Svetlana Allilúieva, la hija de Stalin que nunca pudo huir de la tragedia y del terror de su padre

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─Bueno, quizá no crea esto, pero soy la hija de Stalin.

Svetlana Iósifovna Allilúieva se presentó a las 7 de la tarde del 6 de marzo de 1967 en la embajada estadounidense en Nueva Delhi, India. Había ido a esparcir las cenizas de su marido indio y se la notaba calma: tenía muy en claro que no quería volver a la Unión Soviétca.

Quería desertar.

Una parte de su nombre indicaba “hija de Iósif”, que era como se llamaba Stalin, uno de los dictadores más grandes del siglo pasado. Así que Robert Rayle, el diplomático que recibía a los detractores, pensó que tal vez esa mujer no mentía. Pero también pensó que podía estar loca.

Si de verdad era la hija de Stalin, Rayle estaba frente a la realeza soviética. Y si encima era cierto que no quería regresar a su tierra, tenía enfrente un golpe durísimo para el orgullo enemigo. Y para Estados Unidos representaba una jugada letal en el tablero de la Guerra Fría.

Svetlana dejó atrás a sus 2 hijos y el 21 de abril de 1967 pisó suelo estadounidense. Se convirtió en la desertora más famosa del mundo.

Svetlana Allilúieva, la hija de Stalin que nunca pudo huir de la tragedia y del terror de su padre

Svetlana llega al aeropuerto JFK de Nueva York el 21 de abril de 1967. (Gentileza PRH)

 

Su vida fue un constante escape de la sombra de su padre. Criada en un Kremlin que la blindó de las hambrunas, las purgas y los gulags (campos de trabajo forzado rusos) rompió el silencio como escritora en los Estados Unidos con el texto Rusia, mi padre y yo.

Una sensación de abandono la acompañó toda la vida, desde cuando tenía 6 años y su madre se suicidó. Y de hecho perdió a todas las personas que amaba: 2 hermanos, tías y tíos y un novio al que Stalin mandó a Siberia. A pesar de que, hasta los 6 años, había tenido una tierna relación con su padre.

Svetlana Allilúieva, la hija de Stalin que nunca pudo huir de la tragedia y del terror de su padre

Svetlana y Stalin se mandaban cartas cuando ella era pequeña. (Gentileza PRH)

 

En Norteamérica siguió cosechando frustraciones, entre mudanzas constantes, malos matrimonios, nuevos exilios y una muerte en la pobreza.

La biógrafa canadiense Rosemary Sullivan tomó la historia trágica de Svetlana como símbolo: para demostrar el terror que Stalin desplegó sobre el pueblo soviético, incluyendo a su propia hija.

¿Cómo fue llevar semejante apellido? La autora, profesora emérita de la Universidad de Toronto, accedió a archivos de inteligencia tanto de la KGB como de la CIA, entre otros, para escribir La hija de Stalin (Debate, 544 páginas, 349 pesos). Y habló con Clarín sobre un libro que se publicó en 2015 y recién ahora se tradujo al español.

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Historia de la marihuana: de los pies del Himalaya a las manos de Manuel Belgrano

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Historia de la marihuana: de los pies del Himalaya a las manos de Manuel BelgranoLos tabúes que despierta la marihuana mantuvieron al “Señor X” en el anonimato durante 28 años. Había confesado, en un libro de historias cannábicas del psiquiatra Lester Grinspoon, su amor por la planta que “despierta la sensibilidad adormecida”. Recién en 1999, cuando ya habían pasado 3 años del cáncer terminal que lo fulminó, Grinspoon confesó la identidad de “X”: se trataba del astrofísico Carl Sagan, inmortalizado en la serie “Cosmos”.

La anécdota está contada en Marihuana (Editorial Planeta, 432 páginas, 439 pesos), del periodista Fernando Soriano, que repasa la relación entre el hombre y el cannabis en una historia social. Una reconstrucción que va desde aquellos primeros brotes a los pies del Himalaya a su uso como planta sagrada, pasando por los tempranos cultivos en la pampa húmeda que Manuel Belgranoquiso impulsar -y a los que les dedicó dos escritos-, hasta llegar a ser una sustancia prohibida que se consume por “criminales”.

