, el panadero, el verdulero y demás proveedores que realizaban sus negocios. Pero nunca pensó en escribir sobre su mamá, que fue una persona fundamental que le preparó la cena todas las noches. Hubo, quizás, dentro de sus teorías y postulados, una economía sobre la que no teorizó: una “Economía feminista”.

“La economía como ciencia investiga sobre los precios y el mercado. Pero lo que no tiene precio queda fuera del marco de la economía. Y ahí es donde aparece un montón de trabajos que hacen las mujeres que no tienen precio”, dice a Clarín la economista Mercedes D’Alessandro, autora de “Economía feminista” (Sudamericana, 216 páginas, 289 pesos), un ensayo que presenta una gran cantidad de evidencia estadística para explicar y sostener cómo el pensamiento económico dejó de lado a las mujeres. Y por qué esto ha sido un error.

Sucede que, en política, ingresos salariales, universidades, empresas y demás, las mujeres son minoría. Y hay datos tanto como para sostener el estado de la cuestión como para explicar por qué es necesario revertirlo.

“Hay muchos intentos de medir el ‘precio’ del trabajo doméstico. Por ejemplo, la primera en hacerlo fue la intelectual Marilyn Waring a fines de los 80. Propuso estimar qué porcentaje del PBI podría significar el aporte que hacen las mujeres con ese tipo de trabajo. Un estudio actual sobre un conjunto de países muestra que sería entre un 10 y 39 por ciento del PBI”, cuenta D’Alessandro.

Lo que comenzó como un blog bautizado con un juego de palabras, “Economía femini(s)ta”, terminó por convertirse en un documentado diagnóstico de una situación preocupante. Y, también, de una serie de ideas para cambiar un escenario que la historia, la teoría económica y el tiempo naturalizaron, pero que (como toda naturalización) reclama ser cuestionada en busca de una sociedad más igualitaria.
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