Sarmiento, protagonista de la primera grieta de la historia argentina

El gaucho Martín Fierro.

Publicado en Clarín

“¿Qué habría pasado si en vez de elegir el Martín Fierro de José Hernández como nuestro libro nacional hubiésemos elegido el Facundo de Sarmiento? ¿Habría tomado otro curso la historia?” Con estas preguntas, Carlos Gamerro retrotrae el debate sobre el libro que mejor representa a los argentinos, una herida jamás cerrada para el narcisismo literario nacional. La discusión, que tuvo su punto más alto luego de los festejos del centenario, coronó en 1913 al Martín Fierro, y dejó al Facundo en un segundo lugar. La barbarie, pues, le arrebató para muchos los sueños civilizatorios a la Generación del 37.

En una revisión de esta famosa antinomia, la de civilización-barbarie, el novelista y ensayista expone por qué las tensiones entre uno y otro modelo de país han funcionado para explicar no sólo la literatura nacional, sino también los éxitos y fracasos de la Argentina: “Se trata también de ver cómo se leen ciertos textos y, sobre todo textos fundantes de la realidad: porque es sobre todo en estas lecturas que podemos medir cómo han impactado en nuestra realidad”, explica a Clarín.

Gamerro, quien es especialista en el Ulises de Joyce -publicó una extraordinaria guía de lectura de este clásico de la literatura universal, un verdadero microcosmos-, también se aventuró en las letras argentinas y llevó las dicotomías a su máxima tensión. En las páginas de “Facundo o Martín Fierro: los libros que inventaron la Argentina” (Sudamericana, 279 pesos) hay no sólo un repaso de los principales enfrentamientos entre Sarmiento y Rosas, sino una puntillosa genealogía de lo que la obra de José Hernández deja ver en sus versos. El libro termina siendo una guía para comprender los debates literarios, de la mano de las plumas más ilustres que la Argentina supo dar. Pero también es un mapa de la argentina del siglo XIX y del XX.

Aquí, el autor cuenta su propuesta. “Desde Esteban Echeverría y Lucio V. Mansilla hasta Julio Cortázar, Roberto Arlt, Manuel Puig, Juan José Saer y Rodolfo Fogwill”, Gamerro pone sobre la mesa la identidad nacional a partir de los textos canónicos que la definieron.

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En media hora… la muerte: la tortura de “morir” todos los días

Publicado en Yahoo Noticias

Francisco Martín Moreno escribió 24 libros que tienen que ver con la historia de México, su país de origen. Caracterizado por hacer descripciones que exceden la superficialidad de los hechos -y por incomodar fuertemente a más de un sector de la sociedad mexicana-, se pasó su vida en bibliotecas para reconstruir tanto la historia precolombina de su país, como     lo que la conquista española le dejó como herencia a los mexicanos. Pero esta vez, le tocó contar la historia más difícil de todas: poco antes de morir, su tío Claus le dijo que le iba a hablar sobre su “verdadera” historia: Moreno no tenía ni idea, pero en sus orígenes había un ocultamiento que lo llevó a investigar sus propias raíces durante siete años.

“Tu verdadero nombre es Francisco Martín Moreno Bielschowsky”, le dijo el hermano de su madre, a tres semanas de morir. Hijo de padre refugiado de la guerra civil española y una madre que huyó de Auschwitz, Moreno descubrió sus raíces judías recién cerca de sus 60 años. ¿La razón? El ocultamiento identitario de su madre, que tenía terror a ser perseguida.

Moreno trabajó en las bibliotecas y hemerotecas de México para armar este rompecabezas que, más allá de su historia personal, es una verdadera bildungrosman: palabra que usan –casualmente- los alemanes para las “novelas de aprendizaje”, donde los personajes van atravesando vivencias que dejan tras de sí la estela de la historia.

Estuvo en Alemania, España, Marruecos, Israel. “Traté de hacer un libro equilibrado, no quería pura tragedia. Era importante contar otras historias”, explica Moreno. El libro es, también, eso: una anécdota atrás de otra, algunas realmente muy divertidas. “Voy poniendo caramelitos, para que el lector no se lleve un sabor amargo con la lectura”, cuenta.