Historia de la marihuana: de los pies del Himalaya a las manos de Manuel Belgrano

Carl Sagan, en 1990: ícono de la astronomía y la divulgación científica | AP

“Después de muchos años de trabajo maduré la idea de que existe un agujero negro sobre este tema: que gran parte de la sociedad (y eso incluye funcionarios del Estado, legisladores, policías y medios de comunicación) piensa desde una base de prejuicio y desinformación y también hipocresía”, cuenta Soriano a Clarín. Usuario de marihuana desde joven, apunta a los argumentos en contra: “No tienen demasiado sustento si los comparamos con el negocio del alcohol, el tabaco y los psicofármacos, las drogas permitidas y más consumidas”.

Lo que empezó como una inquietud, va en el libro mucho más allá. Hay un camino trazado que arranca con el registro de los primeros usos de la planta cannabis sativa durante el Neolítico (3500 a.C.), sigue con la semilla plantada durante la Revolución de Mayo con Belgrano, las discusiones por su legalización en la revista de los 80 El Porteño, la guerra en su contra de López Regaen 1973 copiada del expresidente de Estados Unidos Richard Nixon y la ley de cannabis medicinal aprobada a fines del último marzo. Y también está, claro, el porro que se fumaron Bob Dylan y los Beatles, que “cambió la cultura pop para siempre”.

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La trágica vida de Leandro N. Alem: por qué la historia lo olvidó

Alem con boina y cinta de la Unión Cívica. Litografía de El Mosquito del 17 de agosto de 1890. Biblioteca Nacional. Buenos Aires.

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“La libertad necesita ser conquistada y conservada por la conducta digna y perseverante del mismo pueblo”
Leandro N. Alem

Fue el padre de uno de los partidos más importantes de la Argentina. Encabezó una revolución contra un gobierno constitucional y se erigió como un caudillo que dirigió a una juventud cansada del orden conservador del roquismo. Aunque con el pasar de la historia su propio partido se convirtió en crítico del caudillismo y los personalismos, en los orígenes estuvo él, que no tenía problemas en arreglar las cosas a los tiros si la coyuntura así se lo demandaba: Leandro N. Alem, un “profeta” republicano que le dio su vida a la Argentina hasta que gatilló un tiro sobre su propia sien.

El fundador de la UCR no es una figura muy recordada en la maniquea historia argentina. Sin embargo, sus ideas, junto con su vida, son un engranaje importante de la transición del siglo XIX al XX. Denostaba a Julio Argentino Roca y Carlos Pellegrini por ser parte de “un régimen nefasto”, contraponiendo sus avanzadas ideas sobre cimientos republicanos y federales: quería una Argentina descentralizada de Buenos Aires. “La sana aplicación del sistema federal que la Constitución consagraba contribuiría al desarrollo de todas las provincias según Alem”, explica el historiador Miguel Ángel de Marco en una biografía que salió a la venta este mes (Planeta | Historia | 285 pesos). Alem predijo como un profeta los problemas que la concentración porteña ocasionarían en el país.

Se trata de un personaje poco explorado por los historiadores. Menos aún en biografías. Sucede que además de su pensamiento político, un enigma recorre la existencia de Leandro N. Alem: el de la desgracia personal. El sacrificio, la participación en la guerra del Paraguay, un amor no correspondido y la pobreza terminaron por cristalizarse en el infortunio de su trágico suicidio del 1 de julio de 1896.

Lee más: El libro que cuenta la triste resistencia indígena durante la Conquista del desierto

Alem desarrolló un pensamiento precursor al interior de la Unión Cívica Radical, creación suya tras la ruptura con la Unión Cívica: “De Alem queda para la posteridad el ejemplo de su compromiso con la República; de Yrigoyen, además de ese compromiso, una definida inclinación hacia la participación popular en la vida cívica“, sentencia De Marco, en una síntesis de la génesis del radicalismo que brilla por su claridad.

Aquí, el historiador y miembro de la Academia Nacional de Historia repasa algunos conceptos de “Alem: caudillo popular, profeta de la república”.

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El libro que cuenta la triste resistencia indígena durante la Conquista del desierto

Fuente: Archivo General de la Nación

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“¿Lograremos exterminar los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar”
Domingo Faustino Sarmiento

La conquista del desierto, ese complejo proceso histórico que atravesó la Argentina en el siglo XIX, sigue generando controversias. Desde el mismo nombre, hablar de desierto hace pensar en un territorio vacío que fue ocupado por el ejército de Juan Manuel de Rosas desde 1833 en adelante. Sin embargo, una gran cantidad de estudios historiográficos demuestran hoy que quienes forjaron el Estado nacional, con Julio Argentino Roca como su máximo exponente, no sentaron las bases argentinas sobre tierras vírgenes, sino sobre sangre indígena.

“Una guerra infame” recupera los sucesos ocurridos en aquella primitiva argentina que poco sabía de instituciones. Traducida a “una guerra entre dos contendientes muy desiguales”, la conquista del desierto es analizada por el periodista Andrés Bonatti y el historiador Javier Valdez en una obra que intenta sopesar el debe y el haber de las batallas colonizadoras.

Con un marcado hincapié en el consenso de la época, los autores no dejan de lado las motivaciones y los juegos políticos en torno al reparto de 500.000 kilómetros cuadrados, los miles de muertos y refugiados que las distintas campañas ocasionaron. Y tampoco la resistencia, siempre presente en las ocupaciones criollas. Aquí, los autores cuentan algunos resultados de su investigación, una conmovedora historia que se torna central para entender los cimientos de nuestra Argentina.

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El Belgrano de Halperin Donghi: un enigma

Histórico | Siglo XXI Editores | 144 páginasPublicado en Yahoo Noticias

El presente texto es el prólogo del nuevo libro “El enigma Belgrano”, de Tulio Halperin Donghi (Siglo XXI Editores)

Por Marcela Ternavasio (Doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires)

Prologar este libro es, sin duda, una tarea difícil no sólo por el encumbrado lugar que su autor ocupa en el campo historiográfico sino por la naturaleza misma de su contenido, estructurado –como indica el título– a partir de un enigma. Puesto que no querría privar al lector de la creciente curiosidad que experimenté al avanzar en estas apasionantes páginas, ni menos aún develar la clave del enigma, esta breve presentación se propone como una modesta puerta de entrada a un Belgrano diferente al que estamos habituados a encontrar en los textos de historia. Se trata, como sabemos, de uno de los personajes más “narrados” de nuestra historiografía. El Instituto Nacional Belgraniano contabilizó en 1998 alrededor de mil ochocientos títulos que seguramente no agotaban la producción existente hasta ese momento sobre su trayectoria. Se trata, además, del nombre más emblemático de la “nacionalidad argentina”, identificado en la conciencia pública como símbolo de virtudes cívicas, de entrega a la patria, de renuncia a sus privilegios de cuna, de temple frente a las victorias y también frente a las derrotas. Un nombre que, como nos recuerda el autor, nunca fue cuestionado.

Sin embargo, el Belgrano que nos presenta Halperin es diferente. Y lo es porque, ante la pregunta –que orienta todo el libro– acerca de qué razones explican que ocupe ese lugar de excepción, nunca impugnado, en el Panteón de Padres de la Patria, se despliegan argumentos no transitados por sucesivas generaciones de historiadores, dispuestas en todo momento a discutir la legitimidad de quienes habitan dicho Panteón. La naturalización de la respuesta siempre complaciente a esa pregunta es, precisamente, lo que se formula aquí en clave de enigma.

Si bien nuestra historia patria está jalonada por “enigmas clásicos”, como el que representa Juan Manuel de Rosas en el Facundo de Sarmiento o el que encarna San Martín en la célebre entrevista que mantuvo con Bolívar en Guayaquil, el que se plantea en esta oportunidad es novedoso por varios motivos. En primer lugar, por el íntimo vínculo trazado entre la historia del personaje, el destino que le asignó la memoria colectiva argentina y las inquietudes que impulsaron al autor a encarar –luego de más de tres décadas de habérselo propuesto– la trayectoria de quien fue inmortalizado como el creador de la bandera nacional. En segundo lugar, por las dimensiones que Halperin escoge para explorarlo: la dinámica interna de su familia, el papel y las expectativas que sus padres depositaron en él y el modo en que ese hijo internalizó, actuó y mantuvo vivo el mandato parental ocupa un sitio central en esta obra. En tercer lugar, por la forma en que organiza la trama para descifrar finalmente el enigma Belgrano.