Siete años le tomó escribir el libro. Y no pudo hacerlo de un saque: tuvo mareos, ataques de pánico, y malestares de todo tipo. El cuerpo le hablaba, y él todavía no puede hablar de Auschwitz sin que se le erice la piel. “Tenía que terminar el libro, porque se lo había prometido a mi tío Claus, que murió a las tres semanas de contarme la historia”, explica. Aquí, Moreno cuenta un poco sobre su nuevo libro, una historia que merecía ser contada y que vale la pena ser leída.

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El lado más humano de los escritores argentinos

Históricos | Sudamericana | 400 págians | 119 pesos

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“El Aleph” de Borges está dedicado a Estela Canto. Muchas son las interpretaciones que los lectores le han dado a este gesto, entre ellas, que es un tributo a la Divina Comedia de Dante Alighieri (el poema épico está dividido en “cantos”). Pero quizás no haya que darle muchas vueltas a la cuestión: Estela Canto fue una mujer que conquistó el corazón de Borges.

Pero si revolvemos un poco el pasado, hay más. Para Bioy, Estela Canto fue un amor de verano. Para Borges, esa mujer fue mucho más.

Lo cierto es que los escritores más famosos del país han tenido historias de amores increíbles. Daniel Balmaceda, periodista e historiador que siempre le encuentra una vuelta de tuerca al arte de revisar y acomodar el pasado, juntó información suficiente para contar algunos relatos románticos de las plumas más ilustres del país.

Así, Leopoldo Lugones, Jorge Luis Borges, Victoria y Silvina Ocampo, Alfonsina Storni, Macedonio Fernández, Roberto Arlt, Adolfo Bioy Casares, Oliverio Girondo, Manuel Mujica Lainez, Silvina Bullrich y Ernesto Sabato se ven envueltos en enredos, profundos estados de enamoramiento, decepciones y traiciones.

Pero también algunas figuras extranjeras, como el francés Antoine de Saint-Exupéry, autor del Principito, vivió un romance con un beso en las alturas, en la Ciudad de Buenos Aires. Pablo Neruda, poeta chileno, se mandó cartas de amor que son verdaderas obras de arte.

Aquí, Balmaceda cuenta un poco de qué trata el libro, con qué documentos y pistas dentro de la obra de los autores trabaja y nos adelanta algunos cruces amorosos de película.

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No tienen prisa las palabras”, un deleite de aforismos y reflexiones

Ensayo | Editorial Candaya | 160 páginas

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Carlos Skliar es educador. O filósofo. O poeta. Y se encarga de borrar los límites entre una cosa y la otra. En su último libro, el autor despliega reflexiones, apreciaciones y pensamientos sobre algo que a muchos les debe haber pasado: la percepción de lo extraño que ocurre en otras ciudades distintas a las de uno.

¿Cómo escribió esta obra? Paseando por Barcelona. “Tomo notas, como otros toman aire o toman té o toman lo que no les corresponde. Cada uno se agarra al mundo, y se desgarra, con los gestos que puede pero de hacerlo no tanto al estilo del periodista o del cientista social, sino más bien como un modo de inscripción en el cuerpo”, explica. Y decía el filósofo francés Gilles Deleuze que la filosofía se trataba de crear conceptos. Será por esto, quizás, que Skliar hable de “sensamientos”, porque no le alcance ni el sentimiento ni el pensamiento escindidos para pensar su modo de escritura.

“No tienen prisa las palabras” reflexiona sobre lo más cotidiano, pero de un modo “extrañado”: “El anciano que pide más memoria en una tienda de equipos de fotografía; la niña que juega al escondite con una mujer extraviada; los niños que ríen sin saber de qué; la muchacha que corre por la calle y da tema de conversación a todos los jubilados del barrio”, cuenta Skliar.

Lo más interesante puede ser, además de deleitarse con sus aforismos, que es un libro “sobre cualquiera”: “Creo que es la ‘cualquieridad’ lo que posibilita un pensamiento de lo singular: somos cualquiera y es la relación entre cualesquiera la que dio vida a esta escritura y a este libro”.

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