Puesto que no se trata de una biografía, el autor selecciona sólo algunos momentos de la vida de Manuel Belgrano y los entrelaza gracias a un meticuloso análisis de fuentes y testimonios en que dialogan diversas memorias y voces. Así, no deberá sorprender al lector que la voz del protagonista aparezca tardíamente en el texto, anticipada por fragmentos de la imagen que de él nos transmitió el general José María Paz en sus Memorias y de la que luego consagró Bartolomé Mitre en Historia de Belgrano y de la independencia argentina. Tampoco debe sorprender que en este universo familiar esa voz se haga esperar para sumarse a una fascinante red epistolar en que sólo después de que tomase la palabra su hermano mayor, con misivas que lo ponen en diálogo con sus padres y otros interlocutores, aparece en 1790 la de Manuel, ya trasladado a España para seguir sus estudios en Leyes. Y si no debe causar sorpresa que Halperin saque a luz los lazos entre memorias construidas ex post y testimonios contemporáneos a los episodios narrados, ni que realice un largo rodeo por el entorno familiar del personaje, es porque allí comienza a desplegarse la clave del enigma que, como afirma el autor, “debemos buscarla en el mismo Belgrano”.

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Cuando el periodismo entra en crisis: la aparición de “quinto poder”

“Los periodistas que tienen esa perspectiva anacrónica sobreactúan una heroicidad antigubernamental y antiestatal, espectacularizando la lógica de la denuncia, mientras el verdadero poder está en la corporación económica que le paga el sueldo todos los meses”, explica Dante Palma. El filósofo, docente de la Universidad de Buenos Aires y columnista del programa 678 analiza el rol de un “quinto poder”, llamado a cuestionar no sólo al Gobierno de turno, sino también al periodismo que se llama a sí mismo objetivo y neutral.

Activo usuario de las redes sociales, pero crítico también de ellas, Dante retoma el concepto de “quinto poder” del periodista y semiólogo Ignacio Ramonet, exdirector de Le Monde diplomatique, para hablar del “ocaso del periodismo”. ¿De qué se trata este fenómeno? ¿En qué estado se encuentra hoy la profesión que se encarga de dar a conocer lo que sucede a la sociedad? ¿Qué es la contradictoria “censura democrática”? ¿No incurre 678 en el mismo tipo de argumentaciones que el programa critica? Aquí, Dante Palma cuenta de qué se trata el nuevo lanzamiento, y cómo el periodismo tal y como lo conocemos ya ha cambiado para siempre.

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“Nadie quedó a salvo de la crueldad, el oscurantismo y la demencia de la dictadura”

El Enano, como le decían sus amigos Lennon, Tony y Chiche, tenían en mente una cuestión muy clara: el mundo se había echado a andar por carriles equivocados. Los de la desigualdad, la injusticia y la inequidad. Y no se iban a quedar con los brazos cruzados: “Teníamos la certeza absoluta de que estaba viviendo un momento único, una situación política que difícilmente iba a repetirse”, explica Echagüe.

El relato de “Pibes” es crudísimo: pocos libros cuentan en detalle la forma en la que los jóvenes militantes ligados a Montoneros vivieron la experiencia revolucionaria de una de las décadas de más conmoción política de la historia argentina. Y en primera persona: Echagüe volvió de su exilio en 1984 y desarrolló una labor periodística en medios como Perfil, Página 12, la revista Humor, además de los libros más venidos de investigación de la década del 90.

Pero tenía una cuenta pendiente: contarlo todo. Desde la tremenda depresión que sólo la soledad del exilio puede dar, hasta infantiles sanciones de Montoneros a sus militantes. Aquí, Echagüe cuenta un poco esta suerte de resaca emocional, con la prudente distancia que más de 40 años pueden aportarle a una de las heridas más grandes que la historia nacional haya conocido.

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La historia de la droga más popular de la historia: el café

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“Soy un drogadicto. Tomo diez cafés por día”, cuenta Nicolás Artusi, periodista y sommelier de café. El hombre que guarda en una carpeta las etiquetas de todos los cafés que bebe acaba de sacar una imperdible historia sobre esta bebida, “pieza fundamental en los cambios culturales más importantes de la modernidad”. ¿Por qué ha tenido un lugar central en los últimos diez siglos de historia?

“El café fue el combustible que animó la revolución francesa, el iluminismo, la independencia estadounidense o la libertad de Haití”, explica Artusi. Y sucede que siempre, allí, hubo una taza de la infusión de este grano, salido de una baya oscura, que primero se comía y luego comenzó a beberse.

Pero, como todo, tiene también detractores: la cafeína genera controversias en torno a sus efectos. Aunque no falta siempre algún estudio reciente que afirma que estimula los sentidos y resalta sus cualidades antidepresivas, muchos argumentan que son más bien nocivas las consecuencias que produce en cuerpo y mente.

Aquí, el periodista reconstruye cómo fue que “tomar un café” pasó de ser un momento más del día, a un ritual incluso maniático para algunas personas: Ludwig van Beethoven lo hervía  en una jarra de vidrio con sesenta granos, ni uno más ni uno menos. Otros exigen hoy una espuma de tres milímetros por sobre el oscuro líquido. Y otros, como Artusi, lo toman en todas sus formas, variedades y colores para hacer una crítica detallada y, sobre todo, crear una cultura del café. Aquí, cuenta un poco los hitos de esta bebida, su actualidad y la eterna rivalidad con el té.

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El caudillo de la pluma: el libro que recomendó leer la Presidenta

Sudamericana | Historia | 352 páginas | 109 pesos

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El historiador Diego Valenzuela se sorprendió: nunca pensó que Cristina Fernández de Kirchner iba a aparecer en cadena nacional con el libro “Sarmiento periodista” bajo el brazo. Lo cierto es que la obra, escrita junto a Mercedes Sanguineti, indaga en uno de los tantos aspectos que el pensador, estadista, presidente y formador argentino tuvo.

Alejados de la dicotomía que lo lee desde una perspectiva revisionista para negarle reconocimiento, y del constante halago que se le hace desde la vereda de enfrente, Valenzuela y Sanguineti construyeron un libro sólido: el contexto histórico, político y cultural ayuda a comprender lo distinta que era la prensa del siglo XIX, cuando la Argentina construía los cimientos de la  Nación. Los análisis de las intervenciones periodísticas de Sarmiento signan uno de los objetivos principales del libro que, además, contiene valiosas reproducciones documentales que reflejan su pensamiento.

Aquí, Valenzuela repasa algunos conceptos sobre el libro, la época y la obra periodística de quien fue en parte fundador de la Generación del ’37. Y por supuesto, nos habló de la mención que hizo Cristina Kirchner en la cadena nacional. ¿Por qué recomendó el libro?

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Las historias de Galeano, el punto más alto de la Feria del Libro

Galeano1Publicado en Yahoo Noticias

“Los científicos dicen que estamos hechos de átomos. Yo creo que estamos hechos de historias”
, sentenció. Con su inconfundible tono de voz, grave pero cálido y envolvente, el escritor Eduardo Galeano cautivó a cientos de personas ayer por la tarde en la Sala José Hernández de la Feria del Libro.

La excusa fue la presentación de “Los hijos de los días” (Siglo XXI Editores), que reúne una historia por cada día del año, sumando un total de 366 (el 29 de febrero no podía quedar afuera). La sala tiene capacidad para 850 personas y estaba colmada, con gente de pie. Una cantidad impresionante de personas que no entraron tuvieron su consuelo: una pantalla fuera de la sala para que, frío y paciencia mediante, la gente pudiera escucharlo.

“Y los días se echaron a andar. De cada día brota una historia, voy a contar algunas”, dijo Galeano. Sin más, acá compartimos las que, consideramos, fueron las perlitas de la noche.

Mayo 28. Oswiecim.

En el día de hoy del año 2006, el Papa Benedicto, sumo Pontífice de la Iglesia Católica, paseó en los jardines en la ciudad que se llama, en lengua polaca Oswiecim. A cierta altura del paseo, el paisaje cambió. En lengua almena, la ciudad de Oswiecim, se llama Auschwitz. Y en Auschwitz, el Papa habló. Desde la fábrica de muerte más famosa del mundo, preguntó: “Y Dios, ¿dónde estaba?”. Y nadie le informó que Dios nunca había cambiado de domicilio. Y preguntó: “¿Por qué Dios se quedó callado?” Y nadie le aclaró que quien se había quedado callada, era la Iglesia. Su Iglesia, que en nombre de dios hablaba.

Octubre, 14. Derrota para la civilización.

En el año 2002 cerraron sus puertas los 8 restaurantes de Mc Donald’s en Bolivia. Apenas cinco años había durado esta afición civilizatoria. Nadie la prohibió, simplemente ocurrió que los bolivianos le dieron la espalda. O mejor dicho, se negaron a darle la boca. Estos ingratos se negaban a reconocer el gesto de la empresa más exitosa del planeta que, desinteresadamente, honraba al país con su presencia. El amor al atraso impidió que Bolivia se pusiera al día con la comida chatarra y los vertiginosos ritmos de la vida moderna. Las empanadas caseras derrotaron al progreso. Los bolivianos siguen comiendo sin apuro en lentas ceremonias, tozudamente apegados a los antiguos sabores nacidos en el fogón familiar. Se ha ido, para nunca más volver, la empres que en el mundo entero se dedica a dar felicidad a los niños, echar a los trabajadores que se sindicalizan y  a multiplicar a los gordos.

Eduardo Galeano en la Feria del Libro de Buenos Aires (Fotos: Télam)

Junio, 5. La naturaleza no es muda.

La realidad pinta naturalezas muertas. Las catástrofes se llaman “naturales”, como si la naturaleza fuera el verdugo y no la víctima. Mientras el clima se vuelve loco de remate, y nosotros también. Hoy es el día del medio ambiente, hoy junio 5. Un buen día para celebrar la nueva constitución de Ecuador, que en el año 2008, por primera vez en la historia del mundo, reconoció la naturaleza como sujeto de derecho. Suena raro esto de que la naturaleza tenga derechos, como si fuera persona. En cambio, suena de lo más normal que las grandes empresas de los Estados Unidos tengan derechos humanos, y tienen derechos humanos por decisión de la Suprema Corte de Justicia, desde 1886. Si la naturaleza fuera banco, ya la habrían salvado.

Octubre, 12. El descubrimiento.

En 1492, los nativos descubrieron que eran indios. Descubrieron que vivían en América. Descubrieron que estaban desnudos. Descubrieron que existía el pecado. Descubrieron que debían obediencia a un rey y una reina de otro mundo, y a un Dios de otro cielo. Y que ese Dios había inventado la culpa y el vestido. Y había mandado que fuera quemado vivo quien adoraba al Sol y a la Luna, a la Tierra y a la lluvia que la moja.

Enero, 26. Segunda fundación de Bolivia.

En el día de hoy del año 2009, el plebiscito popular dijo “sí” a la nueva constitución propuesta por el presidente Evo Morales. Hasta ese día, los indios no eran hijos de Bolivia: eran su mano de obra. Allá por 1825, la primera constitución de Bolivia había la ciudadanía al tres o cuatro por ciento de la población. ¿Los demás? Niños, mujeres, pobres, analfabetos, no fueron invitados a la fiesta. Para muchos periodistas extranjeros, Bolivia es un país ingobernable, incomprensible, intratable, inviable. Se equivocan de “in”. Deberían confesar que Bolivia es, para ellos, un país invisible. Y eso nada tiene de raro. Hasta el día de hoy, enero 26, hasta el día de hoy del año 2009, también Bolivia había sido un país ciego de sí.

Octubre, 8. Para hablar de otros indignados.

En 1967, 1.700 soldados acorralaron al Che Guevara y a sus poquitos guerrilleros en Bolivia, en la Quebrada del Yuro. El Che, prisionero, fue asesinado al día siguiente. En 1919, Emiliano Zapata había sido acribillado en México. En 1934, mataron a Augusto César Sandino en Nicaragua. Los tres tenían la misma trama. Estaban por cumplir 40 años. Los tres cayeron a balazos, a traición, en emboscadas. Los tres, latinoamericanos del siglo XX partieron el mapa y el tiempo. Y los tres fueron castigados por negarse a repetir la historia.

Artículo original, en Yahoo Noticias